No hace falta otra palabra: Ricardo fue Monumental

Clodovaldo Hernández

En la más conocida de sus fotografías luce como un señor con más edad. Con grandes entradas y lentes de pasta. Pero Ricardo Aguirre apenas si tenía 30 años cuando se marchó de este mundo, causando uno de los momentos de mayor pesar al siempre alegre y bullicioso pueblo zuliano. No era para menos porque aquel 8 de noviembre de 1969, se truncó la ascendente carrera de “El Monumental de la Gaita”, el cantautor de La grey zuliana, Maracaibo marginada, La pica pica y otras tantas piezas clásicas del repertorio gaitero.

Por supuesto que el sentimiento doloroso de los maracaiberos ante su partida abrupta tenía que traducirse en la misma métrica de retumbantes tambores y furros. En su pieza Nuestra plegaria, su hermano Renato Aguirre y los Cardenales del Éxito lo dijeron así: “Brota ya / Profunda melancolía / No hay alegría en la Navidad / Por el dolor de un pueblo que se levanta / Con un nudo en la garganta / Porque no está… / El fiel cantor de la gaita soberana / que le dio a la grey zuliana los matices de su voz / y se marchó / dormido sobre los hombros / de un pueblo que con asombro / partir le vio”.

La periodista y musicóloga Lil Rodríguez opina que esta pieza es la mejor gaita del siglo XX zuliano, y Ricardo no pudo cantarla “porque a pesar de que su autor mantiene una aureola misteriosa en torno a ella, no hay quien no sepa que está dedicada a su hermano”.

Para otro investigador, Xavier Sarabia Mariche, su ruta fue fulgurante, pues en apenas siete años se consagró como estrella indiscutible del género, que en Zulia es como decir, el principal músico entre todos los músicos. “Es maestro, cantor y cultor, un auténtico vocero del pueblo cuyo vehículo de expresión es la gaita. El momento cuando con sus letras y luego con la voz incursiona en ese género es un importante punto de inflexión. Y ‘el Monumental’ juega un rol fundamental al introducir contenidos sociales y apoyar la nueva organización que requieren los grupos gaiteros para acceder al mundo del espectáculo. Ello lo logra sin dar concesión alguna, el punto que a pesar de ingresar a la llamada ‘industria cultural’ no evita la persecución de sus creaciones y aun de su persona. Sus obras y sus modos de interpretación han marcado por siempre a la gaita. La muerte temprana, el homenaje con que el pueblo lo llevo a su sitio de reposo y las grabaciones con Los Cardenales del Éxito y Saladillo, muy merecidamente, lo convirtieron en una leyenda”.

Aguirre, siempre que se lo preguntaban, decía que el mérito le venía en la sangre, pues a sus padres los arrullaban con gaita en lugar de canciones de cuna. En el tema Vivarachera, otra de sus “cabillas” lo resumió en estos cuatro versos y su estribillo: “Soy gaitero por herencia / porque mamá fue gaitera / y papá fue de primera /cantando era una eminencia/ Esta es la gaita zuliana / alegre y vivarachera / Llevo en mi sangre gaitera / latente esta melodía / que linda es la gaita mía / (cantemos todos a coro) /estos compases de oro / de tan rítmica armonía”.

La gaita era pues, una cuestión genética, pero también geográfica. El futuro “Monumental” vivió sus primeros años nada menos que en el barrio El Empedrao, parroquia Santa Lucía (sí, donde había una barbería que era muy populachera… pero esa pieza no es de Aguirre), lo que equivale a una redoblada inyección de gaita. No es de extrañar entonces que desde muy niño estuviera en la movida musical, en la que habría de incursionar con la voz, con el cuatro, con la composición y con los arreglos.

Su breve tiempo en esas lides fue justamente la época en la que la gaita zuliana se precipitó sobre el resto del país con toda su fuerza telúrica y se transformó en un patrimonio nacional, si bien en las regiones no zulianas adquirió las características de un fruto de temporada: música inconfundiblemente navideña. Aguirre tuvo un rol clave en esa popularización a escala nacional.

En su caso, se conjugaron la peculiaridad de su vozarrón y el carácter social de sus letras para conseguir temas de mucha pegada. Fue tal el impacto de esa amalgama de cualidades que un “gaitólogo”, Octavio Urdaneta, lo apodó “El Monumental de la Gaita”. Nunca ha hecho falta otra palabra para definirlo.

La voz le sirvió también para desempeñarse como locutor y para sus labores de maestro, pues Aguirre estudió en la Escuela Normal Gervasio Rubio, en Táchira, de la que egresó a los 19 años de edad. Se desempeñó como docente en Bachaquero y Maracaibo, mientras empezó sus intentos por formar agrupaciones gaiteras con una llamada Los Sabrosos. Luego surgió Santa Canoíta y después Los Cardenales, que por entonces se llamaban así, a secas. Allí también militaron sus hermanos Rixio, Renato y Alves. Por divergencias, el grupo se dividió y surgió Cardenales del Éxito. Unos años después, una nueva división interna lo llevó a Saladillo, donde habría de cantar otras de sus grandes obras, algunas de ellas con un sabor todavía más tradicional. La zafra de Aguirre con esta agrupación incluyó La grey, su pieza fundamental, en la que rinde homenaje a la patrona de la Chiquinquirá en un contexto de protesta contra el centralismo y la corrupción. Corría el año 1968, había pasado casi medio siglo del gran auge petrolero del Zulia y la gente de la región se sentía identificada con la queja de Aguirre: “Maracaibo ha dado tanto / que debiera de tener / carreteras a granel / con morocotas de canto”.

Lejos estaban los zulianos de imaginar que aquella gaita entre las gaitas iba a ser la última joya de la herencia de “El Monumental”. Apenas unos meses después, en plena madrugada, estrelló su carro contra una camión y generó una de las manifestaciones de dolor más intensas que haya sufrido la grey zuliana.

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Años de canta y justicia

“Nada que fuera entonado por Ricardo Aguirre González pasaba por debajo de la mesa. Nada”, sentencia Lil Rodríguez, conocedora profunda de todas nuestras manifestaciones musicales.
“La notable empatía de todo el pueblo venezolano con Ricardo Aguirre encuentra explicación en la coherencia de un maestro que educó a millones a través de su identidad regional. Lo digo porque en Cumaná se escuchaba con afecto, y contagiaba su invitación: Esta es la gaita del día/ del año 65/ tanto el pobre como el rico/ la cantan con alegría”, expresa Lil.
Para esta experta en ritmos tropicales, La grey zuliana vendría después a ratificar el solidario vínculo entre la gaita y el anhelo popular. “Fueron años muy importantes para la canta venezolana asociada a la justicia. Ricardo por allá, Alí un poco más acá y ya Iván Pérez Rossi había compuesto ¿Dónde está San Nicolás? que el propio Ricardo quiso grabar, pero aquel accidente no se lo permitió”.
Lil se entusiasma hablando de “El Monumental” y comenta que con esta temporada gaitera nacional hemos entrado en el año cincuentenario de la desaparición física del cantautor, por lo que recomienda no escatimar en homenajes.
En Maracaibo ya están en eso. Si alguien lo duda, que le pregunte a Ramón Soto Urdaneta, quien ostenta el cargo de secretario de Estado para la Gaita e Identidad Nacional de la gobernación del Zulia. “¡Vergación!”.


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