Caracas, 29 de julio 2026
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Tejer con la palabra | Escribir después del terremoto en Venezuela

Por Gregoria Caraballo

Por Tomás Martínez Sancho

29/07/2026.- En esta segunda edición de Escribir después del terremoto en Venezuela seguimos uniéndonos al duelo y a la reconstrucción desde la escritura. En este año de tragedias múltiples, la tristeza y la rabia encuentran consuelo en la poesía. En ella se alojan también nuestros refugios ante la impotencia.

Poesía en escombros


Anda, corre, poesía.

Ponle alas al verso sanador:

anda, corre.

Ve como Lázaro, el resucitado.

Sacude los escombros y el polvo,

extiende el suspiro, el aliento,

dale tu corazón al moribundo.

En cualquier grieta, debajo del cemento

o piedra, está la vida pidiendo auxilio…

Ve, poesía,

no te vayas, no te alejes,

introduce tus narices en los escombros,

en lo profundo,

¡no te vayas, no huyas,

resucita, levántate y anda!


Llegaron los gringos


sedientos de petróleo

—y de todas nuestras riquezas—.

Llegaron a husmear entre el polvo

y el cemento,

entre gritos, aullidos y lamentos.

Llegaron

detrás de aquellos cantos

y lágrimas

que llenaron el mar y bañaron

el cielo enrojecido.

Entre los escombros y la gritería

celebraron el dolor mayor de nuestro pueblo.

Llegaron como buitres…

Tomaron por asalto nuestra tierra,

pisotearon la dignidad de nuestro suelo,

esquilmaron el océano,

remozaron sus picos con armas y fuego.

¡Parpadea el horizonte enceguecido!

Por Gregoria Caraballo


Temblor


I


Aprendí a llorar

tan solo de palabra.

Palabras-llanto,

tales como las de Vallejo

y su desconsolada tristeza.

Palabras para el dolor del alma.

Versos esquivos

que resisten nombrarlo.

Llorar con la palabra

los muertos queridos

y su silencio sagrado.

Llorar los vivos,

los dolientes.

Llorar las ruinas,

los escombros

y el mal:

señor de los derrumbes.

Aprendí a llorar

a paso lento,

en el corazón insomne,

en la mirada

humilde y sorprendida,

en el oído abierto,

en el temblor de la tierra,

en el temblor de la vida,

en el temblor de la palabra.

Lloro contigo, hermana.

Lloro contigo, hermano.


II


De palabra lloramos,

mas no solo.

Secos,

sin lágrimas,

nos vemos.


Secos de tanto llanto

o de vana costumbre.

Mas no solo

de palabras

lloramos.


Nos quedan las manos

y el silencio

—al decir de Andrés Eloy—


y abrazamos el dolor,

buscamos entre escombros,

entregamos

lo poco,

la pequeña porción

que hace el milagro.


Alentamos la vida

y la esperanza.


Vencemos

el hedor de la muerte.


Y aún

en este llanto humano,

llanto-palabra,

y más,

llanto sin lágrimas;

en fin,

nos sabemos hermanos


y el futuro tiene nombre:

Venezuela,

tierra de guerreros,

tierra de paz y libertad

y luminosa sonrisa.


Por Tomás Martínez Sancho