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Bacterias en tracto digestivo aumentan riesgo de desarrollar Alzheimer

Propionato de imidazol, producido en intestinos juega papel esencial en cambios cerebrales

Comunicación entre el intestino y el cerebro ocurre mediante vías bioquímicas.

17/08/26.- Desde hace años, los científicos saben que el microbioma intestinal de las personas con Alzheimer presenta diferencias respecto al de las personas sanas. Lo que todavía no está claro es lo que implican esas diferencias: podrían ser consecuencia de la enfermedad, contribuir a ella o simplemente acompañarla. Es posible que una parte del enigma resida, más que en las bacterias intestinales, en las moléculas que producen y que terminan circulando por el cuerpo.

En un estudio publicado en la revista científica Nature Communications, los investigadores identificaron que niveles elevados en sangre de propionato de imidazol (ImP), una molécula generada en el intestino, se asocian con mayor acumulación en el cerebro de las proteínas beta-amiloide y tau, típicas de la enfermedad de Alzheimer, y con un declive mental más rápido.

Un compuesto producido por ciertas bacterias intestinales podría convertirse en un nuevo objetivo para reducir el riesgo de Alzheimer y frenar el deterioro cognitivo, según este nuevo estudio.

¿Un fármaco disminuiría el riesgo?

Para los investigadores, una posibilidad más interesante sería intervenir sobre el propio ImP o sobre la maquinaria bacteriana que lo produce; sin embargo, advierten que la situación es más compleja.

Desafortunadamente, el ImP es producido por bacterias que producen energía a partir de un aminoácido llamado histidina, que es esencial para la salud humana y está presente en muchos alimentos comunes, especialmente los ricos en proteínas.

“En general, mejorar la dieta probablemente ayudaría”, dice la profesora de gerontología en la Facultad de Medicina y Salud Pública de la Universidad de Washington, Bárbara Blendin, citada por el canal de televisión ruso RT. “Pero no es tan fácil como decir: ‘Deja de comer huevos’ o ‘No comas tanta carne roja’, porque necesitas histidina y está por todos lados.

Pero limitar el objetivo bioquímico a una sola molécula en la sangre o a un solo cambio genético abre posibilidades interesantes.

“Podría ser como el colesterol, donde las personas con colesterol elevado toman un medicamento, una estatina, que reduce su riesgo de sufrir enfermedades cardíacas”, dice la investigadora. “Si podemos encontrar un inhibidor que pueda ayudar a disminuir los niveles de ImP en la sangre, con suerte podríamos reducir el riesgo de Alzheimer y la velocidad del deterioro cognitivo en un número significativo de personas”.

La implicación más significativa del nuevo estudio puede ser que ImP podría representar una forma de ayudar a las personas a evitar la enfermedad de Alzheimer y los tipos relacionados de demencia.

LUCILA CONTRERAS / CIUDAD CCS