Caracas: una hechicera inolvidable | Cuando la montaña ruge...
piedras trae
Por José Antonio Ramírez
23/07/2026.- El 24 de junio marcó, en definitiva, un antes y un después en la psiquis colectiva de las y los venezolanos. Nada ha sido igual para este pueblo digno y heroico de Simón Bolívar, que se resiste a vivir de rodillas. Un fenómeno "natural", sin precedentes en la historia sísmica contemporánea del mundo, aturdió la vida de nuestros compatriotas para siempre.
La montaña, celosa guardiana del valle de los caracas —tribu aguerrida que expulsó a los españoles con tácticas de guerra de guerrillas—, se negó durante siglos a dejar perecer a sus hijos e hijas. El Waraira Repano, monumental, se erige orgulloso, confrontando los vientos del mar Caribe y arengando a viva voz: "¡Aquí no pasarán!".
Sin embargo, el daño está hecho, y lo que pareciera una pesadilla al mejor estilo de Stanley Kubrick se ha convertido en una triste realidad. La montaña no ha cesado de rugir, como si presagiara revivir el deslave de 1999 tras intensas lluvias durante una semana. No basta rememorar lo ocurrido… El comandante eterno, Hugo Chávez, prometió y cumplió.
Pero llama poderosamente la atención cómo, a partir de las cinco de la tarde, se puede escuchar ese rugido que emula los tambores de San Agustín: "Rrrrrrr"; se detiene por cinco minutos y de nuevo ruge como un león. Entonces, viendo con tristeza los rasguños en nuestra montaña, cabe preguntar: ¿qué demonios está pasando aquí?
Justamente para evitar teorías conspirativas, como buen periodista, me he dado a la tarea de observar y escuchar con atención. Al principio lo atribuí a las 1 mil 735 réplicas, contadas hasta el momento de esta redacción, según recoge el último informe de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), órgano sismológico oficial del país.
Comencé entonces a preguntar entre colegas periodistas, camarógrafos, fotógrafos, luminotécnicos, expertos en el ámbito audiovisual y, claro, gente común. El resultado ha sido el mismo: lo escuchan en San Bernardino, San Agustín, Altagracia, Las Acacias, El Cementerio, Sabana Grande, Pinto Salinas, Chapellín, Chacaíto, Chacao, Altamira y Los Palos Grandes.
Una y otra vez, el corazón de Caracas, hechicera inolvidable, vomita a cántaros producto de la violación de su subsuelo tras las fallas tectónicas que se encontraron entre sí. Los 7,2 y 7,5 grados en la escala de Richter hicieron vibrar nuestra tierra desde su origen, a 23 km de San Felipe en Yaracuy, hasta el segundo sismo, a 28 km de Yumare.
Pero no caben dudas: ambos terremotos fueron provocados. Así lo aseguran expertos en sismos de todo el mundo, quienes coinciden en afirmar que fue obra de intereses foráneos para manipular el clima. Ejemplo de ello es el proyecto HAARP (siglas en inglés del Programa de Investigación Auroral Activa de Alta Frecuencia), promovido, financiado e instaurado por Estados Unidos en todo el globo terráqueo.
Otra prueba es la destrucción de las bases norteamericanas en países aliados de los gringos en la región árabe. Irán respondió con dureza a los múltiples atentados de Israel y su tigre de papel estadounidense. Tras declararle la guerra al país persa, los altos mandos iraníes optaron por hacer polvo las antenas del proyecto HAARP, aun sin saberlo.
¡Qué casualidad que, tras esa acción bélica, Irán —que tenía diez años sin precipitaciones continuas, lo que provocó la erosión de los suelos y la sequía de sus fuentes acuíferas— viera cómo sus ríos y lagos se desbordaron nuevamente por las lluvias que cayeron a cántaros sobre su territorio!
Ahí quedó demostrada la alteración del clima por parte de Estados Unidos, con un arma de quinta generación usada para doblegar naciones y provocar la caída de sus gobiernos. Solo en América del Sur hay varias de ellas distribuidas. No queda duda alguna de quién está detrás de ese atroz plan para hacer morir de hambre y sed a pueblos dignos y soberanos.
Hay tifones abismales en Asia; sequías en África; inundaciones en Perú, Ecuador, Bolivia y Colombia; y nieve desbordada con frío extremo en Chile y Argentina, donde en la Patagonia la temperatura ha bajado hasta los -27 °C. Todas las alteraciones climáticas van de la mano con los intereses de trasnacionales, corporaciones y multinacionales a las que les importa un bledo el destino de la humanidad.
Así volvemos de nuevo a nuestro hermoso país. "Aquí no se rinde nadie", comencé a escuchar a los 16 años, cuando me formaba política e ideológicamente en la Tierra de Nadie de la gloriosa Universidad Central de Venezuela. Allí, anarquistas "viejos, de 75 años", quienes participaron activamente en la República Española, me enseñaron la importancia de no claudicar y defender mis ideales a pesar del tamaño del enemigo.
No es joda; basta de cerrar los ojos ante lo obvio. Bien reza el refrán venezolano: "No se puede tapar el sol con un dedo". Es tiempo de observar, escuchar con atención e investigar para después esgrimir una conclusión propia. Tenemos una ardua labor por delante, pero no olvidemos quiénes somos y de dónde venimos.
Somos hijos e hijas insignes de la Negra Matea, Apacuana, Tibisay, Caribay, Juana La Avanzadora, Luisa Cáceres de Arismendi ¡y ni qué decir de nuestros Libertadores! Insuflemos el pecho con hidalguía. Sequemos las lágrimas. No podrán con la voluntad de este pueblo soberano, que se niega a perecer ante la bota invasora del yanqui transgresor.
Venezuela, nuestra historia viva y la madre patria nos lo demandan. Pasaremos a la historia como cobardes o valientes. Nuestros nietos lo demandarán y preguntarán a viva voz: "¿Por qué, carajo, no hicieron nada al respecto?".
Aun así, permanecerá incólume el Waraira Repano para susurrarnos al oído, al despuntar el sol o caer el atardecer, y para invitar a su musa Caracas —esa hechicera inolvidable, musa elegante que se transparenta onírica— a decirnos: "Seguimos aquí de pie; no están solos".
Ella, encantadora, nos repetirá con sutileza: "Mis ancestros indígenas los cuidan, aguerridos compatriotas, para recordarles: Ana karina rote, aunicon paparoto mantoro itoto manto (Solo nosotros somos gente, aquí no hay cobardes, nadie se rinde y esta tierra es nuestra).
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