Caracas, 23 de julio 2026
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Ahora los pueblos | Batalla cultural en Latinoamérica (I)

Por Anabel Díaz Aché

Una clase dirige a la sociedad no solo por la fuerza,

sino logrando que su visión del mundo se vuelva sentido común.

Antonio Gramsci

23/07/2026.- El pasado 16 de julio se celebró en Washington la Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, presidida por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Al encuentro, en el que se debatió sobre el combate a la "extrema izquierda" en el ámbito mundial, asistieron delegaciones de 66 países, integradas por ministros de Exteriores e Interiores, diplomáticos, jefes de seguridad y expertos en contraterrorismo. Asimismo, Rubio estuvo acompañado por altos funcionarios de la Administración Trump, como el director del FBI, Kash Patel; la secretaria de Educación, Linda McMahon; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; y el subjefe de Gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller.

Fascismo: el fantasma que recorre el mundo

La reunión, bautizada por diversos medios como la "cumbre Antifa", buscó coordinar el uso de fondos de asistencia internacional del Departamento de Estado para apoyar a grupos conservadores de derecha. La iniciativa imita la estrategia interna de la Administración: crear redes de apoyo para el movimiento Make America Great Again (MAGA).

En la apertura del evento, Marco Rubio criminalizó la izquierda mundial con un discurso que la define como violenta e incivilizada mediante el uso de datos sin respaldo verificable, hechos descontextualizados y acusaciones no demostradas. Bajo la retórica fascista del supremacismo, la legitimidad del uso de la fuerza y la deshumanización del otro, Rubio diseñó un enemigo común, tanto interno como externo, cuya existencia justifica y normaliza un escenario de confrontación inevitable.

Desde los atentados del 11 de septiembre, EE. UU. ha construido una narrativa orientada a desestabilizar a las naciones de Asia Occidental para apropiarse de sus riquezas. Como contrapeso, la República Islámica de Irán consolidó un liderazgo estratégico en la región a través de la articulación del Eje de la Resistencia. Esta alianza sostiene una firme oposición en todos los frentes, que busca erradicar la presencia militar estadounidense en la región.

La ultraderecha avanza en Latinoamérica

El imperialismo estadounidense utiliza diversas tácticas para deponer gobiernos soberanistas e imponer aliados a sus intereses. Un claro ejemplo es Nayib Bukele en El Salvador. Tras ganar la presidencia el 1.° de junio de 2019, mediante el uso de plataformas digitales, Bukele instauró un discurso de mano dura en el que criminaliza a la oposición. Su régimen carcelario de "extrema seguridad" viola sistemáticamente los derechos humanos. Además, mediante maniobras políticas al margen de la norma constitucional, logró reelegirse para un segundo mandato consecutivo hasta 2029.

Daniel Noboa ganó la presidencia de Ecuador en octubre de 2023 para completar el período de Guillermo Lasso. Aunque se reeligió en abril de 2025, su gobierno padece una crisis de legitimidad por el fracaso de sus planes de seguridad y acusaciones de fraude en las urnas. A esto se suman denuncias de narcotráfico que salpican a las empresas de su familia. Noboa enfrenta la resistencia de los movimientos indígenas y sociales rumbo al fin de su mandato en 2029.

En Argentina, Javier Milei asumió el poder en noviembre de 2023, con el apoyo de las redes digitales. Su rechazo popular supera hoy el 56% debido al severo impacto de su plan de choque económico, el cual destruyó el consumo, frenó la industria y pulverizó los salarios. Las masivas protestas en su contra han sido brutalmente reprimidas. Su gestión ha destacado por acelerar el endeudamiento multilateral, abandonar el reclamo por las Malvinas y ceder soberanía territorial a la presencia militar de EE. UU. e Israel.

Rodrigo Paz gobierna Bolivia desde noviembre de 2025, con una agenda de privatizaciones, valores tradicionales y alineamiento con Estados Unidos. Su mandato debe concluir en noviembre de 2030, pero una aguda escasez de combustibles ha puesto en jaque su legitimidad. Los movimientos indígenas, coordinados por el expresidente Evo Morales, mantienen bloqueadas las principales carreteras, aislando ciudades vitales como La Paz y Cochabamba. Ante la pérdida de control territorial, Paz decretó un estado de excepción nacional de noventa días. La violenta respuesta del aparato policial y militar para desbloquear las vías ha provocado cientos de arrestos y masivos reclamos populares contra el autoritarismo oficial.