Opinión | Dolarización para principiantes

Elías Jaua Milano

Sostuve una tertulia con varios amigos economistas, unos defensores del control de cambio, otros de la libre convertibilidad. Les digo a ellos que mucha gente piensa que con la oferta de dolarización hecha por Henri Falcón, el monto actual de sus salarios va a ser en dólar y van a poder convertirlos en bolívares, a la actual tasa especulativa.

Me explican: “Según su principal vocero económico, Francisco Rodríguez, la dolarización tendría una primera etapa de transición o ‘voluntaria’, sustituiría todos los bolívares a una tasa fija de 70.000 bolívares por dólar. Quiere decir que el salario mínimo actual, dicho por este mismo vocero, será de 75 dólares mensuales, y los precios de los productos se fijarían en dólares en la misma equivalencia, al igual que los servicios públicos, agua, electricidad, telefonía, que se pagarían a precios internacionales, en dólares” . Saque usted su cuenta verdadera.

Me siguen explicando mis compañeros economistas que luego de esa transición, vendrá la desaparición definitiva del bolívar como moneda nacional, trayendo como consecuencia:

1) El Estado venezolano pierde su facultad de emitir dinero y, por ende, de implementar instrumentos de política monetaria, por ejemplo, en beneficio de la expansión de los derechos del pueblo, como ha sido durante el período de la Revolución Bolivariana. El Estado no podrá desarrollar planes de inversión social masivos, como las Misiones y Grandes Misiones; no podrá sostener la educación pública gratuita; no podrá decidir incrementos generales salariales y de las pensiones; no podrá regular tasas de interés para los créditos de acceso a la vivienda, ni para el financiamiento a la producción agrícola, industrial, mucho menos para el crédito personal, entre muchos otros “No podrá”.

2) Venezuela queda subordinada a la política monetaria de la Reserva Federal y a los intereses económicos y financieros de Estados Unidos de América, asumiendo estos la dirección de la política petrolera y minera. Perderíamos así el control sobre nuestro principal ingreso nacional, palancas del desarrollo económico y social, presente y futuro, de la Nación.

3) Se agravaría el rentismo petrolero, ya que el crecimiento económico dependería en su mayoría de un precio alto y constante del barril de petróleo o del incremento de mayores niveles de la deuda externa para poder mantener el circulante mínimo del “billete verde”, cuando haya caída de los precios petroleros.

En fin, concluyo yo, la dolarización no resuelve los problemas estructurales de nuestra economía, pero sí desmontaría todo el sistema de protección social construido en revolución, ya que esta política conlleva en su seno un plan de austeridad fiscal brutal. Por cierto, solo aplicable en nuestro país, a sangre y fuego, como lo hicieron en 1989.

Ahora bien, ¿cómo salimos de este laberinto económico en el que nos encontramos, sin sacrificar nuestra independencia política, económica y el modelo social socialista que hemos venido construyendo? Ganando estabilidad política con una masiva participación electoral; desmontando las estructuras mafiosas de funcionarios corruptos y privados corruptores que hoy ocupan todos los sectores de la economía, como la ha dicho el compañero presidente Nicolás Maduro; logrando estabilizar el régimen cambiario; apuntalando con recursos e insumos una política focalizada de producción de bienes necesarios para satisfacer las necesidades más urgentes y abatir la especulación; con un nuevo esquema de subsidios directos a todos los bienes y servicios, y la defensa de nuestro salario en bolívares. No será fácil, pero debemos librar esa batalla por la independencia, para consolidar la paz y recuperar la prosperidad.

En estas elecciones, la única candidatura que puede garantizar la superación de esta compleja situación sin perder nada de lo bueno que hemos logrado con la Revolución Bolivariana y socialista es la del compañero Nicolás Maduro. Por eso yo voto el 20 de mayo, para profundizar la lucha y retomar el sendero de la construcción de una sociedad donde quepamos todos con justicia, igualdad y dignidad. El sendero victorioso donde nos encaminó nuestro comandante Chávez. Dios mediante, nuestro trabajo mediante, así será.


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