Pre-traidores

Earle Herrera

El traidor no nace, se hace. O lo hacemos. Todo corrupto tolerado o perdonado es un traidor en embrión. Cualquiera que le roce el rabo de paja, lo voltea para su lado. Pregúntenle a Trump. El dedo como decisor de cargos públicos es un catalizador de la corrupción, por ende, de la traición. Es cuestión de que aparezca un mejor postor, o, si quieren, un mejor dedo. Encumbrar a no calificados ni aptos en responsabilidades que lo desborden es otro peligro. Todo jalabolas incuba un traidor.


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