Paul Gillman: resulta rídiculo cuestionar un festival de música

Cuando comenzó, su gente le auguró que moriría de hambre, pero luego de 42 años de carrera aún sigue vigente

Su madre estaba empeñada en que estudiara ciencias económicas, para que algún día formara parte de la nómina de la empresa de su tía, pero su pasión desde chamito era la música. Luego de vivir un largo tiempo en Valencia, obligado por la alergia que le producía la flor de una planta gramínea conocida popularmente como capín melao que se reproduce en el Waraira Repano, volvió a Caracas. Hace 42 años, cuando incursionó en el rock, todos sus conocidos le auguraron que moriría de hambre como cantante de ese género. Contra todos los pronósticos, a lo largo de su carrera ha grabado 20 producciones discográficas y ha estado en tarima en 27 espectáculos en el Poliedro. Además, resalta el género en su programa Cultura rock en radio y televisión y es promotor de nuevos talentos a través del festival musical GillmanFest.

—¿Hubo algún evento especial que le hiciera descubrir que lo suyo era la música y, específicamente, el rock pesado?

— En 1968 vi un programa en Venezolana de Televisión (VTV) que se llamaba Los monkys, en el cual aparecía gente con guitarras eléctricas, baterías, el pelo largo; era una imitación de The Beatles. Bueno, eso fue amor a primera vista. De allí en adelante cambió mi vida para siempre; tanto que en eso sigo, porque promociono el rock en radio y televisión a través del programa Cultura rock, que cumple el año que viene 20 años en el aire. Es el único programa de rock en el planeta tierra con ese tiempo en el aire de forma ininterrumpida. Además de estar siempre en tarima, promociono conciertos de bandas emergentes. En conclusión, el rock es mi vida. Yo nací para esto, aunque mi familia en principio me haya dicho que había nacido en el país equivocado.

—¿Cómo fueron sus inicios en el rock nacional? ¿Quién lo metió dentro de esa cultura?

En un ensayo me metieron a tocar como baterista de una banda que se llamaba Ekutrón -tenía nombre de electrodoméstico- (risas) y cuando el tipo volvió de la recluta me quedé sin trabajo. Entonces, el jefe de esa banda, que se llama Servio Ferrer, me dijo: ‘bueno, chamo, pero allí hay un micrófono’ y eso cambió el curso de la historia en 1976. Sin querer queriendo, terminé siendo cantante y así comenzó mi carrera. Después vino Power Age, Arcangel y todo lo demás.

—¿Cómo nace la idea de realizar festivales y de promocionar cantantes y bandas emergentes?

—Ese era un viejo sueño mío de muchacho. A mí me costaba mucho comprar una entrada para asistir a un concierto -eso fue en la IV República, cuando habían pocos conciertos y los pocos que se hacían la Guardia Nacional los acababa a palo limpio, así la gente se estuviera portando bien-, entonces, en esa época fui soñando que yo algún día formaría mi banda de rock. También soñaba con organizar un festival en el cual los participantes y el público no tuvieran que pasar lo que yo pasé; que entraran completamente gratis, los cantantes y toda su familia. El primer festival se montó en 2007, en un Aló Presidente Internacional, desde Buenos Aires. Es allí cuando Chávez me mandó el rayo que -como la mochila de Adán- sigo cargando: ‘Bueno, Paul, móntate un festival de rock internacional; Farruco (Sexto), móntate en eso’, nos dijo Chávez. Entonces Farruco y yo inventamos lo que se llamó el Festival de Música Urbana, que duró dos años. Luego yo hablé con el Comandante Chávez y le dije: ‘Mire, eso lo engavetaron, y yo una orden suya no dejo de acatarla’. Quedamos de acuerdo que de allí en adelante se iba a montar otro festival que se llamaría GillmanFest, que arrancó en Valencia.

—El festival Suena Caracas se está desarrollando en medio de una polémica. Como artista contratado, ¿qué opinión tiene de las personas que están contra este espectáculo?

— Me parece una ridiculez, porque la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela reza en su artículo 111 que ‘todas las personas tienen derecho al deporte y a la recreación como actividades que benefician la calidad de vida individual y colectiva. El Estado asumirá -subrayo- el deporte y la recreación como política de Estado y garantizará -subrayo- los recursos para su promoción’. Si vamos a la Ley Orgánica de la Recreación, en ella se destaca que ‘siendo el Estado el garante de las políticas, planes, programas y proyecto de la República para la satisfacción del derecho humano fundamental a la recreación, asimismo, a la disposición, disfrute y mejor inversión -no gasto- del tiempo libre, se concibe la recreación como una acción libertaria y transformadora. El Estado venezolano está obligado -subrayo- a crear, impulsar y promover condiciones y oportunidades de recreación a toda la población. Por lo tanto, está plenamente justificado -subrayo- que el Estado asuma la recreación como política de educación y salud pública’. ¡Ná guará! ¿Qué más quieren?

—Ha estado en varios liceos llevando a los jóvenes su mensaje antirreggaetón. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

—Hemos estado llevando el mensaje del rock. Estamos hablando con los niños de nuestra lucha frontal contra el reggaetón, contra los antivalores que este género inculca a los chamos. Siento que tenía que hacer eso: concientizar un poco a los chamos, sacarlos de ese estilo que lo que hace es multiplicar el embarazo prematuro. Llevamos el mensaje positivo del rock; de una persona que nunca en su vida ha probado drogas, ni siquiera ha fumado cigarrillos. Otras veces no les hablo directamente del tema, sino que les hago entender lo importante que es trazarse una meta como la que yo me tracé cuando quise ser cantante de rock contra todas las adversidades.
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*Biografía Mínima

Paul Gillman nació en Caracas en 1960, aunque luego se mudó a Valencia, donde hizo gran parte de su carrera artística. Es actor de doblajes y ha prestado su voz a personajes como Patricio, de Bob Esponja, los X-Men y Batman del Futuro. También es locutor y presentador de televisión. Gillman cantó una canción que hizo llorar al Comandante Chávez: Levántate y pelea, tema que compuso en los 80 y expresa la rebeldía y las ganas de insurgir que tenía reprimida la gente de esa época. Nombró a Elkin Ramírez como su sucesor en vida en la banda Gillman y causó furor en las redes cuando se retrató frente a su propia tumba. De este episodio contó que aspira que “en el futuro (espero que muy lejano) el lugar se convierta en el punto de encuentro de los amantes del rock nacional”.

JUAN RAMÓN LUGO / CIUDAD CCS

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