Mirada Internacional | Pueblos con poder

La América Meridional está atravesando una serie de tensiones que nos hacen pensar en un futuro incierto

Simón Bolívar llegó lejos en los planes integracionistas de lo que él llamó la “América Meridional”. Su estrategia de unidad aparece bien perfilada en su visionaria Carta de Jamaica: es una idea grandiosa formar de todo el Mundo Nuevo una sola nación con un solo vínculo que vincule sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene un origen, una lengua, unas costumbres y una religión, debería, por consiguiente, tener un solo gobierno que confederase los diferentes Estados que hayan de formarse. (Guerra; 10-11).

De manera tal que los procesos de integración de nuevo tipo son necesarios e indispensables para los fines que persiguen nuestros Estados en aras de su soberanía y de la autodeterminación de los pueblos… Y como es conocido, los Estados Unidos, a los fines de dar continuidad a su política dominante sobre los países de la América Meridional, han venido desplegando una serie de acciones y de planes que socavan la soberanía de los pueblos.

Países como Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Uruguay y Venezuela, a finales de siglo XX y principios del siglo XXI experimentaron cambios políticos cuyo propósito está dirigido a la transformación social en primer orden. Tales transformaciones se produjeron gracias a movilizaciones populares que han dado lugar a procesos políticos democráticos con participación activa, real, visible del pueblo, tal como lo ha señalado Raúl Zibechi (2007), en su texto Dispersar el Poder. Procesos que sin duda han empoderado al pueblo, le han conferido voz y lo han conducido progresivamente a generar transformaciones en nuestras realidades. Ya el pueblo no es un actor pasivo al margen del Estado.

Estamos, pues, ante un escenario en el cual los pueblos han encontrado las formas de hacerse del poder para dar respuestas a sus necesidades, para construir sus sueños y para diseñar un Estado en el cual el poder del pueblo tiene un peso fundamental. Zibechi tiene un corolario interesante de cómo fue ese proceso de empoderamiento de los sectores populares en las esferas de gestión gubernamental, que se resumen en los siguientes hechos:

La lucha con las guerras del agua y del gas que protagonizó Bolivia en el año 2000 y 2003, respectivamente, así como las insurrecciones que vivieron países de América Latina en 1989 (Venezuela: el Caracazo) y que pusieron a la defensiva al modelo neoliberal; los levantamientos de los indígenas ecuatorianos en 1990, quienes enseñaron que era posible resistir y tomar la ofensiva desde las bases comunitarias del campo y los barrios pobres de la ciudad y jugaron un papel relevante en la deslegitimación del sistema basado en partidos electorales en que se ha convertido la democracia. ¿Qué no decir del año 2001 en Argentina con la puesta en marcha del llamado corralito por el gobierno del presidente Fernando de la Rúa? Se trataba de la restricción de la libre disposición de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros. Esto provocó que el pueblo propiciara la crisis del 2001 que llevó a la renuncia del presidente De la Rúa. y a una situación de disolución e inestabilidad social y política que se extendería durante varios años.

Todo lo anterior condujo a un modelo de integración que hoy ha entrado en una gran tensión. Es el caso de la Unión de Naciones del Sur (Unasur), proyecto enarbolado por Hugo Chávez Frías y que nació con una increíble potencia al dar al traste con la tentativa de un golpe de Estado en Bolivia en el año 2008, y acabó con la posibilidad de una conflagración entre Colombia y Ecuador.

Mayéutica mundial | La crisis capitalista

Un interesante libro escrito por un profesor venezolano es el de Federico Villalba. Su título es La crisis estructural del capital y su esencia delictual. En esta obra Villalba se refiere al imperialismo y agrega que “ha creado todo un sistema cuya finalidad es el control hegemónico planetario. EEUU ocupa la posición dominante seguido de la UE.

Sobre el mismo tema cita a Umberto Eco, para quien la palabra imperial está “cargada de un contenido que denota dominación, poder o gobernanza”. Pero imperial, a decir de Villalba (2010: 432) está llena de especificidades esenciales para adentrarnos en su naturaleza: las armas y la economía, ambas imbricadas. Así, el “imperialismo es una necesidad histórica del capital, producto del desarrollo de la acumulación en gran escala. La tendencia de la acumulación del capital conduce al monopolio y luego al oligopolio. Y siguiendo la tesis de Samir Amín, el capital se apoya en cinco tipos de monopolios: 1. el de las nuevas tecnologías, 2. el control de los flujos financieros a escala mundial a través de WS; 3. el FMI y el BM; 4. el control del acceso a los recursos naturales estratégicos: gas, petróleo, cobre, agua, hierro, rubros agrícolas; 5. el control de los medios de comunicación: satélites, telefonía, TV, radio, comunicación impresa; 6. monopolio sobre las armas de destrucción masiva… ¿Cuál será nuestro destino?, pues el único monopolio que no dominan los imperios es el de los recursos naturales estratégicos.

MARBELYS MAVÁREZ LAGUNA

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