Oscar Schémel: debemos promover, canalizar y madurar la participación popular

Plantea que el Estado debe estimular y llamar al empresariado en un sistema de economía mixta, con reglas claras y precisas

Un personaje poco común. En apariencia es frío, formal y estricto y podría contrastar con la sensibilidad que alguna vez expresó en poemas y prosa, con “muy buena adjetivación”. Se confiesa de  tendencia izquierdista, formado por curas que predicaban la Teología de la Liberación. Coincido con él en que es simpático e inteligente, brillante, diría yo, al asomar en sus análisis cualidades y perfiles muy acertados de los venezolanos y las venezolanas, que tanto hemos cambiado en estos 20 años de Revolución.

―¿Cuáles son los valores que considera más importantes?

―El valor fundamental para la sociedad y para el ser humano es la familia, la integración de la familia, la cercanía con ella, la reciprocidad motivacional… Hay otros valores muy importantes, la lealtad, la solidaridad, la honestidad tanto en el desempeño profesional como en el ciudadano.

―¿Cuál es el valor fundamental que caracteriza al venezolano?

―La solidaridad. Es impresionante la solidaridad del venezolano y lo estamos viendo ahora con el desprecio que han encontrado en el exterior entre hermanos latinoamericanos, cuando el venezolano siempre ha abierto los brazos a los extranjeros. Aquí hemos recibido a extranjeros de todas las nacionalidades y los han ayudado a consolidarse. Esa solidaridad entusiasta, militante, alegre, caracteriza particularmente a los venezolanos.

―¿Qué significa para usted la amistad?

―La amistad es una iglesia. Algo fundamental. Yo profeso la amistad como un valor clave. Los amigos son un regalo de Dios que no esperamos, los encontramos en el camino. Tengo suficientes amigos y a todos los trato con mucho afecto. Son una parte importante en la vida de un ser humano. Tengo amigos a los que no solamente me unen lazos de amistad sino de agradecimiento, de afecto y de solidaridad. Yo soy incondicional con los amigos. Por mis amigos verdaderos pongo las manos en el fuego.

―¿Qué libro marcó su vida?

―Son varios. La poesía de los poetas malditos. Hay un poeta venezolano que es José Antonio Ramos Sucre que me marcó y me inspiró en mi estilo literario cuando yo escribía. Me apasionan los libros de comunicación política, en particular, de psicología política… Llegué a publicar algunas cosas en El Nacional. Un libro que también ha sido decisivo en mi estilo literario se llama Ateísmo y Liberación de Antonio Pérez Esclarín. Otra obra del mismo Pérez Esclarín importante en mi vida es La Revolución con Marx y con Cristo. De mis escritos me gustaba cómo adjetivaba en prosa. Ya después, el quehacer cotidiano, la presión, los compromisos familiares me han alejado un poco de la literatura activa, aunque siempre trato de leer y de consultar.

―¿Cómo llega a hacer este trabajo de análisis?

―Desde tercer año de bachillerato, cuando salgo del liceo Jesús Obrero, yo quería ser comunicador. Antes de graduarme de bachiller, ya había decidido ser comunicador. Cuando tenía 15 años me vinculo a Punto, como bachiller, y tenía claro desde entonces que quería ser comunicador social. Luego me inscribí en la Universidad Católica Andrés Bello.

―¿Cuál es la satisfacción más grande de su vida?

―Tiene que ver con Hinterlaces, si hablamos solo de las satisfacciones profesionales. Haber fundado Hinterlaces contra viento y marea en los momentos más difíciles para el emprendimiento.

Estábamos saliendo de los tres meses del paro petrolero, las condiciones no eran las más convenientes ni favorables para un emprendimiento de este tipo, pero vimos oportunidades y desde el primer informe y desde la primera investigación tuvimos resonancia mediática entre los factores políticos y sociales que participaban en aquel momento. Nos destacamos inicialmente por la calidad de nuestros estudios cualitativos. Descubrimos a los “nini” y los identificamos así como determinamos que estaba surgiendo una relación de corte socioemocional entre los sectores populares y el Comandante Chávez. Fuimos los primeros que hablamos sobre la nueva subjetividad que estaba surgiendo entre el líder y las masas. Acertamos siempre en los resultados electorales.

Planteamos una tesis que causó mucha polémica que fue poco entendida en aquel momento, estamos hablando de hace 12 años, cuando dijimos que Chávez se estaba convirtiendo en un líder religioso pero sobre todo hemos profundizado mucho sobre la dimensión subjetiva, emocional, gramatical , simbólica del comportamiento social y político del venezolano.

―¿Qué opina de la política comunicacional del Estado?

―Ha sido muy acertada. El chavismo ha logrado transformar la identidad nacional popular. Ha aportado nuevos marcos de interpretación, nuevos símbolos, nuevos repertorios gramaticales, una relación de nuevo tipo con el liderazgo. Una expectativa con el liderazgo que solo se explica a través de este proceso. Las demandas de dignidad, respeto, inclusión surgen y se consolidan en este período. Asimismo, ha logrado construir hoy la única fuerza social, cultural y simbólica que existe en el país, que es el chavismo. El chavismo permanece a pesar de las circunstancias adversas y las dificultades. El chavismo tiene la cultura nacional popular.

―También hubo una cultura adeca…

―No. Esto es mucho más profundo. Los adecos abandonaron sus banderas populares, poco influyeron en la transformación cultural del país; en cambio el chavismo se ha dedicado durante los últimos 20 años, sobre todo el Comandante Chávez y ahora Nicolás Maduro, a aportar contenidos  que hasta influyen en los marcos de interpretación de análisis del venezolano, sea o no chavista.

Hoy el chavismo es una cultura política que atraviesa transversalmente a todos los sectores sociales. El más escuálido está influido por el discurso chavista, por ejemplo, el modelo de inclusión social no tiene discusión. Tantos unos como otros están de acuerdo en que debe consolidarse y desarrollarse un modelo de inclusión social que le dé cabida y participación a todos. Las banderas de unidad y respeto son asumidas incluso por los que adversan a los sectores populares. Son valores que están presentes en todas las audiencias, en todos los segmentos y en todos los sectores sociales. En el modelo económico también hay coincidencias fundamentales entre unos y otros, la mayoría quiere un modelo económico mixto con diversas formas de propiedad. La mayoría valora y reclama el rol que puede cumplir el Estado estableciendo políticas de reglas claras, pero también está de acuerdo con que la propiedad privada tiene un papel fundamental. Así como los chavistas entendieron que el Estado solo no puede, el resto de la sociedad que podría adversar al chavismo, con posiciones contrarias, entendió que la empresa privada sola tampoco puede. Debe haber una síntesis entre la empresa privada y el Estado, que le dé impulso y oriente la dinámica económica del país. Hoy hay consenso enorme con relación al proceso de inclusión y el modelo económico. De hecho, en nuestra opinión, ha surgido un nuevo sujeto social histórico que ha hecho síntesis de las posiciones contrarias de ambos sectores, Estado y empresa privada; Estado y mercado; justicia e igualdad, pero también progreso social; justicia e igualdad, pero también orden…

―¿Cómo quedan en este análisis los opositores?

―La oposición no termina de entender ni de aceptar lo que ha ocurrido en el país en los últimos 20 años. Hay un desprecio militante y una negación militante a todo lo que ha significado el proceso político venezolano de las últimas dos décadas. Yo creo que la explicación fundamental es el desprecio, es la ignorancia hacia todo lo que ha sucedido en el país, que lo incapacita para entender por su condición de clase porque en el fondo desprecian a los sectores populares. Desprecian su lenguaje, su manera de comunicar, sus ideas. Es un desprecio clasista y eso les impide aceptar y entender los cambios sociales y políticos que han ocurrido en el país. Por eso han venido de fracaso en fracaso,  por eso la oposición no logra convertirse en una alternativa. Hoy prácticamente son inexistentes. Ha sido una oposición que ha tenido dos propuestas en los últimos 20 años: “Chávez  vete ya” y  “Maduro vete ya”. No ha logrado desarrollar una propuesta, una idea, un mensaje, no tiene gramática propia, símbolos propios. Carece de gestos y hasta de un color cuando la lucha política es simbólica y allí también desprecian el aporte de la comunicación política moderna como herramienta clave para el desarrollo de una propuesta.  Ya ni se quejan, ni siquiera critican.

―Esa oposición amenaza con actuar a partir del 10 de enero de 2019

―Primero, el país se ha ido moviendo al centro político. Hoy 52% de los venezolanos se autodefine como ni chavista ni opositor. Lo que no quiere decir que no sea. La dinámica comunicacional y cultural  del país en los últimos años no deja de estar influenciada por el discurso del chavismo. Yo diría que el centro político venezolano es el centro político del chavismo. Es una sociedad que entiende el rol de Estado, de la empresa privada y del mercado.  Es una sociedad que entiende que no habrá progreso sin capitalistas, que no habrá socialismo sin capitalismo. Para avanzar en una etapa de transición al socialismo se necesita progreso económico, el desarrollo de las fuerzas productivas y allí es donde el emprendimiento privado cumple un rol fundamental, histórico, estratégico. No hay socialismo sin capitalistas y esto lo ha demostrado dos experiencias que podríamos traerlas porque son de trascendencia históricas claves: la china y la cubana.

―¿Por qué defiende tanto a la empresa privada?

―La defiendo porque considero que va a cumplir un rol fundamental para el desarrollo económico. No hay desarrollo económico sin emprendimiento privado y la historia tercamente se ha empreñado en demostrarlo. El Estado le ha restado importancia. Desde el Estado puede promoverse un sector privado nacionalista, productivo, emprendedor y trabajador.

―¿Qué opina de las empresas de producción social?

 ―Yo opino como los venezolanos. La mayoría está de acuerdo con un modelo de economía mixta donde existan diversas formas de propiedad. La propiedad de Estado en áreas estratégicas y los capitales privados nacionales e internacionales y la propiedad social donde también intervienen las comunidades. Todas esas formas de propiedad son bien valoradas por los venezolanos. Como dicen los chinos, al final no importa el color del gato sino que cace ratón, o como dicen ahora los cubanos, no importa de quién es la tierra, sino los frijoles.

―Eso es muy pragmático…

―La izquierda venezolana y la latinoamericana ha padecido de una ausencia de pragmatismo en el terreno económico muy grave, con la excepción de Bolivia que puede exhibir un proceso de cambios sociales y políticos en defensa de los sectores populares, pero también puede mostrar niveles sorprendentes de crecimiento económico, de los más altos del mundo, sin renunciar a los principios.

―¿Y nosotros hacia dónde vamos en lo económico?

―Lo que quisiéramos es que el chavismo logre, de una vez por todas, definir una ruta económica, definir una política económica moderna, que se inspire en las experiencias de China y de Cuba, y más cercano, de la experiencia boliviana donde el sector privado cumple un papel fundamental. El chavismo entendió que el Estado solo no puede y los opositores entendieron que la empresa privada sola tampoco puede ni debe. Los venezolanos están de acuerdo con un Estado que vigile y castigue los excesos del capitalismo.

―¿El país va por mal camino?

―Hoy 7 de cada 10 venezolanos dicen que el país va por mal camino.

―¿Y usted qué opina?

―Yo opino lo mismo. El Gobierno anunció en agosto medidas importantes que consideramos iban en la dirección correcta pero no termina de tomar decisiones en el campo del régimen cambiario, de la política monetaria, la política fiscal, del aumento del precio de los combustibles. Hay medidas fundamentales, claves, estratégicas que no se han tomado. Hay que entender que hay que ser pragmático en lo económico. Hay que defender el papel del Estado, pero también hay que entender el rol fundamental del sector privado. La igualdad sin límites puede ser muy injusta.

―¿Usted cree que perdure la Revolución Bolivariana?

―El proceso está fundamentalmente amenazado por el modelo económico. Es en la economía en donde se va a decidir el futuro de la Revolución.  El chavismo ha creado una nueva identidad popular nacional pero también el chavismo tiene presencia en toda la institucionalidad. Es mayoría por el Ejecutivo, por el Legislativo, por la ANC, por el Judicial, está presente en la mayoría de las gobernaciones, de las alcaldías, de las cámaras municipales. Tiene presencia indiscutible en los movimientos sociales. No hay ninguna otra fuerza social y política con esta presencia inmensa. El discurso dominante es el de la Revolución.

―¿Qué tiene Maduro de dictador?

―Puede haber habido algunos excesos, pero es que estamos en una guerra. Desde hace 18 años hay una confrontación que busca acabar de raíz con la Revolución Bolivariana, que ha violentado todos los mecanismos democráticos y legales para sacar al chavismo del poder. Si alguien aquí se ha comportado de manera dictatorial, autoritaria, antidemocrática e ilegítima es la oposición venezolana. Y el Gobierno, frente a unas reiteradas tentativas insurreccionales, se ha defendido. El Estado, en cualquier parte del mundo, se prepara y enfrenta cualquier amenaza contra la institucionalidad.

―¿Qué pronostica para el próximo año?

―La mayoría de los venezolanos son optimistas. La sociedad venezolana, después de las guarimbas de 2017, esta curada en salud. Más de 80% de los venezolanos rechaza la violencia y los atajos. La mayoría quiere decidir su futuro con el voto. Uno de los logros de esta Revolución es que ha impulsado un proceso de maduración política y social del venezolano. El venezolano se siente involucrado así sea simbólicamente, se ha sentido involucrado en la agenda pública. 73% de los venezolanos piensa que este año fue económicamente peor que el año pasado y  54% opina que el año que viene va a ser mejor que este año que se va. El venezolano sigue siendo, a pesar de las dificultades, optimista, está esperanzado y tiene fe en que las cosas van a mejorar.

―¿Y usted que cree?

―Yo pienso que el Gobierno está dando pasos en la dirección correcta y que finalmente va a tomar las decisiones adecuadas, sobre todo para enrumbar el desarrollo económico. La economía no solo es la principal preocupación de los venezolanos, la economía es el terreno donde se va a decidir el futuro de la Revolución. Hay un sector de la oposición que va a insistir en la ruta insurreccional pero sin fuerza interna, solo le queda el respaldo internacional de algunos gobiernos muy reaccionarios, pero el Gobierno Bolivariano también tiene sus aliados internacionales y eso le va a permitir seguir avanzando. Al final, estas tentativas y estos factores internacionales que se han involucrado en la dinámica interna lo que hacen es radicalizar el proceso.

―¿Cree que eso es posible?

―Va a ser indispensable. En la medida en que se radicalicen estos factores externos que lo que han hecho es complicar la situación del país. Decía Leopoldo Puchi, en una de sus columnas, que muchas manos en la sopa ponen el caldo morado. Eso es lo que han hecho muchos de estos gobiernos reaccionarios. Somos los venezolanos quienes debemos decidir nuestro porvenir. Incluso la nueva carta magna que se está trabajando en la ANC, independientemente de que parte de la sociedad la adverse y otra parte la respalde, puede ser una oportunidad histórica para que nos pongamos de acuerdo en un proyecto de país que va más allá de la firma de un documento de carácter constitucional que obligue a todas las partes, a todos los venezolanos y que le dé cauce al proyecto político. Se está preparando un primer borrador, todavía no hay un texto definitivo, todavía falta, pero ahí hay una gran oportunidad para definir el rumbo del país y nos pongamos de acuerdo. Y no es un documento cualquiera sino la carta magna.

―¿Está usted convencido que hace falta ese cambio en la constitución?

―Creo que en este contexto de conflicto, de confrontación, estaría planteado algunas reformas al texto constitucional que permitiera reencontrarnos, reconocernos y ponernos de acuerdo. Más allá de si es una reforma o un cambio, creo que lo clave es que podemos redactar un nuevo texto constitucional para un nuevo pacto social que resuelva las contradicciones de hoy. También creo que hay sectores opositores que van a apostar al diálogo.

―¿Qué opina del Estado comunal?

―El Estado comunal no existe, ni va a existir en el nuevo texto constitucional, por lo menos lo que yo observo. El Estado tiene ya su forma, lo que no quiere decir que no se constitucionalice la participación de las organizaciones populares. De hecho, hay constituyentes que están hablando de un congreso bicameral donde una de las cámaras corresponda a la representación de los sectores populares a través de las comunas, pero eso no significa un Estado comunal, significa darle forma a una cámara que permita la participación del pueblo organizado. El Estado seguirá estando conformado por los cinco poderes. Pero hablar de Estado comunal no tiene sentido en este momento. Mi opinión es que hay que promover, canalizar y madurar la participación popular. Y ésta no tiene eficacia política si no es una participación políticamente consciente. La participación más acertada del pueblo es cuando hay bienestar. El lumpen jamás ha sido vanguardia de ninguna revolución, más bien han sido factores regresivos. El pueblo, en la medida en que vea mejorar sus condiciones materiales, también madurará políticamente. Su consciencia será más clara, más sólida para liderar los cambios fundamentales que necesita cualquier sociedad, pero esos son procesos largos. Los procesos de maduración social y política de los movimientos populares son largos, prologados. Intentar quebrantarlos o acelerarlos no tiene sentido.

―¿Cuál es el logro más significativo de la Revolución Bolivariana?

―Te voy a repetir lo que dice la gente pobre, de los sectores populares, para la mayoría de los venezolanos uno de los mayores logros de la Revolución ha sido el respeto, la dignidad, la participación. La gente dice: “Antes nadie nos tomaba en cuenta para nada, antes no existíamos”. Yo creo que la dignificación y el respeto que han alcanzado los sectores populares, así como la participación, independientemente si es simbólica o real, los venezolanos hoy se sienten protagonistas del proceso, se sienten que participan, que están involucrados y que se les toma en cuenta. Antes nadie los consideraba  para nada. Y se trata de un logro histórico e irreversible. Los cerros bajaron hace 20 años y no han vuelto ni volverán a subir, son parte fundamental de la sociedad venezolana. Con decisión, con protagonismo, con consciencia.

―¿El pueblo venezolano tiene consciencia?

Sí. El pueblo venezolano ha alcanzado consciencia. Todavía vive un proceso de maduración social y política. Pero este no es el mismo pueblo de hace 20 años, y el chavismo debe adaptarse. Las preguntas que se hacía el chavismo hace 20 años hoy son otras y las respuestas tienen que ser otras. El país no es el mismo y ese es un logro de la Revolución. Pero la Revolución también tiene que adaptarse a esos cambios y no puede seguir hablando con el mismo discurso de hace 20 años, tiene que dar respuestas distintas a preguntas distintas. Hoy el tema económico es clave y es allí donde tiene que concentrar esfuerzos, en diseñar un modelo económico diversificado, post-rentista con un rol fundamental del Estado, pero también con un rol crucial de la empresa privada y de las comunidades.

―¿Cuál es su diagnóstico de la libertad de expresión en Venezuela?

―Aquí hay y sigue habiendo libertad de expresión. Hay consciencia y moderación en los medios de comunicación. Una de las cosas que ha aprendido la empresa privada es a no participar en movimientos insurreccionales. Creo que si hay alguien que ha obtenido la lección y ha madurado políticamente es el sector privado. Hoy hay un sector empresarial nacionalista, humanista, progresista que sigue ganando dinero y quiere ganar más.

―¿Y cómo se manifiesta eso?

―Aquí hay grupos económicos muy importantes que siguen invirtiendo y respetando la ley y la constitución.

―¿Cómo cuáles?

―No sería bueno mencionarlos pero hay grupos importantes en el sector comercial, industrial y yo creo que esos son los nuevos aliados de la Revolución. De hecho, en nuestros estudios, ya la empresa privada no se ve como un enemigo, como antes, se ve como un aliado. Hay una revalorización del sector privado porque la mayoría de los venezolanos piensa que este sector puede cumplir un papel fundamental para la superación de la hiperinflación y el desabastecimiento. Pero no son posiciones neoliberales en extremo, la gente sostiene que la empresa privada tiene que cumplir un rol fundamental en la solución de los problemas económicos, pero también dice que el Estado debe cumplir su papel en la conducción de la economía y en establecimiento de reglas claras, y que debe promover la inversión privada. No importa de quién es la tierra, sino los frijoles. Eso lo decía un cubano que fue asesor económico de Raúl Castro que vino para un foro aquí en Venezuela.  Ese es un debate apasionante.

―Pero cuando Maduro sube los sueldos, los empresarios encarecen todo…

―Porque no están dadas las condiciones. Hay una economía hiperinflacionaria que no permite estabilizar los precios. No es un problema de querer o no querer del empresariado. El contexto económico lo obliga a actualizar los precios, prácticamente, a diario. Los proveedores de las grandes cadenas comerciales ya no venden a crédito, hay que pagar por adelantado y mañana es otro precio. Debe haber un diseño, un modelo económico que resuelva esas distorsiones. El Estado tiene que gobernar con el mercado, no para el mercado ni a favor del mercado. Son las leyes económicas que deben ser respetadas y tomadas en cuenta. Uno de los problemas en Venezuela es que no hay oferta, no hay producción. No hay suficiente competencia. Esos son los nudos fundamentales que hay que resolver.

―¿Qué opina de las redes sociales?

La tenencia de teléfonos celulares ha disminuido en 13% y ha aumentado la influencia de la televisión, ha incrementado además un poco la influencia y la demanda de la radio y bajó la demanda de medios impresos debido a las dificultades. Las redes sociales siguen teniendo una influencia importante en la cobertura, pero creo que viene estabilizándose o viene creciendo menos aceleradamente porque ha disminuido la tenencia de equipos celulares.

―¿Su mensaje para los venezolanos en esta Navidad?

―El 2019 va a ser un año complejo que debemos enfrentar con optimismo. Mientras más difícil, más optimistas debemos ser para poder enfrentar las dificultades con éxito. El venezolano tiene que seguir asumiendo la paz, la convivencia, el reconocimiento del otro como una bandera fundamental, ahí está la gran posibilidad de salir adelante. El venezolano no es violento ni apuesta a la guerra, es un ciudadano, un ser humano excepcional, solidario, alegre, optimista… yo creo que con ese potencial vamos a salir adelante en un país que nos brinda tantas oportunidades.

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Biografía mínima

Nació en la Cruz Roja, en La Candelaria, y vivió mucho tiempo en Catia. Cursó estudios en el liceo Jesús Obrero y en el Fermín Toro. Fue militante de la Liga Socialista y de otros movimientos políticos de izquierda. “Si tuviera que autodefinirme, me definiría como un hombre de izquierda”. Tiene la convicción de ser de izquierda, progresista y “eso lo entiendo como alguien con pensamiento moderno actual, con una visión humanista de la sociedad”. En lo personal, se califica de buenmozo y simpático. ¿Inteligente? “Sí, se podría decir que soy inteligente, tengo ciertas capacidades, pero también soy solidario y muy humano”.  Cree en el ser humano y en Dios. “Creer en el ser humano es creer en Dios”. Es cristiano, creyente. Desde niño no simpatiza con la religiosidad institucional. Los curas con los que se educó eran de izquierda, jesuitas que asumían la ideología de la Teología de la Liberación.

TERESA OVALLES MÁRQUEZ
FOTOS AMÉRICO MORILLO

 

 


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