Nunca estuve sola

La revolucionaria Nidia Díaz presenta un relato testimonial desde que fue hecha prisionera de guerra hasta su liberación

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La guerra civil de El Salvador fue un conflicto bélico interno que azotó a esta nación centroamericana por más de diez años, dejando a su paso un aproximado de 75.000 muertos y desaparecidos.

Las tensiones en el país se sentían con una década de anticipación. La derecha oficialista privó de muchas libertades al pueblo y abrió una gran brecha entre ricos y pobres, donde solamente el 10% disfrutaba de las riquezas del país.

Ante este contexto se alzó el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), fuerzas guerrilleras con una visión izquierdista decidida a hacer frente a la situación que embargaba al país.

Nidia Díaz, revolucionaria perteneciente al FMLN, luego de ser atacada junto a su batallón, fue capturada y puesta como prisionera de guerra, siendo sometida a un proceso que buscó en todo momento doblegar su espíritu luchador. Esta mujer pasó 190 días privada de su libertad, apartada de su hijo, de su familia y de sus ideas.

Para el momento de su liberación se vio en la necesaria tarea de hablarle al mundo de su experiencia, sin embargo, al no estar muy familiarizada con la escritura la idea se tornaba cuesta arriba. Primero un escritor le ayudó a redactar toda la experiencia, sin embargo no era lo que Nidia quería, pues el escrito parecía más un ensayo político y decidió hacerlo por su propia cuenta.Motivada por sus compañeros y la misma prensa, se arriesgó en múltiples intentos a llevar su testimonio a las letras.

El resultado deriva en Nunca estuve sola un libro testimonial que traslada la mente del lector a una selva tropical, llena de altos árboles que permiten con fluidez el patrullaje de los guerrilleros que luchan en condiciones desiguales ante un oficialismo respaldado por el Ejército de los Estados Unidos.

Así inicia la lectura, con una previa calma escondida, llena de camaradería y trincheras, amenazada por una posible emboscada que puede terminar en muertes y desaparecidos. De esa forma siempre lo vio Nidia, si alguna vez llegaría su fin en esta lucha sería cayendo en combate o misteriosamente desaparecida, sin embargo la realidad no sería esa.

Momento previo a su captura las balas circulan en todas direcciones alrededor de su batallón, ella logra ver cómo algunos caen y otros emprenden la huida; es allí donde es herida y cae con la mirada al cielo, por su mente se dibuja el fin de sus días, caer en batalla podría imaginarse como una muerte honrosa, pero en ese mismo cielo descubre a un helicóptero que ronda sobre su cuerpo y del cual baja un soldado, un norteamericano.

Para esta mujer guerrillera ser capturada por el enemigo que vino del norte es un golpe bajo a su moral, herida de bala en su pierna y con múltiples quemaduras en su brazo es trasladada a un cuartel, donde inicia un ciclo marcado por el irrespeto humano y las voces que recorren su interior.

Nunca estuve sola es una lectura más que testimonial, referencial, que permite resaltar los estragos causados por los Estados Unidos a lo largo de diversos países de América Latina, y de las luchas insurgentes que repudian el injerencismo yanki. La editorial El Perro y la Rana tiene el libro disponible en su colección Maneiro.