Madelein García: Del ballet clásico al periodismo de guerra

La misión de cubrir el golpe de Estado en Honduras se la dio el presidente Hugo Chávez, ahora quiere reportar sucesos de Siria...

Dice que desde pequeñita sabía que dedicaría su vida al periodismo pero antes de graduarse y ejercer esa profesión, durante 15 años también estudió ballet clásico, llegando a convertirse en bailarina semiprofesional, le fascina, aunque ya no lo ejecuta. No obstante, más se le reconoce por sus coberturas periodísticas, como la realizada durante el golpe de Estado en Honduras (en 2009) y más recientemente de los acontecimientos que aún continúan en Nicaragua, otro intento de golpe.

Le encantaría ir a Siria en la actual situación de guerra de ese país, así como a Palestina, para dibujar el otro rostro de ambos países.

En Venezuela ha informado sobre las manifestaciones de la oposición, especialmente durante las llamadas “guarimbas”, en las que dice haber recibido muchas piedras. “Si estoy metida dentro de la situación a mí no me da temor (…), se me activan todos los sentidos, hasta los de cuaima, para contar todo lo que hay alrededor” y poner al televidente en contexto. También anduvo en dos ocasiones por los límites con Colombia, primero teniendo como objetivo el contrabando de extracción durante el cierre de frontera ordenado por el presidente Nicolás Maduro y más reciente por la inmigración.

Madelein García nació en Maracaibo, estado Zulia. Estudió periodismo en la Universidad Cecilio Acosta y su especialización o mención es en Desarrollo Comunal, “tiene que ver en cómo la comunicación se puede aplicar en las comunidades y en el desarrollo de éstas”, explica.

Adelantó un día el encuentro para la entrevista por imprevistos que surgieron como siempre ocurre en el día a día de los periodistas. “Pero tendrá que ser después de las cuatro de la tarde, es que tengo que buscar a mi mamá en el aeropuerto y hacer otras cosas”, argumentó. En otra llamada telefónica acordamos que sería a las 5:30 pm del martes, en El Laguito de Fuerte Tiuna.

Esas “otras cosas” que advirtió Madelein retardaron su arribo al lugar de encuentro, mientras que durante la espera vimos cómo dejaban de operar las grúas instaladas para el desarrollo de una construcción hacia la montaña que bordea el sitio. En El Laguito unos niños daban de comer a peces grandes, que en ocasiones dejaban ver su lomo, y a las tortugas.

Empezaron a desfilar las guacamayas, especialmente por los chaguaramos de cuyos racimos comían antes de seguir hacia el árbol en el que pasarían la noche; igual ocurría con las bandadas de garzas, aunque estas no se detenían; canarios del tejado (arroceros) que picoteaban en la superficie de la caminería mientras se ausentaban momentáneamente quienes usan el lugar para ejercitarse, como lo hace Madelein ocasionalmente, “cuando el tiempo me lo permite”. Nos señalaría luego un lugar que a lo mejor le recuerda, por lo menos en el nombre, su paseos preferidos en la capital zuliana, por La Vereda del Lago.

Vimos volar algunos arrendajos y llegó Madelein, nos saluda desde el vehículo y estaciona, viene acompañada por su madre, María Raquel de García, “la cara de gocha que tengo es por ella”, es lo primero que nos dice riéndose. Su progenitora es de San Cristóbal, estado Táchira. Su padre, Magdaleno García, fallecido, era de Maracaibo.

Decidimos que lo primero serían las fotos, ya que en esos instantes la claridad daba paso a la oscuridad. Se habían marchado las guacamayas y demás aves, pero aparecieron los zancudos.

—¿Cómo es eso de que sabías que ibas a dedicar tu vida al periodismo?

—A mí me ha encantado siempre ser periodista. Siempre me llamó la atención. Yo le decía a mi papá que yo iba a ser “panoramera” (por el diario Panorama). En vez de decir que iba a ser periodista decía que iba a ser “panoramera”, porque no sabía cómo determinar lo de periodista y como Panorama estaba tan posicionado. Pero sí, desde chiquita, yo creo que siempre lo supe, nunca tuve problemas de vocación ni nada de eso. Estudié en un colegio católico, el Santa Rita, en Maracaibo, y hacían pruebas de vocación y bromas de esas, para ver qué era lo que querían hacer los estudiantes cuando grande, pero yo ya lo tenía determinado, sin ninguna duda.

—¿Algún periodista en la familia que te influenciara?

—No, no había ninguna afiliación. Bueno a mi papá le encantaba estudiar, leer muchísimo. Entonces yo creo que tenía que ver con eso, la lectura de mi papá.

—¿Cuál es su comida preferida?

—Me encanta el patacón y la papa con queso. ¿Tú no has probado la papa rellena con queso?, muchacho de lo que te estás perdiendo, es una papa de yuca, es así, redonda y dentro tiene mucho queso y la fríen (…) Eso es demasiado.

—¿Puedes satisfacer esos gustos en Caracas?

—No. Fíjate lo que hice una vez que tenía tiempo que no iba a Maracaibo, me dije lo que iba a comer cuando regresará, iría a la plaza (Indio Mara), allí hay muchos puesticos, es como una calle del hambre. A mí me encantan los panes con huevo duro, son perros calientes, también les echan queso. Hay unos cepillados de coco que me fascinan. Iba probando, recorriendo la ruta gastronómica que a mí me encanta, la papa con queso, hay unas empanadas que tienen algo especial, mira, se me agua la boca. Un tequeño que lo llaman moñongo, grandísimo, adentro tiene hasta “mal de ojo”. Lleva carne mechada, caraotas, queso, es riquísimo.

—¿Qué música le gusta, canta, baila?

—Estudié quince años ballet clásico, no tengo ahorita la figura de bailarina porque cuando tú dejas de hacer ejercicios el cuerpo se desacostumbra. Dicen que las células tienen memoria pero las mías como que sufren de Alzheimer, compañero, porque (risas) tengo que hacer muchísimo ejercicio para volver, pero era bailarina de ballet clásico, llegué a ser semiprofesional con Grazyna Yeropunov, que es una reconocida (profesora) en el estado Zulia. La música clásica, todo lo que tiene que ver con la rama del ballet para mí es una fascinación. De hecho aquí en Caracas (donde vive desde hace unos quince años) estaba ya trabajando en Telesur y conseguí un lugar donde hacer ballet, y te juro que fui la mujer más feliz por un mes retomando mis clases, pero no pude seguir.

Yo decía (en el canal) que estaba estudiando inglés para poder ir.

Tenía el oído acostumbrado al ballet y la música clásica, era muy difícil para mí cualquier otra cosa. Me costó mucho aprender salsa, merengue, pero ya sé bailar hasta reguetón.

—¿Cómo llegó a Telesur?

—Te cuento. Antes de ser reportera fui productora (en Maracaibo). Después viví cuatro meses en Bogotá, trabajé en una productora. Luego pasé a Televen como corresponsal en el estado Anzoátegui. Allí viví el golpe de Estado (2002), pudimos confirmar, comprobar qué ocurrió o cómo se movía la cosa cuando, por ejemplo, los petroleros decían que había operación morrocoy y era mentira. Mandamos esas exclusivas con ese tipo de cosas y nunca las pasaron (…) Vine a Caracas en los años 2002-2003. Estuve como siete años en Televen, pedí un permiso no remunerado (para trabajar) como directora de Relaciones Institucionales del Ministerio de Turismo (…) y allí estuve dos años. Andrés Izarra (quien estaba al frente de Telesur) me preguntó si quería pertenecer a la plantilla y me fui a trabajar allí (era 2007), hasta el sol de hoy.

—¿La sorprendió el viaje para cubrir el golpe de Estado en Honduras (28 de junio de 2009?

—Sí, estábamos en una cumbre del ALBA (Maracay) y la canciller de Honduras, Patricia Rodas, dijo que había un intento de golpe de Estado en su país (…) Entonces el presidente Chávez me vio y dijo: “tú te vas para Honduras”, y Andrés (Izarra) me señaló “sales ya, con la ropa que tienes”. Yo dije, bueno, ya es ya. Entonces me monté en el avión con la canciller.

Con su trabajo sobre Honduras ganó el Premio Nacional de Periodismo Informativo de Televisión.

Había un ambiente tenso, entrevisté al general que dio el golpe (Romeo Vásquez Velásquez, jefe del Estado Mayor Conjunto). En la noche antes del 28 de junio me llamó la secretaria del presidente (Manuel Zelaya) y me dijo que en la casa del mandatario había tiros por todos lados (se estaba consumando el golpe). Allá pasé tres meses (…) Hasta nos llevaron a la frontera con Nicaragua, querían sacarnos (…). Después nos fuimos a Haití (terremoto en enero de 2010).

También estuve en Líbano y Palestina, a llevar ayuda humanitaria. Igualmente realicé trabajos en la frontera con Colombia.

—¿Hace poco reportó desde Nicaragua?

—Fui porque iba a hacer una cosa puntual que no tenía que ver con Telesur, pero cuando estoy allí se desarrolla todo ese cuento (protestas e intento de golpe) y nosotros somos periodistas y empezamos a narrar todo lo que estaba ocurriendo; estuve una semana, pero seguí informando gracias a los contactos que hice en esos días y a lo que había visto.

—¿Qué misión le gustaría cumplir?

—Ir a Siria en la actual situación de guerra, a Palestina, esa Palestina que vive, que está más allá de Gaza y contar las situaciones que atraviesan. Los detalles que uno solo puede ver en el sitio. Siempre nuestra fortaleza es llegar al sitio y contar qué está ocurriendo. Si no lo vives, si no lo sientes, no vas a poder contarlo, avanzar dentro de las historias.

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María Raquel de García siente mucho orgullo por su hija.

Una madre que reza para protección de su hija

María Raquel de García vive en Maracaibo y viajó a Caracas para visitar a su hija Madelein, después de algún tiempo sin encontrarse. Había salido temprano desde la capital zuliana en un vuelo que tuvo retraso. Esperó pacientemente, revisando su teléfono, mientras realizábamos la entrevista, momentos que también aprovechó para disfrutar de la presencia de las guacamayas en las plantas de chaguaramos y advirtió que las aves también se comían los cogollos, “las van a secar”, dijo con preocupación.

Recuerda a la descendiente que en una ocasión andaba por Egipto, con una misión de entrega de ayuda humanitaria, y por twitter la periodista reportó que había lanzado un misil contra un centro de ayuda y no había explotado. Inmediatamente su progenitora se comunicó por esa red social para saber cómo estaba y pedirle que se cuidara, “que eso podía explotar”.

—¿Cómo es Madelein en familia?

—Espléndida, muy buena hija, dada hacia los demás. Ayuda a todos, siempre pendiente de mí, de sus hermanos, de sus sobrinos que la adoran. Con su papá (fallecido) era súper especial. Ellos son cinco hermanos y cuando alguno se enferma y ella está aquí, no importa lo que esté haciendo, llega en la noche allá (Maracaibo) para estar más cerca de la familia.

—¿Qué es lo que mejor cocina?

—Yo creo que nada (risas de ambas). Huevos fritos será y se cubre los brazos con los paños de la cocina para no quemarse. No (señala con seriedad), ella ha aprendido, desde que salió de la casa ha tenido que hacerlo.

—¿Le afectan los riesgos que corre en el ejercicio de su labor periodística?

—Bueno, siempre, todos los días le pido a la virgen por ella. Por supuesto, me siento muy orgullosa de mi hija, de su trabajo. Discutimos por algunas cosas que yo no pueda estar de acuerdo, pero es su trabajo. Le solicito siempre a Dios y a la virgen santísima que la acompañen, que la cuiden dondequiera que esté.

JUAN CERMEÑO/CIUDAD CCS
FOTOS JAVIER CAMPOS

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