Nâzım Hikmet por sí mismo

Portafolio

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[Mañana se cumplen 115 años del nacimiento del poeta, dramaturgo y novelista turco Nâzim Hikmet. De la talla de Cavafis y Pasternak, la obra de Hikmet va del sentimiento amoroso a la creación literaria como medio de lucha contra el fascismo, que en su época y país avanzaba para negar toda forma de libertad e ideal socialista. Tras 15 años de prisión, de la que salió libre tras una importante movilización de artistas encabezada por Tristan Tzara, Yves Montand, Picasso, Aragon, Camus, Sartre, Simone de Beauvoir, Hikmet se exilió en Moscú, hasta su muerte. Publicamos a continuación cuatro poemas de su autoría que fueron y son su hazaña a favor de la justicia.]

Te has cansado

Te has cansado de llevar mi peso Te has cansado de mis manos De mis ojos de mi sombra Mis palabras eran incendios Pozos eran mis palabras Un día vendrá de repente vendrá un día Sentirás el peso de las huellas de mis pasos Alejarse las huellas de mis pasos Y este peso será de todos el más difícil de soportar.

Recorrí a toda velocidad tus sueños

Recorrí a toda velocidad tus sueños Su resplandor ardió y se consumió Planté un ciruelo Y saboreé sus frutos. Amé tanto la tristeza Sobre todo en las piedras del mar En la mirada de la gente Y de repente dejé de amarla Qué bien que amara la lluvia Qué bien que pernoctara en la cárcel Amé a los que no pudieron Alcanzar toda mi felicidad Qué bien que amara los regresos.

Las seis de la mañana

Las seis de la mañana. He abierto la puerta del día y he entrado, el sabor de un azul reciente en la ventana ha venido a [mi encuentro, en el espejo las arrugas de ayer en la frente y en la nuca la voz de una mujer, suave como la [pelusa del membrillo, y en la radio las noticias del país y ya mi glotonería se desborda correría de un árbol a otro por el huerto de las horas y el sol, mi niña, se pondrá y espero que más allá de la noche el sabor de un nuevo azul me aguarde, espero…

Me acostumbro a envejecer

Me acostumbro a envejecer, es el oficio más difícil [del mundo, llamar a las puertas por última vez, la separación para siempre. Horas que corréis, corréis, corréis… Trato de comprender a costa de dejar de creer. Te iba a decir una palabra pero no pude. En mi mundo el sabor de un pitillo por la mañana con el estómago vacío. La muerte antes de llegar me envió su soledad. Envidio a los que no se dan cuenta de que envejecen, tan ocupados están con sus cosas.


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