Mentir bien la verdad

Carlos Cedeño

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Carlos Cedeño

La literatura es una forma de
mentir bien la verdad
JUAN CARLOS ONETTI

Escribir, aparte de mentir bien la verdad, es una manera de que lo literario encause la vida hacia una visión ilustrada, que es como decir humanista, del mundo. Por supuesto esto sería lo ideal, pero no siempre es así y se ha dado el caso que muchas veces esta idealización de la literatura sólo deviene en bella palabrería hueca. La literatura es en ocasiones una cosa y el literato(a) es otra y no siempre ni la una ni el otro van por el mismo cauce. En el chile de Pinochet se dio el espeluznante caso de Mariana Callejas, quien en su casa auspiciaba un taller literario y también se realizaban espantosas sesiones de tortura, práctica con explosivos y ensayos con gas nervioso. Apresada y liberada al poco tiempo jamás se arrepintió de nada (como buena sicópata) y no es paradójico que Patricio Pron escriba: «Mariana Callejas no se arrepiente de los asesinatos y torturas a los que contribuyó sino del hecho de que el conocimiento de los mismos haya truncado su carrera como escritora…» Roberto Bolaño la convirtió en personaje en la novela Nocturno de Chile, y contó con maestría una mentira para develar una verdad de absurdo obscuro y sangriento.

Buscarle utilidad tangible al acto de leer -o a la literatura- es una tarea infructuosa, por no decir vana.

Leer novelas o cuentos quizá pueda servir para conocer personajes menos cuadriculados que el vecino o historias similares a las que ocurren en nuestra cuadra (o en el barrio); pero historias aderezadas con ese trabajo, a veces arduo y concienzudo, de carpintería con el lenguaje.

La literatura es una de las muchas formas que asume la imaginación, de la cual supimos por André Breton, que nunca perdona. Un ejemplo, de lo implacable que puede ser la imaginación, podrían ser los cronistas de Indias que al llegar al nuevo mundo descubren una realidad que se parecía (o tenía muchos puntos de contactos) con la realidad de algunos libros, o de los cuentos y mitos oídos durante sus travesías de navegantes. El paraíso terrenal descrito en La Biblia se quedaba corto ante los subrayados paisajes con ríos inmensos como mares, cascadas lejanas, animales extraños y plantas jamás vistas ni soñadas. Estos cronistas con los ojos frotados por el asombro van a escribir/mentir bien la verdad en la que se juegan el pellejo. Escribirán con todo el arsenal intelectual del que disponen sobre una realidad siempre cambiante, que va transmutándose en el día a día y a la postre resulta insólita. Ellos contaran grandes mentiras tratando de acercarse (y acercar) a los lectores a un mundo inventado cuya base es una realidad distinta e inédita. Quizá, para eso sirve también leer/escribir: leer el mundo que nos ha tocado en suerte como si de un libro se tratara, idea que no es nueva, pero que sigue funcionando porque la magia de la imaginación prosigue moviendo sus engranajes, continúa escribiendo esos sueños para que la vida resulte menos árida y fría al tiempo que estamos frente nuestros adminículos electrónicos. Hoy parece que vivimos en esa verdad bien mentida de la ciencia ficción y alguno seguro nos lee y pasa la página en la pantalla.


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