¿Un puente destinado para la guerra o para la paz?

La Fuerza Armada Nacional no se ha quebrado ni en Táchira ni en otro territorio

“Si la música es el terreno en donde hallaremos la paz, pues bienvenida sea esa guerra de minitecas”, le escuché decir a un chamo rasta en la Plaza Bolívar. Sin embargo es más serio que esto. “Este tipo de eventos se realizan para difundir una imagen de Venezuela como país al borde del abismo, en un caos económico y político total, una especie de estado fallido al que hay que socorrer por cualquier medio. Necesitan instalar esa percepción para que cualquier acción posterior que puedan tomar -desde un bloqueo hasta una invasión- quede legitimada”, dice Alejandro Fierro, investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica.

Branson, el magnate que organiza el concierto “Venezuela Aid Live”, promete “que el evento será alegre” pero también anuncia: “esperamos que la razón prevalezca y que los militares permitan que se abra el puente para que los tan necesitados suministros puedan ingresar al territorio venezolano”.

El efecto simbólico y la agitación fronteriza son fundamentales en la estrategia contra Venezuela.

“A nivel simbólico, ese puente es un elemento con un gran potencial. Ese lugar, desconocido para la mayor parte del mundo hasta hace bien poco, reúne todos los elementos para crear una escenografía acorde con sus objetivos: los emigrantes, la supuesta ayuda humanitaria, las fuerzas de la “dictadura venezolana” que impiden que llegue el material, ahora un macroconcierto, los periodistas reportando información en tiempo real. Se trata de construir un relato que legitime las acciones posteriores y en este tipo de relatos los símbolos son esenciales. El Puente de Las Tienditas es ahora mismo, en ese relato, el marco desde el que se decide todo”, explica Fierro.

Ya el contra concierto “Manos fuera de Venezuela”, del lado de nuestra frontera se está fraguando con la intención de responder y al mismo tiempo respaldar de manera solidaria al pueblo de Cúcuta en un señalamiento por la verdadera crisis humanitaria que existe en ese territorio colombiano al Norte de Santander.

Retrato de una obsesión

Si hay obsesiones, la de Estados Unidos con Venezuela nos convierte en estandarte, aunque lo hemos visto fastidiar permanentemente al resto del mundo como el chico malo del imperio.

No somos su patio trasero, pero en su concepción sí estamos en su área de influencia y somos su bacyard. “No hay que olvidar que ambos países comparten frontera marítima”, analiza el investigador. La dimensión material que tiene que ver con petróleo, gas, minerales, oro, agua, es más que evidente.

Pero para Alejandro Fierro existe un tercer componente que nos hace la pieza más codiciada de Latinoamérica: “es el político a nivel simbólico: la victoria de Chávez en 1998 supone la inauguración de un ciclo alternativo al capitalismo neoliberal hegemónico en aquel momento. Al ejemplo venezolano le siguieron experiencias similares en Ecuador, Bolivia, Argentina, El Salvador, Uruguay… Pero sin duda, el estandarte fue Venezuela”.

Lo que se pueda desencadenar del sábado 23, construye a Cúcuta como el epicentro de un escenario peligroso para la paz en la región. Estamos en plena fase de creación de percepciones que conduzcan a una legitimidad de cualquier medida que puedan tomar.
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La “ayuda humanitaria” llegó sin ningún consentimiento.

La teoría del “territorio liberado”

¿Qué va a pasar este 23F?, “lo más seguro es que viene el 24. No tiene pele”, le oí decir esta mañana a la ministra Iris Varela por la radio, como suavizando expectativas y al mismo tiempo argüía que no se puede ser un incauto de los planes gringos en una frontera tan dinámica como la de Táchira con Colombia.

Y es que con todo el marco montado, se condensa un posible escenario según el analista político Marco Teruggi en un reciente trabajo sobre Venezuela: “En ese caso la frontera sería el punto de condensación mediático-política para terminar de conformar la matriz de la imposibilidad del diálogo ante un gobierno que no dejaría entrar la ayuda humanitaria, y a partir de allí escalar en nuevas agresiones que podrían ser justificadas sobre hechos creados. En ese marco puede pensarse una acción de falsa bandera, alto impacto internacional, construida para justificar y pasar por encima de las partes internas que siguen con un freno hacia la escalada militarista”.

Pero el análisis se reafirma por las características geográficas del estado Táchira, por su frontera, por Colombia como socio de la OTAN, por las bases militares gringas y la presencia de paramilitarismo que predomina en esa franja colombiana. La lectura de los hechos pudiera entrever, según Teruggi la hipótesis del “territorio liberado”.

Alejandro Fierro, investigador del Celag opina que la fragmentación territorial es una de las tácticas más usadas por instancias internacionales, “se trata de conseguir la “libertad” de una parte del país que logra, siempre según su relato, zafarse del yugo opresor y constituirse en una cabeza de puente para la liberación del resto de la nación. No sólo se logra un tremendo efecto simbólico, sino que se dispone de toda una zona en la que acumular tropas y armamento, además de privar al país de los recursos económicos y materiales de ese lugar”.

Por otro lado, Cuba nos adelanta los movimientos en los que Estados Unidos ha trasladado sus fuerzas de operaciones especiales hacia aeropuertos de República Dominicana, Costa Rica y otras islas caribeñas, sin consentimientos, rodeándonos.

Imposible adivinar el próximo paso del enemigo, sin embargo, voceros del gobierno han hecho hincapié en nuestra resolución de soberanía y preparación militar ante cualquier amenaza gringa.

FRANCIS COVA / CIUDAD CCS

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