Saúl Rivas Rivas: “Me rebelé frente a la escuela por razones de descolonización”

Saúl Rivas Rivas sostiene que en todo el continente americano se ha planteado la eliminación de lo aborigen como continuación de la conquista

De hablar pausado, reflexivo, claro, preciso y con el énfasis que ratifica su conocimiento del tema que trata, Saúl Rivas Rivas dirige la Cátedra Libre Intercultural César Rengifo, le apasiona todo lo que tiene que ver con la cultura, como parte de la indentidad y la liberación de los pueblos, con la descolonización.

Vive en Los Teques pero decidió que para esta entrevista, que en principio debió ser de personalidad pero en la que terminó hablando de lo que más le apasiona, quizás porque ya es parte de su personalidad, nos encontráramos en el piso nueve del edificio sede del Ministerio del Poder Popular para la Educación, en la esquina de Salas, hasta allí llega en el autobús de ese despacho que sale desde la capital mirandina y que traslada personal.

Los martes, de nueve a once de la mañana, se encuentra en ese lugar con los participantes en la Cátedra pero, además, también se desempeña como asesor del mencionado Ministerio, en Educación Intercultural e igual rol cumple en la Comisión Presidencial contra el racismo y otras modalidades de discriminación. En buena parte a él se debe la presencia del cacique Guaicaipuro en el Panteón Nacional.

Vino al mundo en Upata (estado Bolívar), en un sitio “llamado Guayabal, que era un campamento del Ministerio de Obras Públicas. Nací allí el 10 de mayo de 1944, un día miércoles a las tres de la tarde”.

En ese lugar trabajaba su padre. “Era el dentista práctico, de allí que asistía a todo el personal de la compañía, a todos los obreros y a toda esa gama de campesinado que existía es esa región. Estaban construyendo la carretera Upata-El Pao, y El Pao iba ser después un centro minero de extracción del hierro, donde se estableció una empresa norteamericana llamada Iron Mines Company”.

Carlos Modesto Rivas, el nombre de su padre, y su madre Benicia Rivas de Rivas (campesinos descendientes de indígenas), “por eso yo soy Rivas Rivas”, explica y aprovecha la menor oportunidad para entrar en el tema que le apasiona.

—¿Con ve larga o corta?, porque lo he visto de las dos maneras.

—Rivas con ve corta. Yo soy uno de los que piensa que la identidad del venezolano y de nosotros los indoamericanos y caribeños no debe construirse mucho en base a los apellidos, porque por lo general son impuestos. Hay que acercarse más a la tierra, yo uso los dos apellidos para usar también el materno, porque te acerca más a la madre tierra, a la madre india, la negra, indomestiza, porque el racismo global de esta sociedad está prácticamente fundado sobre la negación radical de la madre india para negar a la madre tierra, a la negra, a la madre indomestiza, sobre todo para negar a los pueblos originarios, por razones de conquista.

La conquista hispánica tuvo y tiene ese carácter hasta hoy, porque de una u otra manera continuó bajo la República, bajo pretexto de mejoramiento de la raza. Entonces se inventó de que si una madre indígena por ejemplo se mestiza con un español o un europeo, entonces ya el fruto de su vientre no es indígena sino supuestamente un mestizo, pero cuando tu preguntas qué es un mestizo nadie sabe aclarar qué es un mestizo, porque un mestizo es prácticamente un ser castrado de su identidad y eso forma parte del proceso de colonización, pero también hoy de recolonización cultural, educativa y espiritual del venezolano.

—Entonces, ¿qué hacer?

—Nosotros estamos en la obligación de diferenciar entre lo que es el mestizaje como un hecho normal en todas las civilizaciones, culturas, pueblos y lo que es el mestizaje convertido en fetiche, en ideología de dominación, bajo pretexto de mejoramiento de raza. Entonces se presupone que el padre blanco conquistador viene a salvar la raza, ¿cuál raza? Toda conquista de una u otra manera busca fundar una serie de pretextos basados en algunos prejuicios, pero esos prejuicios son fundacionales de cualquier empresa de conquista para pretender situar la supuesta inferioridad del conquistado y el colonizado, y allí está precisamente el nervio del asunto. A eso Darcy Ribeiro (intelectual y político brasileño, fallecido) le llama el castigo del gentío materno. Nosotros hablamos del endorracismo materno como base, como fundamento del racismo global de la sociedad. Creemos que no se puede reivindicar al padre extranjero sin reconocer y sin dignificar a la madre india como primera madre de América, que es la que sigue negada por razones de conquista hoy y eso no es casual, eso tiene mucho que ver con el modelo de apartheid criollo hispanocéntrico que implantan acá los conquistadores europeos, particularmente la conquista española porque la otra conquista, la del oeste norteamericano (tiene) otro carácter y es un apartheid también radical, en base a la negación de cualquier tipo de mestizaje en los pueblos indígenas y por eso allí son llevados a reservaciones, apartados, de allí es de donde viene la palabra apartheid, para que supuestamente no contaminen la civilización, la nueva sociedad europea, el pueblo trasplantado en América.

—¿Son modelos distintos?

—Bastante diferentes pero complementarios, porque los dos son caras distintas de la misma moneda. A veces nos han hecho creer que aquí en América del Sur y particularmente en Venezuela, y en toda la América conquistada por España, no hubo racismo porque hubo mestizaje, pero eso es completamente falso.

—¿Cómo se explica eso?

—Si Marx decía que, por ejemplo, la mercancía es el fetiche económico del capitalismo, nosotros decimos que el fetiche del mestizaje es nuestro fetiche cultural y educativo, para avergonzarnos de nuestros propios orígenes, no hay nada más grave que te avergüencen a ti de la madre y del sitio de origen. La dimensión del colonialismo aquí fue tan brava, y lo sigue siendo de alguna manera, a pesar de haber llegado la Revolución Bolivariana. ¿Qué vieron ustedes cuando estudiaban primaria?, porque cuando uno estudiaba primaria, y uno veía las primeras cartillas, bueno nos negaban hasta el derecho a conocer los animales autóctonos, entonces teníamos derecho a conocer primero los animales de África, de Australia, el elefante, la jirafa, el canguro, antes que conocer el cachicamo, la lapa, el morrocoy, el venado, el rabipelado (…) Cuando tú vas a nuestro museo de ciencias naturales (…) entras viendo a una jirafa, a una cebra, un hipopótamo, un elefante, antes que los animales autóctonos de este continente. Todo eso forma parte del extrañamiento, alejamiento de nuestra propia geografía, de nuestros propios ecosistemas, de nuestro propio humus cultural, vamos a decirlo así.

Nos niegan la madre, nos crean rechazo de la propia madre además, del sitio de origen, hasta de los animales y las plantas.

—¿Qué está haciendo el Ministerio de Educación para combatir eso?

—Aquí, desde que llegó la Revolución Bolivariana, se ha tratado de dar un vuelco radical comenzando por el cambio del significado del 12 de Octubre, que era celebrado como el Día de la Raza, del descubrimiento, de un encuentro amistoso, de la hispanidad, pero con el presidente Chávez lo transformamos en Día de la Resistencia Indígena, con vocación universal, planetaria y tan es así que el año pasado comenzamos a ver los efectos, incluso en Norteamérica, porque hubo rebeliones culturales (contra) la figura de Cristóbal Colón.

—¿Por qué sostiene que ha sido planteada la eliminación del aborigen en el continente?

—Estamos presenciando, por ejemplo, en México, una elección presidencial. Gana un candidato progresista como (Andrés Manuel) López Obrador, pero sin embargo muy poco se da cuenta en el registro de esas elecciones de que México es un país predominantemente indígena, el comportamiento electoral de México hacia afuera, hacia los grandes medios de comunicación masivos, prácticamente casi que se desentiende de la herencia indígena y, bueno, el movimiento de López Obrador se llama MORENA y a la Virgen de Guadalupe le dicen cariñosamente La Morenita, porque el indio no es ningún blanco realmente (…) Entonces López Obrador está manejando una identidad pero a un nivel racial de la mexicanidad, no cultural.

Bolívar, por ejemplo, en la Carta de Jamaica en 1815 planteaba que a Quetzalcóatl (deidad mesoamericana) en México lo conocían sólo los especialistas, que la conocida y la que tenía fuerza subversiva era la Virgen de Guadalupe, en ese momento (…) Yo no le niego la fuerza ni la vigencia histórica dentro de la catolicidad en México, lógico que la tiene La Guadalupe, pero el culto a (ella) no tiene por que excluir, negar o abolir a las espiritualidades autóctonas de la mexicanidad, en mi opinión.

—¿Qué ocurre?

—Bueno que en México ha habido un lavado de cerebro tan grande (…) en base a esa ideología mestiza que para ser mexicano hay que dejar de ser indio, y se llega a la aberración de que en México prácticamente no puede haber candidato indígena a los altos cargos, o sea no puede aparecer un Evo Morales, por ejemplo. No hay condiciones pues históricas y culturales, materiales y espirituales dentro de la mexicanidad actual, a pesar de ser un pueblo preponderantemente indígena, para que esa indianidad emerja con rostro propio (…) La indianidad está abolida por una ideología mestiza. No se trata de negar el mestizaje como hecho histórico y social, lo que estoy desmantelando o poniendo en alto relieve no es otra cosa que la presencia de un fetiche mestizo que es el que impide el acceso real y concreto a una realidad social, cultural y espiritual compleja, como la de México.

—¿Hay otras amenazas en ese sentido?

—Hubo un viaje aquí a nuestra América de un historiador llamado Arnold Toynbee en 1966 (…) Este señor propone echar todas las estatuas de Bolívar, San Martín, O’Higgins al mar y sustituirlas por el culto a La Guadalupe. Eso nos permite a nosotros un inventario de cómo desde la Carta de Jamaica hasta hoy esa ideología mestiza no es mestizaje como hecho histórico social, que es otra cosa, me refiero es a la ideología mestiza, el fetiche mestizo ha avanzado tanto que ya no cabe ni siquiera la identidad bolivariana en este continente, fíjate hasta donde nos traen las cosas, y como estamos hablando de descolonización estoy en la obligación de poner en claro esto.

—Tenemos que hablar de usted. ¿Dónde realizó sus estudios?

—Mira, yo fui siempre muy mal estudiante. No me gustó la escuela nunca, y todavía no me gusta.

—¿Y dónde aprendió tanto?

—Bueno en la rebelión frente al sistema educativo. Yo me rebelé frente a la escuela, el liceo y la universidad, precisamente por razones de descolonización (…) Mi formación es antropológica sobre todo, pero antes de graduarme (…) me fui de la universidad a hacer cátedra libre con los pueblos indígenas del Sipapo, me fui a la escuela de Ciencias Sociales de la UDO para empezar un trabajo vinculado a los waraos de Sucre, en Guariquén. Y estuve un tiempo asesorando al Departamento Socioantropológico de la Universidad del Zulia que en esa oportunidad lo dirigía Nohelí Pocaterra.

Estuve vinculado al Instituto de Estudios Económicos y Sociales de la UCV. Soy un investigador social, militante, cofundador del Movimiento de Indentidad Nacional, del Consejo Nacional Indio, asesor del Consejo Mundial de Pueblos Indígenas y del Consejo Indio de Suramérica.

Actualmente dirigimos la Cátedra Libre Intercultural César Rengifo, que ha venido desmontando su memoria y el legado, pero también coordinamos el proyecto de incorporación del cacique Guaicaipuro al Panteón Nacional y con esto le cambiamos la configuración histórica cultural, educativa y espiritual.

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No siempre el humor debe causar mucha gracia

> En lo más vivencial hay que descolonizar al llamado humor criollo que es mantuano, imperial y de los ricos para reírnos de los indios, los negros, las mujeres, los discapacitados, los homosexuales
> Ese humor colonialista es también antiecológico, degrada a los animales y las plantas: “No seas burro”, “ese militar gorila”, “de Coche pa’ allá lo que hay es monte y culebra
> No usamos el concepto decolonial, preferimos hablar de interculturalidad del conocimiento que impida ser expropiados de nuestros saberes ancestrales. Es la interculturalidad de las ciencias, las filosofías, artes y espiritualidades, contra el discurso único de occidente
> La pretensión racista “civilización o barbarie” es la médula espinal del colonialismo

JUAN CERMEÑO/CIUDAD CCS
FOTOS JAVIER CAMPOS

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