Copa del Mundo 2026 detrás del telón
¿Cuántos teatros están metidos en el gran teatro del fútbol?
13/06/26.- Abre el telón: inicia el Mundial de Fútbol. Cierra el telón: Cisjordania atraviesa la mayor ola de desplazamientos forzados registrada desde 1967. Abre el telón: Maná, Danny Ocean, J. Balvin y Shakira hacen su show. Cierra el telón: Israel asesina a 858 personas en Líbano en 24 horas. Abre el telón: empieza a rodar Trionda. Cierra el telón: Estados Unidos roba petróleo en Venezuela y en Irán. Abre el telón: México vence a Sudáfrica en la inauguración mundialista. Cierra el telón: Gaza resiste tras las últimas arremetidas sionistas. Abre el telón: Debutan los ricos países de Qatar y Suiza. Cierra el telón: Cuba denuncia asfixia de Trump mientras se queda sin energía eléctrica.
Nada más neoliberal que pedir a los hombres que no tienen un sistema de valores comunes, en un mundo tan dividido como el nuestro, que se enfrenten en un estadio olvidando sus antagonismos políticos y sociales. Pero sí, enmascarar las contradicciones y conflictos de una sociedad ha sido siempre uno de los medios esenciales para mantener el orden establecido. En occidente, el ideal olímpico es parte, hoy en día, de una gigantesca empresa de la despolitización que utiliza el deporte-espectáculo para establecerse (Duverger, 1976).
Vivimos una sociedad globalizada por el deporte o una deportivización del mundo. Los artífices de esto no dejan nada al azar. El gusto por el deporte no discrimina entre religiones, edades, géneros, nacionalidades, inclinación política o cultura. No, el gusto no tiene distinción. Además, se le ha asignado un valor positivo al deporte moderno como si fuese naturalmente así, y como consecuencia goza de consenso mundial. Entonces la masa lo asume como un espectáculo positivo porque al fin y al cabo y por encima del bien y el mal, es siempre deporte.
Pero el fútbol no es lo que sucede allí en el rectángulo verde de la Copa del Mundo, en esa gambeta que le hace Neymar al oponente de turno para emprender camino hacia el gol, no es la irreverencia de Lamine Yamal en el seno de la formación española, ni el sueño de los chicos haitianos que representan a su país herido por la historia. El fútbol es un instrumento que utilizan los hombres de trajes elegantes, los que manipulan el deporte a favor de sus intereses y negocios, los mismos que te hacen pensar que una nación oprimida merece una victoria en el campo de juego para “darle un poco de felicidad a ese pueblo que se lo merece”.
El fútbol que tanto amamos crece como un monstruo, y en su seno reproduce las relaciones de poder y dominación del orden imperante que te aplasta. ¿Qué hacemos contigo? Vamos a darte 104 partidos, una fiesta a todo color, novedades tecnológicas, 48 selecciones como señal de inclusión (“hay fútbol para todos”), más sponsors, más productos, más vuelos, más estadios, más atractivos, más inteligencia artificial (IA), más VAR, más gemelos digitales, más robótica, más reglas, más hoteles, más publicidades, más consumo, eso, eso, más consumo.
Numerosos acontecimientos históricos reflejan que el fútbol ha sido usado como instrumento de propaganda política para darle vitalidad a gobiernos totalitarios, como lo hizo el fascismo italiano o el nazismo alemán. También el aparato estatal imperialista lo usa para difundir la imagen de una sociedad estadounidense con valores “democráticos, justa, sana y con altos niveles de competencia y rendimiento”.
“En Alemania moría el popular escarabajo de la Volkswagen, en Inglaterra nacía el primer bebé de probeta, en Italia se legalizaba el aborto. Las Brigadas Rojas asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometían a devolver a Panamá el canal usurpado. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Nicaragua tambaleaba la dinastía de Somoza, en Irán tambaleaba la dinastía de Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. La dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y para probarlo organizaba el undécimo Mundial de Fútbol” (Galeano, 1995). El fútbol es parte del proceso de globalización de la sociedad y la profundización de los fundamentos del neoliberalismo.
El mundo, junio de 2026, 7400 millones de almas eclipsadas por la Copa del Mundo vendida como la que partirá la historia del fútbol en un antes y un después. La dimensión global de este laboratorio de ingeniería social en marcha, en tiempo real, carga las ametralladoras. Caen más bombas, caen más muertos, roban más petróleo, se callan más voces de protestas. Mientras, el sionismo de la FIFA sigue frotándose las manos y llenando sus arcas.
SABINA DI MURO / CIUDAD CCS
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