Luis Alberto Crespo: La nostalgia es lo que conduce al ser humano en todas las cosas

De grácil figura, pero contundente, Crespo se pregunta por el periodismo venezolano

Iba derechito a estudiar Derecho cuando Adriano González León le desarmó esa intención.
“No tartamudee” le dijo luego Arturo Uslar Pietri cuando lo llamó a escribir crítica literaria. Aún le extraña su destino entre grandes personajes de la literatura y el periodismo desde que cometió su primer poema. “Ese poema que yo olvidé y que me abrió todas las puertas —hizo un esfuerzo por recordar— …mar, muchacha, sus hombros, un país del tamaño de sus hombros…”.

Con los recuerdos grumosos, este periodista asegura que, aunque encontró su camino, sigue buscando nostálgico su paisaje larense.

—¿Poesía o periodismo?

—Sin la poesía estoy hundido, sin eso, ¿quién soy? Por otro lado, el periodismo era el camino, aunque fue la poesía la que me llevó a él. Lo que nadie sabe es que comencé dibujando sobre todo los paisajes que había dejado en mi infancia en Lara, quería ser pintor. Me refugié entonces en César Rengifo, Vicente Gerbasi y todo aquel que nombrara el paisaje.

Pero un buen día apareció en mi vida un gran señor, de esos que marcan el destino de una persona:

Adriano González León, en los tiempos de las guerrillas, de la izquierda, por la época de Rómulo Betancourt. Fue cuando vino el papel literario, lo que significaba escribir al lado de Pablo Neruda, Miguel Ángel Asturias, en El Nacional, cuando era el periódico de los intelectuales, de intereses generales, no el pasquín que es hoy.

(Como una travesura recuerda la publicación de El Inquieto Anacobero, de su amigo Salvador Garmendia, “porque cuando el general se estaba singando a”.. Decir eso en ese momento nos costó una demanda, pero la polémica elevó al periodismo literario)

—¿Cómo va nuestro periodismo?

—He dicho que el periodismo cultural ha muerto, porque es que tengo conciencia de eso, he vivido un periodismo que no veo, (dice casi angustiado) primero, mal escrito, no tiene información, no tiene investigación. Luego es víctima de una política editorial totalmente parcializada, yo no digo que sea pro, sino que sea periodismo. ¿Qué quieres tú? Tú haces una noticia y viene la evaluación, la opinión pública.

Un periodismo puede ser político, pero si es un periódico de intereses generales, no puede inclinarse, tiene que ser, en primer lugar, un periodismo que tenga la ética de informar, investigar, y que dé la posibilidad de que haya un juicio o una respuesta. El periodismo debe lograr algo casi imposible ahorita: credibilidad.

—¿Hay allí un poco de nostalgia por el periodismo?

—Creo en la nostalgia, que es lo que conduce al ser humano en cualquier cosa, la nostalgia hacia lo bello, no hacia lo desagradable. Viví y conviví en medio del esplendor más grande de nuestro periodismo cultural, con Miyó Vestrini, por ejemplo, Picón Salas… el periodismo, ¿dónde está? Yo creo que Últimas Noticias está haciendo un buen periodismo, se inclina más hacia nosotros. Veo a José Vicente Rangel, preguntan, hacen análisis, critican.

No sé por qué no existe en el periódico Limpien la ciudad, limpien a Venezuela.

Si algo no es pasión, no vale la pena. Una especie de entrega a algo.

—¿Hacia dónde crees que vamos?

—Queda el espíritu de un soñador que se llamó Hugo Rafael Chávez Frías, y Nicolás Maduro es terco, un tipo terco, yo no sé cómo hace para seguir, es desesperante, no lo dejan gobernar.

El debate que se está dando ahorita para que la cultura tenga gran relieve es muy duro, tenemos el problema de que no producimos papel, sin embargo, dejamos a más de uno con la boca abierta con la hechura de la Filven de este año. Es como responderle a las balas con libros… con cultura. Todos somos un libro.

—¿Qué te dejó Chávez?

—El bisnieto de Maisanta. Fuimos a verlo durante la fiesta de Elorza, lo vi recitar de memoria tres páginas. ¡Arrecho! Y yo le dije a mi amigo: “Este militar va a echar una vaina en este país”. Una semana después lo veo en televisión con el famoso por ahora, Chávez me dejó un entusiasmo terrible.

—¿Cómo te sientes ahora en la Biblioteca Ayacucho?

—Fíjate, esa relación sentimental que describo hacia Chávez, ese entusiasmo, es lo que me hace estar aquí… Nunca Venezuela había sido víctima de tal asedio, ni cuando Castro, y seamos sinceros, éste es un país capitalista que quiere tener un gobierno de iguales, por eso Chávez era un soñador. ¿Qué nos toca hacer? A la Biblioteca Ayacucho hacer convenios con instituciones como ALBA, entre otras, para seguir en el carril, China, además, estaría dispuesta a traducir todos estos clásicos.

El asunto es que este formato impreso no puede cambiarse porque son clásicos, por mucha era digital que exista. En eso anda la Biblioteca.

—Toda su historia de personajes principales vuela por un momento y aparece un estado poético: “Otra maravilla que he vivido son los talleres de poesía, cómo entenderla, trabajar el poema, pero con niños. Estuve 15 años al frente de la Casa Andrés Bello, y continúo enseñando”.

—¿En qué cree Luis Alberto Crespo?

—En el espíritu, hago un gran esfuerzo, pero yo creo que existe, no soy digno de creer en Dios ni en Cristo, pero me gustaría tanto… creo en lo invisible. En la poesía.

Y en el destino, ¡cómo no? con todo lo que he vivido. Yo estaba ahí sentado y el destino pasó…me fui y me fue a buscar más lejos..

Estético, bonito, elegante, mundano, es este autor desprovisto de opciones frente a la poesía.

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Biografía Mínima

“Báñate y vístete, te vas para Caracas con tu tío hoy mismo”, obedeció en su última infancia Luis Alberto Crespo. Dice no reprochar este desarraigo involuntario de su natal Carora, pues Caracas lo puso a caminar entre “cuarto bates” literarios por los años 70´, con un premio de la Bienal José Rafael Pocaterra. La UCV, El Nacional, y una beca en Francia, son sus escuelas en periodismo cultural, que lo postularon a la dirección de El Papel Literario que asumió durante 15 años. Miguel Otero Silva vio en él lo atrevido, cuestionador y acusador para fundar el suplemento Feriado. También el buen ojo de Hugo Chávez lo coloca como embajador de Venezuela ante la Unesco.
Su nombradía suele relacionarse con el Premio Nacional de Literatura, por su prosa y su crítica auténtica.

TEXTO FRANCIS COVA
FOTO YRLEANA GÓMEZ

 


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