Mi tío Germán

Armando Carías

No habían llegado a Venezuela los manuales de Tom Wolfe sobre el llamado “nuevo periodismo”, cuando ya Germán Carías, “mi tío Germán”, le había dado varias veces la vuelta al kilometraje de esa invención que, en los tempranos años 60 del siglo pasado, tuviera plumas del calibre de Truman Capote, Gay Talese y, algo más cerca, el argentino Rodolfo Walsh.

Contar historias de carne y hueso fue el sello que le distinguió como el periodista que, por primera vez en Venezuela, se atrevía a mandar al diablo la famosa formulita de “el qué, el quién, el cómo, el cuándo, el dónde y el por qué”; para transformar la rutina de la pauta en información de alto vuelo literario.

Intuyo que no en otra cosa pensaba Gabriel García Márquez -en esa alianza de la veracidad con la creatividad- cuando al referirse a sus días de reportero, solía calificar el periodismo como “el mejor oficio del mundo”.

Pienso en todo esto porque hace apenas unos días, el 25 de agosto, mi tío German cerró su vieja Remington y embaló, para siempre, las cuartillas que no alcanzó a llenar con las historias que escribía en el viejo edificio de Puerto Escondido, junto a su compinche Oscar Guaramato.

Invoco mi memoria y lo veo vestido de pordiosero, haciéndose pasar por mendigo a las puertas de un templo, para luego traducir su experiencia en un vibrante reportaje.

Cierro los ojos y lo encuentro entre rejas, dos veces preso: la primera para captar el testimonio de los privados de libertad en El Dorado; la segunda, en la PTJ (hoy CICPC), a donde fue a parar por orden de un juez que se sintió aludido por sus denuncias sobre la corrupción del Poder Judicial.
Sigo atrás en el tiempo y me lo encuentro en la Dirección de Prensa de la UCV, poniendo en mis manos el primer libro de redacción periodística que me tocó leer, un viejo manual de Francesco Fattorello, con el que descubrí lo que yo quería ser.

Por eso hoy, con el permiso que me concede la gratitud de sobrino y discípulo, rindo mi más amoroso homenaje a mi primer maestro de periodismo: mi tío Germán Carías Sísco.


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