Pdvsa

Néstor Rivero

A lo largo de cien años Pdvsa ha constituido para la nación venezolana -como a menudo repiten numerosos analistas-, “la gallina de los huevos de oro”.
Por circunstancias que escapan a la extensión del presente artículo, Venezuela construyó una economía basada en la explotación de un solo producto de exportación, abandonando la agricultura, ganadería, manufactura industrial e investigación científica y tecnológica. Y a ello se le denominó “modelo rentista”, como si dicha circunstancia equivaliese a “ingreso pecaminoso” o distorsión estructural. Con mayor propiedad un término que explica al fenómeno profundo de la desfiguración estructural productiva es el de “modelo de economía monoproductora”, indistintamente de que provea una renta cuantiosa o reducida.
Venezuela como todo país que se proponga el desarrollo y status de una potencia regional, debe utilizar sus proventos fiscales, todos, los que se deriven de la actividad extractiva hidrocarburífera, aurífera e incluso eólica si fuese el caso, para financiar su industrialización y su emancipacion alimentaria, con un plan de lago plazo y medido por metas y objetivos trazados en lapsos y etapas. Allí no hay pecado. Sin embargo, en el cortísimo plazo urge retomar la elevación del ritmo extractivo de Pdvsa, para apalancar cualquier proyecto nacional en los órdenes económico, social e institucional democrático y de inclusión. Se debe viabilizar iniciativas que aseguren restablecer en unos seis meses la producción de dos millones de barriles diarios, y llegar a 3 millones en año y medio aproximadamente, no seis millones -meta que en la circunstancia luce insostenible-. Y para reiniciar el despegue extractivo de Pdvsa, hace falta inversión más arraigo de la fuerza laboral. Estimular en el corto plazo capitales que aporten 5 MM$, para adquirir diluentes, cabezales, demás repuestos y compensaciones salariales.


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