Caracas, una hechicera inolvidable | Kipá, country, salsa y lucha
Por José Antonio Ramírez
01/08/2026.- La noche cae tras un día sempiterno que no termina de cuajar. Son las 6:45 p. m. y la tarde se empeña en desdibujarse clara, con los colores naranjas que bañan nuestra capital. Caracas sigue de pie; ya es mucho decir. La tristeza se empeña en continuar a nuestro lado, como una lúgubre doncella que despide a su ser amado rumbo al cementerio.
Los pies están cansados de tanto caminar y ver las cicatrices de edificios marcados por el doble sismo. Las vecinas y vecinos ven con una tenue esperanza a sus familias, mientras, al norte de la ciudad, el Waraira Repano permanece inalcanzable, pues ya no es posible subir a descansar entre sus árboles plenos de oxígeno y libertad.
Hace calor, es de noche y la temperatura no baja. En el ambiente se percibe una tensa calma, mientras las noticias desbordan las redes sociales con más tragedias, atribuyéndole todos los males a la "despiadada" madre naturaleza.
Los desastres continúan: deslaves en China con cuarenta muertos; terremoto de 7.5 grados en Japón; inundaciones en Nueva York (pues sí, a los gringos también les toca); heladas extremas en Chile, con precipitaciones que dejan miles de damnificados; y Argentina, con conductores atrapados en las duras nevadas.
Entre tanto, Benjamín Netanyahu y sus hordas sionistas arrasan pueblos palestinos con total impunidad en Cisjordania. Su línea amarilla entra con la kipá diez kilómetros tierra adentro en el Líbano. Los asesinos se ríen del genocidio y se sienten invencibles ante el silencio cómplice de la Unión Europea y Estados Unidos.
Yankees, go home!
La consigna Yankee, go home! resonó con fuerza durante las décadas de los sesenta, setenta, ochenta y noventa, y los primeros doce años del siglo XXI. Desde el río Bravo en México hasta la Patagonia en Argentina, los pueblos del Sur tenían muy claro quién era su enemigo.
Hoy, los gobiernos entreguistas de la región se inclinan como fieles súbditos ante el esquizofrénico, narcisista y pedófilo Donald Trump. El secretario de Estado, Marco Rubio, maneja la caja chica de Venezuela, y trece mil millones de dólares, producto de los ingresos por concepto de venta de hidrocarburos, han ido a parar al Departamento de Defensa de Estados Unidos.
El pederasta de cabello naranja se llena la boca al afirmar que, con esos recursos expoliados a nuestro país, han pagado veinticinco veces la guerra librada contra el digno pueblo de Irán. No les importa mantener las formas mientras financian la "elección" de presidentes de ultraderecha en todo el continente.
La música country suena a todo pulmón en las Embajadas de Estados Unidos y se ríen de nosotros, con desparpajo, José Antonio Kast, en Chile; Javier Milei, en Argentina; Daniel Noboa, en Ecuador; Keiko Fujimori, en Perú; Abelardo de la Espriella, en Colombia, y Flávio Bolsonaro, pujando por su victoria en Brasil.
Salsa baúl
La salsa, tan nuestra, ya no suena igual. No hay nada que celebrar: primero, el secuestro del presidente constitucional, Nicolás Maduro, y la primera dama, Cilia Flores, el 3 de enero, por parte de los comandos de la Delta Force, bajo órdenes del Comando Sur de Estados Unidos.
Después, el desfile de los directores de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Buró Federal de Investigaciones (FBI), la Administración de Control de Drogas (DEA), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, recibidos con bombos y platillos en el Palacio de Miraflores.
Y, por si fuera poco, la presencia de los jefes de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), su servicio secreto, el Mossad, y la cúpula judía sionista con sus empresarios, que vienen a "construir" viviendas tras el doble sismo. Es decir, el gobierno genocida de Bibi nos aconseja luego de haber asesinado a 75 mil palestinos y dejar en ruinas toda la Franja de Gaza.
La lucha continúa
El 24 de junio, el doble terremoto (provocado) acabó con la vida de más de cinco mil compatriotas, dejó a 16 mil 700 heridos, más de 55 mil personas desaparecidas y 17 mil 900 familias sin vivienda. Y, por si fuera poco, la esperanza de una Venezuela que "renace" se escapa como arena entre los dedos.
Mientras tanto, sigo admirando el Waraira Repano, aunque su quietud se fue volando: ruge eufórico, molesto ante tanta miseria. Mis ojos se tornan vidriosos al evocar tiempos de justicia social, dignificación de un pueblo, salarios justos, comunidades vigorosas y la alimentación balanceada que produjo el crecimiento de nuestras hijas e hijos.
Aun así, me mantengo de pie, firme y con las botas puestas, pues, al igual que millones de hombres y mujeres, las y los venezolanos no nos rendimos ante las adversidades. Por el contrario, nos crecemos, como dignos herederos de Simón Bolívar.
Mantengamos, entonces, viva nuestra lucha por un país soberano, libre e independiente, y recordemos la frase de nuestro héroe José Félix Ribas, quien condujo a su milicia —compuesta por un grupo de jóvenes estudiantes y seminaristas valientes— a enfrentarse y derrotar al ejército español en La Victoria, estado Aragua: "No podemos optar entre vencer o morir; necesario es vencer".
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