Madama sui, una novela feminista de Roa Bastos

El centenario del escritor paraguayo Augusto RoaBastos (1917-2005) no debe bastar para (re)leer su obra narrativa (novelas como Yo el Supremo e Hijo...

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El centenario del escritor paraguayo Augusto RoaBastos (1917-2005) no debe bastar para (re)leer su obra narrativa (novelas como Yo el Supremo e Hijo de Hombre, o los cuentos de El trueno entre las hojas y Moriencia), sino también en la reconsideración de la transformación política, socio-económica y cultural del continente, dado el actual repunte oprobioso de las facciones reaccionarias en países como Argentina, Brasil, Chile y Paraguay. Especialmente, cuando el patriarcado conservador ha arremetido contra la mujer, bien sean dirigentes políticas (Dilma Rosseff), activistas sociales (Milagro Sala, Berta Cáceres) o ciudadanas víctimas de la trata de blancas, la explotación laboral, el maltrato de género y el asesinato vil. En 1995, Roa Bastos nos obsequia una linda novela feminista, Madama Sui, cuyo auténtico humanismo amoroso y alto vuelo poético reivindican a la mujer latinoamericana. Por fortuna, esta propuesta dista tanto del extremismo revanchista como del populismo mal habido. La biografía novelada de la amante preferida del dictador de turno, paradójicamente, desmonta el Poder megalómano desde la dupla disfuncional Dictadura / Prostitución: «El dictador omnímodo encontró en la prostitución de la mujer el elemento primario, el más vulnerable pero también el más eficaz, para promover la corrupción generalizada de la sociedad». Por fortuna, la trabajadora sexual no es criminalizada como las mujeres rapadas y linchadas por la hipocresía de sus victimarios también colaboracionistas pasivos de los nazis en Francia. La voz masculina narrativa (incluso la del autor) asume la voz y la sensibilidad femeninas en tanto acto lírico de solidaridad y contristación liberadoras: «he tratado de escribir la historia de Madama Sui tal como la hubiera escrito una mujer», lo cual nos retrotrae la tesitura femenil del Cantar de los Cantares y las jarchas mozárabes, esto es el coito amoroso de lo épico y lo íntimo. El discurso de la novela reconcilia en la contradicción, la poesía y el afecto, los relatos del narrador testigo y los cuadernos de Sui provistos por su arquitecto enamorado Ottavio Doria. Otro punto a favor de esta novela aterciopelada, radica en la construcción mestiza no sólo del personaje femenino principal, sino también del clima cultural diverso que fluye en el espacio y el tiempo histórico sugeridos al universo lector. La fusión de lo latinoamericano en el habla y la cultura mixturados (referencias en el español y el guaraní), incorpora el espíritu sedoso y enigmático del Lejano Oriente (el japonés). Pareciera apuntar a la vindicación y al parricidio respecto al Modernismo de Darío, cuando la evasión exótica se complementa y contrapone al endurecido y oprobioso contexto político y social de la dictadura paraguaya del Taita castrador Stroessner. En esa atmósfera enriquecida de contradicciones que recoge y dispersa la exquisitez burguesa y la hiel mascada por las mayorías, no sorprende que Roa Bastos se valga de una cortesana cercana al dictador para explorar la condición de subordinación y subestimación de la mujer en América Latina. El machismo es un constructo social y ultraconservador que fundamenta el discurso (la mujer como ente diabólico por domar) y la praxis (la cautividad femenina en el hogar y el burdel) del Poder vertical y absolutista, no importe que se disfrace de República con sus parlamentos y tribunales domesticados por el caudillismo. La condición marginal de Madama Sui, desde el punto de vista sociológico y en tanto entidad lírica y ética (trascender el bien y el mal), le permitía admirar a Evita Perón y concluir que las mujeres aceptaban de buena o mala gana el camino torcido que les imponía el Macho: «No entendía tampoco –por parecerle imposible- que un hombre pudiera consagrarse a rendir a la mujer la protección primaria de asegurar su bienestar material, después de llenarla de hijos, de trabajos, de padecimientos, como si se tratara de una simple bestia de carga». Sólo que la mentira piadosa de su libertad individual y sexual, se vería confirmada de guisa cruenta por el control de la figura masculina autoritaria, hasta el punto de deponer la independencia existencial a cambio de la vida de su verdadero amor, ÉL, encarnación de la ira guerrillera y libertaria. El erotismo de la heroína fluye salvaje y naturalmente en la ausencia y contraposición de la represión, la superstición y la culpa farisaica que esconde la frigidez tibia de las damas oligarcas, prisioneras asimismo del Poder fáctico que las reseca. Las interrogantes sin respuestas fáciles de implementar, justifican esta crónica apasionada sobre una mujer cercana y a la vez mítica que se movió entre el Eros devoto a ÉL, el amado rebelde, y el sacrificio de cohabitar con el Tirano Stroessner: «¿Es tan corta la distancia entre la inocencia total y el completo envilecimiento?
¿O es que simplemente no se interfieren y se complementan entre sí?».


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