Mito y símbolo en Hermann Hesse

La primera y la segunda guerras mundiales, expresiones concretas del proyecto de la modernidad, el positivismo y la tiranía de la razón instrumental,...

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La primera y la segunda guerras mundiales, expresiones concretas del proyecto de la modernidad, el positivismo y la tiranía de la razón instrumental, determinaron la reacción de corrientes literarias, filosóficas y artísticas contrarias al absurdo, al carácter impersonal de la guerra y a la matematización de la vida. En colectivo, formado por experiencias comunes a toda la humanidad, una generación de creadores, unidos espiritualmente por sus modos de concebir la vida y distantes por los métodos empleados, se comprometió existencialmente en la lucha por denunciar el perverso y consciente aniquilamiento del ser humano. El poder y sus componentes sádicos suelen traer aparejados la humillación y la destrucción de las raíces espirituales firmemente integradas a la cultura de los pueblos.

La literatura de Hermann Hesse (1877-1962) surge en este contexto de sociedades de pre-guerra y post-guerra. Hesse escribe por una necesidad religiosa, íntima, en virtud de la introspección del mundo de la infancia, como acorde con la sola estructura mental de su existencia.

A partir del desarrollo de su personalidad, sus crisis espirituales y de los acontecimientos bélicos que transformaron su visión del mundo y de la vida, sus reflexiones crecieron luminosas en medio del nihilismo, la incertidumbre y el vacío dejado por el poder destructor de la guerra, la excesiva ordenación racional del mundo y las crisis de los fundamentos políticos y filosóficos de Europa.

Su visión del ser humano es un nuevo modo de estar en el mundo y de captar la realidad a través de la mitología, los arquetipos, las imágenes y los símbolos.

La literatura y el pensamiento de Hermann Hesse tienen sus orígenes en la tradición del romanticismo alemán de 1770 y 1830, sin desestimar su erudición acerca de los más variados temas: un tratadillo del cultivo de flores o la historia de la cerámica y el té, la espeleología o el estudio comparado de literaturas y filosofías de la India, China y de las tradiciones más antiguas de Europa y Asia.

Las tradiciones orientales las aprendería de su padre y sus abuelos, de los relatos orales contados por su madre y de la filosofía de Schopenhauer. Estas filosofías y tradiciones habitaron en él de forma inconsciente hasta que algunas enseñanzas del psicoanálisis, traducciones del Tao Te Ching, El Bhagavad Gita, los Vedantas y Upanishads, avivaron su interés por la filosofía perenne y la sabiduría de las culturas de un elevado contenido moral.

Hesse utiliza el lenguaje de Goethe y Novalis en su producción literaria, y convierte los vasos comunicantes de su literatura en expresión y crítica de la realidad contemporánea. El fundamento romántico-histórico recogido en la obra de Hesse prefigura el existencialismo no como filosofía sino como «estado de ánimo» (Maurice Friedman) y anticipa al pensamiento existencial de Albert Camus.

La filosofía y la ficción de Hesse están situadas entre el romanticismo de la tradición alemana y el existencialismo. El caos, la subjetividad, la libertad, el absurdo, la angustia, son categorías o formas de sentido que comparten aquellos modos de entender el hombre y su relación con el mundo. Pero aún con estas y otras variantes, los escritos de Hesse logran posicionar una transición entre el romanticismo y el existencialismo, así como reiteran una forma mítica de significación substancialmente de símbolos a través de los distintos tiempos y modos de expresión. De Novalis asimila el concepto de «pensamiento mágico». El pensar mágico es un concepto trascendente y ontológico para el autor de Himnos a la noche, en cambio para Hesse es un concepto inmanente y ético.

Tras la revalorización de la literatura alemana, el horror de la guerra y después de una meditada estadía con los resultados del análisis —Hesse se psicoanalizaría dos veces con Jung— advendrá Demian: La historia de la juventud de Emile Sinclair. Esta novela fue escrita en 1917. Su trama está marcada por la influencia de Nietzsche (soledad-renacimiento), Jung (Alma- Inconsciente colectivo), Bachofen (culto a la madre), Novalis (pensamiento mágico), Buckhardt (unificación de la historia).

Hesse recoge de la tradición romántica el motivo de la novela de formación, desplegada en la doble dirección de los años de aprendizaje de Emile Sinclair: la incertidumbre y la total reintegración de su personalidad. Es la narración en primera persona del protagonista desde 1904 o 1905 hasta la primavera de 1915. El joven Sinclair es oficial de reserva de caballería en 1914, un año más tarde, es herido en el campo de batalla de Flandes por una granada, y finalmente, muere.

Si la guerra había desencadenado la batalla total cuya consecuencias evidentes explotarían en la crisis del 1929 y sus arsenales asolaban los pueblos y desintegraban las tradiciones religiosas y culturales, los afectos y vínculos del hombre, Hesse presentaría una función integradora y adecuada a la disposición simbólica de su personaje Emile Sinclair.

Así, la búsqueda de sí mismo pretendía atraer para el propio campo de su personalidad toda la carga de sentido poseída por los valores internos y los verdaderos ideales trazados por Demian (la sombra en el sentido junguiano de Emile Sinclair), Knauer, Pistorius, Fraun Eva, Abraxas, Caín. La evidencia de la guerra tenía sus raíces en el interior del hombre y Hesse buscaba rehacer sus fundamentos éticos y existenciales de las ruinas evidentes de la hecatombe mundial.

Hesse plantea con Demian superar la visión judeocristiana: el principio del Bien y del Mal, Dios y el Diablo; por vías de una ética amoral que descubre en Nietzsche y Dostoyevski. Ética de la trasgresión de los valores y de las instituciones, de la rebelión contra el padre y los instintos sexuales reprimidos por la cultura burguesa. Ética que recupera, por el lado simbólico, el gnosticismo, el cultismo pagano de Roma, el símbolo del pájaro-huevo (Jung–Bachofen) y el Alma simbolizada en el personaje de Fraun Eva.

Hermann Hesse, después de un período de crisis espiritual, retorna al mito y al símbolo. El año de 1919 comienza la escritura de una breve novela, Siddharta. Tras reflexiones sobre la guerra, la India, China y su propia transformación espiritual llega a culminarla el año de 1922. Hesse, como lo hiciera en Demian, relata la historia de aprendizaje de un personaje: Siddharta.

Salvo la unidad entre la enseñanza y la evolución del protagonista a lo largo del relato, todas las demás fusiones y superaciones se encuentran representadas en imágenes, fuentes simbólicas y míticas. La simultaneidad y la totalidad de la experiencia del joven brahmán que se rebela contra la autoridad de las castas quedan representadas en el viaje que emprende a través del río y su encuentro con Kamala, Buda, Samanas, Vasudeva, Govinda: Deseo, aspiración, paisaje interior, silencio, fugacidad, renuncia.

Hesse utiliza el pensar mágico, herencia de Novalis, para integrar la vida de Siddharta a la del río, expresión simbólica de la síntesis. La coexistencia, la metamorfosis del tiempo y la simultaneidad del ciclo de transformaciones del personaje transcurren a través del cultivo de los sentidos y de la suspensión de los estados racionales. Siddharta aprende a «mirar» su psique, a escuchar la voz interior en medio de las tentaciones del mundo, de los artificios del lenguaje y de la seducción de un destino de «casta». El cruce del río es ya una aspiración a cambiar el paisaje exterior y adentrarse en el paisaje del alma, aspiración a mudar el tiempo lineal y dar paso a la transformación y a la experiencia de la unidad y totalidad de todas las cosas.

Demian y Siddharta representan sólo un estado de búsqueda y realización personal donde se alcanza la liberación y el retorno a las fuentes primordiales y cósmicas del ser humano a través del mito y del símbolo. La vida de Sinclair es la vida de toda una generación, y la de Siddharta, la vida de cualquier ser humano que busque la iluminación y logre alcanzarla meditando bajo un árbol de mango. Hermann Hesse desplaza los contenidos simbólicos individuales de los héroes (Demian-Siddharta) hacia una representación simbólica colectiva y alcanza un nivel universal en el relato autobiográfico El viaje al Oriente.

El viaje al Oriente es una novela de logia (sociedad secreta) en que se elige un héroe (H.H) guiado por una comunidad para expresar el sentido último de aquella. La configuración simbólica se apropia de las significaciones, y adquiere el derecho de cifrar y descifrar lo simbolizado, obteniendo, así, una dignidad autónoma.

Hesse reactualiza el tema de la simultaneidad y de la totalidad de las experiencias y la presencia constante de la desintegración del individuo. H.H. narra el intento del viaje. Es un narrador que escribe para salvarse del suicidio y de la nada. El arte de su escritura es la defensa contra el caos y el desorden del mundo y un motivo que intensifica la búsqueda del propio sentido del relato.

La idea de comunidad y solidaridad entre los miembros

de la peregrinación hacia Castalia, ocurre en un plano de desplazamiento de las estructuras narrativas, configurativas y simbólicas del viaje a Oriente. Leo, uno de los personajes (la sombra junguiana de H.H.) llega a fundirse con su alteridad cuya presencia es de naturaleza simbólica, y en el sentido narrativo, lo hace existencialmente presente, mientras que H.H. remite su arte de la escritura al reconocimiento de la experiencia del viaje que no puede ser comunicada.

Hesse pareciera decir que si hay una posibilidad de salvación para el hombre es a través de la creación de ámbitos mágicos, artísticos e intemporales que generen procesos integradores para convertirse en símbolos asequibles al entendimiento y a la sensibilidad, y de cuya revelación o destello, el hombre llegue a la comprensión del sentido de la vida. Escribe Hesse en 1930: «¿Es acaso el arte, desde la perspectiva del artista, otra cosa sino un intento por reemplazar la insuficiencia de la vida?»

JULIO BORROMÉ


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