Micromentarios | Una humilde bazuka
Por Armando José Sequera
09/06/2026.- Con bastante frecuencia escuchamos una frase que, en otro contexto, sería discriminatoria: "Los motorizados son una plaga".
Tal generalización es similar a la que nos ha endilgado la derecha internacional, según la cual los hombres venezolanos somos todos ladrones y las mujeres venezolanas, prostitutas.
Los motorizados parecen todos iguales, pero no lo son. La mayoría son personas trabajadoras, con los mismos problemas familiares, económicos y psicológicos que quienes andamos a pie o conducimos automóviles.
Es cierto que numerosos motorizados se comportan de manera salvaje mientras se desplazan por las ciudades. Que muchos actúan de manera irreflexiva y olvidan que el chasis de sus vehículos es su propio cuerpo. Que los accidentes en los que se ven involucrados son una de las principales causas de muerte en el país.
Hay miles de motorizados imprudentes que no hacen caso a los semáforos y que se movilizan como si las leyes no existieran para ellos. Pero, ojo, no son todos.
Hace unos meses yo iba en un taxi y observé cómo algunos motorizados se cruzaban por delante del auto y cómo otros, en las colas, intentaban colarse entre el vehículo donde yo viajaba y el auto que circulaba del lado derecho. Unos pocos, buscaban superarnos; otros parecían que iban a chocarnos y Vi un grupo de ellos que rozaban con el manubrio el espejo retrovisor del carro.
Por supuesto, el taxista maldecía e insultaba a todos los motoristas que pasaban junto a nosotros, aunque, como llevaba encendido el aire acondicionado, sus improperios no llegaban a los oídos a los que los dirigía.
Pero ocurrió que, en el trayecto, vimos a un motorizado que iba por el hombrillo con su hijo con uniforme escolar en el asiento trasero. Ambos iban muy modosos, con sus respectivos cascos de seguridad y moviéndose a una velocidad de, tal vez, 40 kilómetros por hora.
El conductor del taxi y choferes de otros automóviles, al pasar junto a la pareja, bajaban las ventanillas del acompañante y le mentaban la madre a ese motorizado que cumplía con las leyes y reglamentos de tránsito, no siendo culpable de nada, sino porque era el único que tenían al alcance, sin importarles que llevaba a un niño como pasajero.
Entretanto, y como la autopista estaba libre, otros motoristas se desplazaban como si fueran los únicos usuarios de la vía, esto es, cruzándose a solo centímetros por delante de los carros, en desplazamientos que parecían circenses, cuando no suicidas.
Por ello, el taxista los tildó de los reyes de la autopista.
He leído que el Gobierno nacional y el de Caracas están dispuestos a poner coto a la forma abusiva de conducir de muchos motorizados, pero mientras tanto seguimos viendo muchos comportamientos anómalos en las calles y avenidas de la capital y de otras ciudades.
Entre tales comportamientos alejados de la decencia figura el de aquellos dueños de motos que presumen de hombres machos, masculinos, viriles y transitan a velocidades de pistas de carreras. A la par, aceleran de la manera más ruidosa posible y hacen sonar no sé qué elemento de sus corceles metálicos, para que produzcan explosiones secas que hagan públicas sus cargas de adrenalina.
Uno de estos individuos presume de su testosterona de lunes a sábado, entre un cuarto para la una y la una y cuarto de la madrugada, obligándonos a todos los habitantes del vecindario donde resido a dormir con aire acondicionado para no despertarnos sobresaltados, como si viviéramos bajo bombardeos frecuentes.
Es en esos momentos cuando lamento no poseer una humilde bazuka.
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