Caracas, 29 de julio 2026
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Historia viva | Dolus et bellum: sobre el dolor, la fuerza

Por Aldemaro Barrios Romero

29/07/2026.- Una palabra que puede acercarnos a la comprensión humana de nuestras circunstancias actuales es la voz 'duelo', que deriva de dos acepciones medievales del latín y que en el tiempo histórico continuo mantiene dos significados, pero que es descriptiva del fenómeno de la paz y la guerra. La palabra duelo deriva, por un lado, de dolus, dolor, y doleō, lastimar y castigar; y la otra acepción es duellum, que deriva del arcaísmo latino bellum, que significa guerra o enfrentamiento. En ambas palabras antiguas descansa hoy nuestro imaginario, impactado por la fuerza de varias bombas atómicas que movieron y removieron la tierra, además de afectar directamente a más de 17 mil familias y de manera indirecta a unos 30 millones de habitantes.

La segunda acepción, bellum (guerra), es una realidad que el pueblo venezolano ha confrontado con un estoicismo admirable, pues han puesto en práctica todas las fórmulas para defenestrar al gobierno bolivariano. Todas las maldades conocidas han sido aplicadas contra la gente que vive en este territorio, pero se encontraron con una muralla popular que, de forma soberana, se ha otorgado a sí misma gobiernos legítimos y democráticos.

¿Por qué hemos resistido y aun, a pesar de un cataclismo, renacemos como una semilla latente?

Analicémoslo desde la historia y la geohistoria. Venezuela es un país aluvional donde se cruzan ríos, sabanas y montañas cenozoicas. Así como la furia de la tierra nos impacta cada cierto tiempo, tenemos resistencia en nuestro ADN, que está constituido por esa misma furia interna que brota cada cien años.

Algún amigo, haciendo diferencia con el duelo dijo: "Ya lo que nos falta es que los gringos nos manden a Godzilla, a lo que anteponemos lo que en un corrío llanero cantó Cristóbal Jiménez: 'A mecerse en un bejuco, puede que vuelva Tarzán. Puede volver Rin Tin Tin. Puede volver Superman. Pero adecos y copeyanos, ¡esos nunca volverán!'".

No basta que cruce un cohete de SpaceX los cielos del Oriente para ponernos a especular sobre la incertidumbre o que a Donald Trump se le ocurra la peregrina idea de lanzar una criptonita contra el pueblo de Venezuela en su imaginario fantástico mentiroso: este pueblo se ha declarado soberano, independiente y antiimperialista, como lo es la gran mayoría de la genética bolivariana que habita esta tierra.

No nos han derrotado ni nos hemos entregado, como algunos egos con privilegios lo enuncian. Todo lo contrario: el terremoto sirvió para unirnos y reconocernos como pueblo. No hay ni una pizca de duda: la unidad de los patriotas es la llave que el Creador nos ha dado para abrir las puertas del porvenir. Esa llave la tuvieron Bolívar, Chávez y Maduro, y ahora la tiene Delcy. Aquí seguiremos por sobre las agresiones, los escombros, las mentiras y el duelo, con la fuerza del reagrupamiento social y la paciencia estratégica por delante, levantando nuestra bandera tricolor.