Miguel Antonio Guevara: La poesía viene de lo etéreo, del ruido, del silencio…

El director ejecutivo de Monte Ávila Editores nos cuenta cómo fue que decidió sumergirse en el mundo de la literatura y la cultura

Nos recibió entre una gran biblioteca con más de 2.000 títulos. Era el lugar perfecto para hablar acerca de su vida. Desde muy pequeño goza de una existencia impregnada de letras, creatividad e imaginación, pues su madre es docente de preescolar y, por ser el mayor de 5 hermanos, era quien tenía la dicha de acompañarla a encuentros, congresos y formaciones pedagógicas a escala nacional.

Cuando apenas cursaba el segundo grado, tuvo que viajar a uno de esos encuentros, donde conoció al escritor Antonio Pérez Esclarín, quien le autografió un libro de tradiciones venezolanas de su autoría. “Cuando lo vi dije: ‘Guao… Yo quiero ser escritor’. Desde ese momento no he dejado de escribir”.

No tiene hijos aún, por decisión propia; sin embargo, resalta que es padre de dos gatitos, de nombre Horacio y Lucía.

Se trata del barinés Miguel Antonio Guevara, escritor, poeta, sociólogo, editor, artista del collage venezolano y actualmente se encuentra frente a Monte Ávila Editores Latinoamericana.

Cuando le pregunté su fecha de nacimiento, dijo con orgullo: “Tuve la suerte de nacer en la misma fecha en que nació Andrés Bello”. Se refiere al día, porque obviamente fue muchos años después.

Eso para él representa, de alguna manera, un primer estímulo al oficio que viene desarrollando.

—¿Cuándo fue que decidiste venir a Caracas?

—Luego de graduarme de bachiller me vine con un tío, presenté en la Universidad Central de Venezuela y no quedé; eso me decepcionó mucho. Por recomendación familiar empecé a estudiar derecho, pero no me gustaba. Duré un tiempito y luego decidí dejarlo. Estuve haciendo música un buen rato y más tarde caí en el taller de creación literaria de Monte Ávila, donde me hice parte de un grupo literario. Recuerdo que viajé al exterior y regresé con la idea de crear un movimiento. En ese momento estaba Chávez en pleno ejercicio presidencial y estaban recién inauguradas las Librerías del Sur. Fue en ese lugar donde encontré un libro del barinés Leonardo Ruiz llamado Palabras de la polis, y otro que se llama Leer llano, que contenía nada más y nada menos que ensayos de Enriqueta Arvelo Larriva y Jesús Enrique Guédez, quienes son dos grandes poetas que yo aprecio muchísimo. Fue cuando me conecté con toda una tradición literaria barinesa. Decidí ir a mi tierra natal e indagar en eso. Allá me gradué de sociólogo. Regreso a Caracas con la idea de aportar en lo literario a las gestiones públicas.

Considero que Caracas concentra muchas cosas, y entre ellas está la vida cultural. Yo sentía la necesidad de conectarme con eso para aportar en el proceso creativo.

—¿Cuándo empiezas a interesarte por la lectura y la escritura?

—Gracias a mi madre soy lector, ella siempre me leía. La lectura siempre va de la mano con la escritura. En primer lugar, una vez vi en una cartelera cuentos realizados por niños y niñas de la escuela. Es cuando caigo en cuenta que uno podía escribir su propio cuento. Empiezo a contar historias y recuerdo que una de ellas era la historia de un ciempiés que siempre llegaba tarde al trabajo porque se tardaba mucho en quitarse y ponerse los zapatos. Aún no recuerdo si yo me copié de alguien o si la historia era mía. Siempre estuve escribiendo, pero sin tener conciencia de que es una herramienta política. Lo hacía por ese vínculo con mi madre.

—¿Y la poesía?

— La poesía llega mucho más tarde. Leía mucho los cuentos de Horacio Quiroga. Aunque la mayor influencia en la poesía viene de lo etéreo, del ruido, del silencio; porque la poesía es mucho silencio.

La primera poesía que leí fue la del nicaragüense Rubén Darío, pero el punto de inflexión máximo es cuando conozco la obra del poeta falconiano Rafael José Álvarez.

La poesía te permite comunicar toda esa incertidumbre ante las cosas, incluso ante las certezas.

—¿Qué lees actualmente?

—Contragolpe absoluto, de Slavoj Zizek. Trata sobre refundar el materialismo dialéctico. Es pura epistemología, es un poco de eso, de pensar la imagen. La gente cree que los artistas actúan por inspiración, pero realmente hay un proceso de investigación detrás de todo eso. En cualquier poema, o cualquier imagen, existe un proceso para que el artista llegue a eso; cómo elaboramos ese tejido para crear un resultado, por supuesto desde la creatividad.

—Háblame un poco de tu trabajo en collage.

—Desde hace 9 años edito una especie de publicación llamada El Caracol de Espuma. Para mí es un panfleto fotocopiado. Eran puros poemas de amigos y lo hacía con la idea de compartirlos. Como editor se puede decir que es mi primera experiencia. Al principio empecé a utilizar formatos que me daba la herramienta de la computadora, pero no me agradaba mucho, y me orienté al collage, logrando una buena recepción en la gente. Desde ese momento empecé a tener un contacto con el hecho de tejer imágenes. En ese proceso de edición me di cuenta que esas imágenes son una especie de extensión del texto. Yo con esto no me considero un artista plástico, lo que hago es una extensión de mi escritura.

—De estos 2.000 títulos, ¿cuales han sido significativos en tu vida?

—Hay varios que me han marcado. Uno de ellos se llama La muerte de la literatura, de Alvin Kernan; es la crisis circunstancial, sociológica, y literaria de eso que llaman los estudios culturales.

El autor hace una especie de balance de la literatura contemporánea y la aparición de las herramientas digitales. Eso me interesa mucho, porque yo como escritor empiezo a hacerlo en blogs y posterior a eso empiezo a publicar en impreso. Para la mayoría de los escritores fue al contrario: se toparon con la crisis para escribir en el blog. El otro que me encanta y que leí mucho más temprano fue El mago de la cara de vidrio, de Eduardo Liendo.

—¿Para qué o para quién escribes?

— Yo escribo para comunicar. Vivimos en una sociedad permanentemente bombardeada; el sistema capitalista es una máquina trituradora de cuerpos, trituradora de sonidos, trituradora de artes, etc.

Por eso la mejor rebelión que tú puedes hacer en el siglo XXI es caminar o contemplar, hacer silencio. Comunicar es parte de la esencia de libertad porque quizás esa misma sociedad constituida alrededor del individualismo no permite que nos comuniquemos. Puede haber alguien que no te quiere escuchar, pero el papel en blanco y el lenguaje en toda su expresión siempre van a estar dispuestos a escucharte.

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Biografía Mínima

Nació en Barinas el 29 de noviembre de 1986. Es promotor cultural, escritor, sociólogo, editor y artista del collage venezolano. Ha publicado en poesía Pensando el poema, Hay un ruido que se escurre por debajo de las puertas y Ese instante turbio. Estudió sociología en la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales “Ezequiel Zamora”. Editor de El Caracol de Espuma, panfleto literario de distribución mensual y fue ganador del VII Premio de Poesía de la Universidad de San Buenaventura (Cali, Colombia) por el poemario Hay un ruido que se escurre por debajo de las puertas. Actualmente escribe sobre cultura digital, cine y otros discursos de las narrativas transmedia, además de animar espacios de reflexión en clave decolonial y desempeñarse como Director Ejecutivo de Monte Ávila Editores Latinoamericana.

TEXTO NIEDLINGER BRICEÑO PERDOMO
FOTO VLADIMIR MÉNDEZ

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