Aquiles Báez: folclor heavy desde una platabanda

"Le gustaba la noche y allí le fue tomando el pulso a la humanidad de la música..."

21/09/2022.- Podía hacer que la guitarra llorara con desconsuelo o que riera a carcajadas. Podía hacerlo con géneros y ritmos muy distintos entre sí y era capaz de mezclarlos y generar unas mixturas únicas de lo tropical con la música académica europea, de lo afro con la guitarra clásica.

Era instrumentista y a la vez compositor, arreglista y, sobre todo, maestro. 

Aquiles Báez, según los oídos más educados, había encontrado una ruta propia en su impecable ejecución de las seis cuerdas. Por eso al morir tempranamente se ha transfigurado en un desafío para los guitarristas no solo de Venezuela, sino del mundo entero.

Prolífico, multifacético, genial, complejo y a la vez capaz de llegar al público masivo, Báez ocupa, con todo derecho, un lugar en la historia contemporánea de la música venezolana y de la guitarra a escala global.

Se trata de dos méritos descomunales, pues para ser un músico destacado en esta hipermusical Venezuela, hay que ser bueno de verdad. Y para sobresalir en el competido ámbito global de la guitarra, ni se diga.

Su mano derecha hacía magia al tocar la guitarra.

Para conocer sobre Báez recurrí –una vez más– a Lil Rodríguez, y como sería un sacrilegio alterar el texto que ella amablemente me envió, acá va casi íntegro:

“A Aquiles lo inició en la música su hermano mayor Julio, cuando le dio un cuatro, y cuenta Diego Silva Silva que tenía una poderosa mano derecha para ese instrumento. Pero lo fueron llevando a la guitarra y se revelaron sus mejores aptitudes”, arranca Lil.

“En el Conservatorio Simón Bolívar de Caracas inició formalmente sus estudios académicos, pero hay un detalle importante a tomar en consideración: Aquiles era un fervoroso seguidor de la música de tradición, folclórica y popular, desde el jazz hasta el bolero, y le encantaba acompañar a diversos vocalistas en sus presentaciones y hasta en grabaciones. Le gustaba la noche y allí le fue tomando el pulso a la humanidad de la música, a los tropiezos de sus compañeros y de él mismo y a lo que había que hacer para mejorar”.

Y sigue: “El mismo Aquiles, muy inclinado a la palabra, vio sus etapas divididas claramente. Hay un período de canción, de letras, de expresión a través de la palabra; y hay un período en el que Aquiles hizo la música sin palabras, buscando en la ejecución instrumental otra forma de comunicación. Posteriormente retornaría a lo cantado”.

La musicóloga y periodista ofrece su propio punto de vista:

“La revolución sonora y de propuesta de Aquiles, en mi concepto, comenzó en 1991 cuando se dio a conocer el álbum doble La noche del Morrocoy Azul, que rompió con lo establecido y vinculó a toda una brillante generación de creadores en la música y en la búsqueda. En esa propuesta Aquiles incluyó dos temas de su autoría y acudió a Taumanova Álvarez para la voz. Hubo músicos brillantes allí, desde Cristóbal Soto, Cheo Hurtado, Luis Julio y Alonso Toro y Jaime Martínez hasta Jesús González, Henry Martínez, Alejandro Rodríguez y David Hurtado, contando con la hermosa voz de Taumanova”.

“Ya había un antecedente de lo que esta generación estaba cocinando y de cómo nada pasaba inadvertido para Aquiles, quien para su posterior experiencia discográfica, El Piache, contó con músicos que habían estado en otro histórico álbum doble: Rumba cum laude, es decir el álbum de la Banda de los Sigilosos, por ejemplo, Jose Ramoncini, Benjamín Brea, Vladimir Rivero, Ramón “Pecheche” Mijares, Carlos Julio Ramírez, Felipe Acevedo y William Troconis”.

El recorrido de Lil continúa su curso:

“Luego vendría la sorpresa grata del grupo, Aquiles Báez y su Platabanda, que realmente era Plata Banda, porque -cuenta Diego Silva Silva– Aquiles quería un grupo para tocar bastante pues necesitaba dinero, plata, pues. Y Diego le dijo: Si se trata de eso, ponle por nombre la Plata Banda. Y así fue”.

“La Platabanda de Aquiles surgió en 1994 y fue un movimiento renovador, aire fresco. La intención, musicalidad y aportes de aquella banda no tenían clasificación. Contenía jazz, ritmos afrovenezolanos, ritmos populares, algo de la academia, pero también del Caribe profundo. Así que como para salir del paso cuando le preguntaban por el nombre del género musical él decía: folclor heavy. ‘A la gente le gusta mucho etiquetar las cosas’, acotaba”.

El Piache fue un referente importante para conocer el talento y la búsqueda musical de Aquiles Báez. En esa producción todos los temas son de Aquiles salvo La arigua, pieza tradicional de la zona de su infancia, Falcón. Allí están composiciones memorables como El Piache, Confusión, Rebuchéamelo y Aguacero. Después de esta experiencia Aquiles Báez continuó con su trabajo académico y con múltiples giras y conciertos, como solista o acompañando a luminarias venezolanas o internacionales o alternando con ellas. Llegó a presentarse en casi todo el país y también en lugares distantes como Japón, donde era muy apreciada su obra”.

“En cuanto a mí –vuelve Lil al tono intimista–, lo veía más en La Vela que en Caracas, y disfrutaba de ese par de dos juntos: Ana María Reyes Lovera, su madre, y él, midiendo cuál era más ocurrente, pues ambos eran muy agudos en el humor y en el sarcasmo. Conversábamos bastante mientras tomábamos café en taparitas. Luego me iba con Ana María a recorrer la Sierra, o a la Universidad en Coro. Ana María era muy feliz con sus hijos en La Casa Azul porque constataba que no había perdido su raíz y que, por lo contrario, la reforzaban con su accionar”.

“Aquiles siempre procuraba llevar a su hija Andrea y se dedicaba a inculcar en ella el amor patrimonial que su madre había sembrado en él. La Casa Azul seguía siendo un punto de encuentro y cada vez que una circunstancia natural deterioraba algo, ahí estaba Aquiles apoyando a Ana María”.

Encuentro en una arepera

Rafael Vásquez, integrante del trío Parrandeando a Domicilio, cuenta su historia personal con Aquiles Báez: “En una madrugada caraqueña, un diciembre a finales de la primera década de este siglo, después de haber tocado varias parrandas, cansados pero satisfechos por el trabajo, nos fuimos a comer unas arepas en un famoso local de Las Mercedes, cuando, en una de las mesas adyacentes, vimos al gran Aquiles Báez”.

“Esa noche comprobamos que su grandeza no solo radicaba en la genialidad musical, la prominencia como compositor y el virtuosismo como guitarrista, sino que además tenía otra gran virtud. Tuvimos el privilegio de disfrutar de primera mano lo que muchas personas allegadas a él -por consanguinidad, por amistad o por haber estado junto a él en una tarima- ya habían disfrutado: su extraordinaria calidad humana”.

“No dudamos en saludarlo, conversamos solo un ratico, echamos broma, por supuesto le dijimos que éramos sus colegas y que veníamos de parrandear a domicilio. Él respondió con mucho cariño dándonos palabras de estímulo para nuestra agrupación –prosigue Vásquez-. Fue algo extraordinario, cruzarnos con este gran personaje de la música contemporánea, darnos cuenta de su humildad y don de gente que estaban por encima de su talento musical, lo que es decir bastante, y de paso recibir el mayor premio, sentir que éramos sus amigos de toda la vida. Así era Aquiles Báez”.

CLODOVALDO HERNÁNDEZ / CIUDAD CCS