Luis Aparicio, un inmortal del beisbol

Hasta ahora es el único venezolano exaltado al Salón de la Fama de las Grandes Ligas en Cooperstwon

El 10 de enero de 1984, toda la afición venezolana esperaba los resultados de la votación para el Salón de la Fama del Beisbol de las Grandes Ligas. Esa noche me quedé de guardia en Radio Rumbos, junto con el locutor Alfredo Ordóñez y el operador Pío Morgado, quien era el sempiterno encargado de leer el último noticiero de la jornada diaria.

Como a las 9 de la noche sonó la campanilla del teletipo y de inmediato nos comunicamos con Delio Amado León, narrador de los Leones del Caracas por esa emisora. Cuando terminó el inning realizamos el pase y luego de la fanfarria, Ordóñez con clara voz emocionada anunció la grata noticia que Luis Aparicio había sido favorecido con la votación para ingresar en el templo de los inmortales del beisbol. Luego el público, que se encontraba en el estadio Universitario, entonó el himno nacional de Venezuela.

En esos momentos recordamos que su retiro se produjo en 1973. Luego de cinco años de ese hecho y de acuerdo a los reglamentos se presentó su candidatura para ingresar en el Salón de Cooperstown.

En la primera oportunidad no le fue muy bien, porque quedó en el lugar número 13 en el proceso eleccionario. En las siguientes ocasiones escaló varios peldaños, aunque en 1981 quedó en el puesto 19, fue varios años después, en 1984, cuando quedó en el primer lugar, con 341 votos, lo que representó el 84,62 % del total de las papeletas, que le permitió formar parte del ilustre grupo de inmortales.

El 12 de agosto de 1984 fue exaltado. Lo acompañaron en ese regio acto en Cooperstown, Harmon Killebrew, recio bateador de Reales de Kansas City y Senadores de Washington, equipo que luego cambió el nombre por Mellizos, cuando se mudó a Minnesota y Don Drysdale, quien como lanzador derecho jugó con Dodgers de Brooklyn, organización que se instaló luego en la ciudad de Los Ángeles, California.

 

Inquietudes deportivas desde temprano

Era muy frecuente que se ausentara de los institutos donde estudiaba, para practicar alguna disciplina deportiva, que le servía de escape a su inquieto espíritu.

Sus inicios como deportista fueron dentro del fútbol. Sobresalió como delantero y a los 14 años era jugador del Guaraní, un club infantil de Maracaibo. También destacó como ciclista. En atletismo en las carreras de velocidad. Incursionó en el baloncesto y hasta jugó cricket.

Su padre, Luis “El Grande” Aparicio Ortega, fue uno de los delanteros más efectivos en su época. Obviamente eso influyó para que desde pequeño Luis se inclinara por esa disciplina antes que por el beisbol.

En la pelota aficionada estuvo en las filas del Policía de Caracas y Cardenales, radicado en Carora, estado Lara, cuando ese equipo no había saltado al profesional. El gerente era Antonio Herrera Gutiérrez, dueño de una farmacia en esa población, donde el Aparicio júnior laboró como repartidor, en bicicleta, de ese negocio.

Es histórico su debut en el beisbol profesional, el 18 de noviembre de 1953, cuando en un juego entre Gavilanes y Pastora, recibió el bate en el primer inning, por parte de su padre y cuando le correspondió ir a la defensiva Luis El Grande le entregó el guante para cubrir el campo corto.

El 17 de abril de 1956, el júnior logró el objetivo de incursionar en las Grandes Ligas, para inscribirse como el sexto venezolano en jugar a ese nivel. En esa oportunidad fue con el uniforme número 11 de los Medias Blancas de Chicago. Al final de la temporada fue nombrado novato del año. En 1958, Aparicio ganó su primer Guante de Oro, fue electo para el Juego de Estrellas, bateó para .266 de promedio y encabezó la liga en bases robadas por tercer año consecutivo.

Jugó con Chicago hasta 1963. Pasó a Orioles de Baltimore, donde actuó hasta 1967. Luego regresó a Medias Blancas, donde estuvo entre 1968 y 1970. Al terminar la temporada fue cambiado a Medias Rojas de Boston, entre 1971 y 1973, año de su retiro como pelotero activo.

En su carrera en MLB actuó en 2.601 juegos, con 10.230 veces al bate, con 2.677 imparables y obtuvo nueve guantes de oro.

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Anécdota

Desde muy temprana edad sintió inclinación por el cultivo de distintos deportes, nos cuenta su primo el exatleta y miembro del Salón de la Fama del Deporte Venezolano, Rafael Romero.
“Muchas veces se salía del sitio donde estudiaba para ir a jugar fútbol, disciplina en la cual era muy bueno como delantero y al mismo tiempo excelente en carreras de velocidad. Destacó como ciclista pero al final como todos conocen esa historia terminó como pelotero”.
“Ese preámbulo es porque cuando su debut en el beisbol profesional, el 18 de noviembre de 1953, su señora madre, le dedicó un duro regaño y le señaló que tenía que seguir sus estudios, porque le repitió varias veces que con el beisbol nada conseguiría, mientras que su futuro estaba en graduarse. Ante todo ese lío, su padre, quien lo indujo a jugar beisbol, se quedó callado”.

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Biografía Mínima

Nació en Maracaibo, estado Zulia, el 29 de abril de 1934. Estudio la primaria en el colegio Alonso de Ojeda y hasta el tercer año de secundaria en el liceo Orángel Rodríguez, ambos situados en su ciudad natal.
En todo momento combinaba su formación cívica con la práctica deportiva, con destacadas actuaciones en el fútbol, en las carreras de velocidad, pero siempre inclinado hacia el cultivo del beisbol.
En su carrera profesional como pelotero sirvió de guía a varias generaciones de jugadores en el campo corto y como mánager ejerció esta actividad con sentido pedagógico, porque no solo dirigía a los equipos en los cuales actuaba, también enseñaba a sus discípulos los secretos a la defensiva y lo esencial en el recorrido de las bases, donde destacó.

JULIO BARAZARTE/CIUDAD CCS

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