Mi pana Pablo Antillano

Humberto Márquez

Por esas vainas de las buenas vibras de comunicaciones no racionales, la mañana del 6 de febrero pensé en Pablo y en la mejor de las buenas vibras presumí que hasta iba bien por no ver llamados de la familia en las redes. Para esas horas estaba agonizando, lo mismo me pasó con Stefania Mosca. Pero más allá de esos mordiscones al subconsciente en momentos cruciales, no quiero dejar de decir mis afectos por Pablo.

Pablo, mi querido Pablo, no recuerdo cuando nos conocimos, pudo ser en Maracaibo, que tampoco, porque yo salí en el 70 y ya creo que estabas en Chile. Lo único que sé, es que siempre hubo un afecto originario.

Siempre sus acciones conmigo me abrieron los caminos. Un día compré el álbum de Maestra vida de Blades. Al llegar a casa escribí un artículo, que a la mañana siguiente entregué en El Nacional a Ramón Hernández, quien se lo entregaría a Pablo, coordinador del Cuerpo C. En pocos días salió publicado y un tiempo más tarde, me encontré a Rubén y al contarle del artículo, me reconoció porque César Miguel se lo había enviado a NY.

Años más tarde, lo invité a un evento que monté como asesor cultural del Ministerio del Ambiente, un foro con Soto, Cruz Diez, Zapata y el sabio Francisco Tamayo, a él le encantó. A los días destituyeron al ministro Orlando Castejón, amigo de mi madre, y llegué a casa tan triste que me tiré en el suelo de la sala y allí dormí. La tesis era que había que tocar fondo, jeje. A las 9 de la mañana sonó el teléfono, era Pablo nombrándome jefe de prensa de Fundarte.

Hubo encuentros lúdicos en La Candelaria, en su apartamento de San Bernardino, muchas fiestas del Club del Ron y de Fumadores, y académicos como cuando coincidimos en el curso de Ciencias Políticas con Juan Carlos Monedero. La última vez nos vimos en El Moderno, yo andaba con Dilcia y nos abrazamos los 3 con mucho afecto, a pesar que nunca pudo la política con la amistad; sin saber que más nunca podríamos hacerlo de nuevo. Te quiero burda Pablo, snif, buuu y todas las onomatopeyas del llanto.

 


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