"Reverón": Arte, soledad y violencia cromática
Esta obra inmortaliza los trances creativos y el universo personal de Armando Reverón
14/08/26.- En el vasto panorama de la cinematografía venezolana e hispanoamericana, el cortometraje documental Reverón (1952) constituye un hito insoslayable en la preservación del patrimonio artístico. Concebido y realizado por la pionera del cine nacional, Margot Benacerraf, tras culminar sus estudios de cinematografía en el Institut des Hautes Études Cinématographiques (IDHEC) de París, la producción fue rodada en formato de 35 milímetros, con una duración de treinta minutos. La pieza trasciende el registro meramente bio-bibliográfico o didáctico, para consolidarse como un denso ensayo poético sobre la gestación del arte, la soledad insular y la violencia cromática del sol caribeño.
Para la materialización de esta obra audiovisual, Benacerraf se rodeó de un equipo técnico excepcional. Destacó la dirección de fotografía del operador ruso-serbio Boris Doroslovacki, el montaje a cargo de Francine Grübert, y una arquitectura sonora concebida por el compositor francés Guy Bernard, junto a acordes del folclor venezolano.
La voz del poeta Carlos Augusto León, entonó el texto narrativo elaborado por la propia cineasta, cuya visión se resumía en comprender que no basta con dominar la técnica cinematográfica, sino que resulta imperativo adentrarse en la imaginación, la psicología y el entorno del creador. La realizadora definió su aproximación estética, al afirmar que quiso observar la vida haciéndose dentro de la luz, en una frontera difusa donde el cine y la poesía se funden para descifrar el pensamiento del hombre.
El Castillete, Juanita y las muñecas
El eje de la película penetra en el microcosmos que el pintor construyó a orillas del mar Caribe, en la franja costera de Macuto. El emblemático "Castillete", edificación vernácula levantada por el propio artista a partir de 1921, con piedras, cañas, palmas y cuerdas, no opera en la cinta como un decorado inerte, sino como un organismo vivo que metaboliza la incandescencia del ambiente. La cámara deconstruye con paciencia la cotidianidad del recinto: Registra la serena presencia de Juanita Mota, musa, modelo y compañera incondicional del pintor durante más de tres décadas, el aleteo constante de los pájaros en las jaulas, las piruetas del mono Pancho y la escalofriante presencia de sus célebres muñecas de trapo de tamaño natural, las cuales sustituían la figura humana en sus ejercicios compositivos.
El núcleo analítico más impactante del documental radica en la captura del catártico ritual pictórico del maestro. Distante de cualquier formalismo académico, Reverón encaraba el lienzo desnudo mediante un despliegue corporal de resonancias chamánicas. El artista aprisionaba su abdomen con cordeles de yute para contener el flujo sanguíneo, colocaba tapones de algodón en sus oídos para ensordecer el fragor del exterior y arremetía contra las telas rugosas mediante puyas, brochas artesanales y pigmentos extraídos de la naturaleza. Benacerraf logró inmortalizar este trance gestual justo en el instante en que el plástico elaboraba su obra máxima de cierre: Su último autorretrato.
Sobre esta compleja atmósfera impregnada de fetichismo y simbolismo, diversos investigadores y ensayistas, entre ellos José Balza, han destacado la densidad mística que envolvía la conducta del creador en su taller. Por su parte, la crítica de arte rescata las observaciones del intelectual Juan Liscano, al analizar el célebre "período blanco" capturado en el filme, señalando que Reverón demostró por la vía de la creación pictórica, el experimento del disco de Newton, en el cual la cegadora intensidad de la luz blanca, devora y neutraliza los demás colores del espectro, en determinadas condiciones dinámicas.
El recorrido narrativo de la cinta traza un itinerario diagonal por las distintas etapas cromáticas del "Pintor de la Luz". La película rememora la inicial impronta hispánica influenciada por la obra de Francisco de Goya e Ignacio Zuloaga durante su etapa formativa, para luego adentrarse en la cegadora etapa impresionista que derivó en su consagrada fase blanca, donde las formas físicas parecen disolverse bajo el destello del mediodía tropical. Posteriormente, el cortometraje examina la transición hacia los tonos sepias, las marinas portuarias y la conmovedora serie final de rostros y autorretratos.
El documental aborda asimismo la vulnerabilidad psíquica de Armando Reverón, sin incurrir en el morbo ni en el sensacionalismo periodístico. La narrativa cinematográfica presenta los quiebres de su salud mental, como una dimensión trágica e indisoluble de su temperamento creador. La lente de Benacerraf testimonia el contraste entre la vitalidad sensorial vivida en El Castillete y los lapsos de enajenación mental que antecedieron sus internamientos en el sanatorio San Jorge, bajo la tutela del médico José Báez Finol, acontecimiento previo a su fallecimiento, en septiembre de 1954.
Mejor película venezolana
El impacto de "Reverón" traspasó rápidamente las fronteras nacionales tras obtener el Primer Premio al Mejor Documental de Arte, en Caracas, en 1952, y el Premio Cantaclaro, en 1953. La cinta recorrió con éxito certámenes internacionales de la talla de los festivales de Cannes, Berlín, Edimburgo y Karlovy Vary, siendo además la obra elegida para inaugurar la categoría de cine de ensayo en el Studio Étoile de París. Copias restauradas de esta producción pasaron a integrar los archivos del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) y la Cinemateca Francesa.
No obstante, su proyección en la emblemática Sala del Museo de Bellas Artes de la Cinemateca Nacional, de Caracas, responde a motivos de profunda trascendencia histórica e institucional. En primer lugar, la exhibición formó parte de un ciclo homenaje dedicado al centenario del natalicio de Margot Benacerraf (1926-2026), iniciativa impulsada por las autoridades culturales, para rescatar su legado intelectual tras su fallecimiento en mayo de 2024.
Esta proyección representó un acto de justicia histórica y memoria institucional, dado que Margot Benacerraf fue la fundadora y primera directora de la Fundación Cinemateca Nacional, en mayo de 1966. Por ello, proyectar la película en dicha sala implicó devolver la obra cumbre de la cineasta, a la institución que ella misma creó, para la salvaguarda del patrimonio audiovisual venezolano. Finalmente, la muestra funcionó como plataforma para el seminario investigativo "Margot Benacerraf, filósofa de la imagen", marco en el cual críticos e historiadores como Luis Alberto Crespo, Juan Calzadilla, César Cortez y Jonathan Reverón, debatieron sobre la trascendencia de la realizadora como historiadora visual y pionera del lenguaje cinematográfico en el país.
ORIANNA GONZÁLEZ / CIUDAD CCS
Etiquetas
Compartir










