Entre ráfagas de ternura y alegría se hace Patria

En sectores de El Paraíso y Montalbán se abastecen de agua con el llenado de pimpinas a mil soberanos y a mil doscientos...

Una fogata se dibuja como el corazón primitivo de una comuna cercana, La Eulalia Buroz le alumbró la noche anterior al callejón por donde rompen las bolsas de basura los chamos de la cota 905. Aun así, no amaneció de bala, como diría el poeta Chino Valera Mora, que es cuando entran las ráfagas de la amargura alborotándolo todo y se baten las puertas de la paciencia.

Se hizo la luz, y comenzó el ruido cotidiano de los corotos eléctricos. Caracas parece una locomotora, Catia casi siempre despierta de primera, con sus metras y sus niños, sus puntos de venta, mercado, buhoneros, establecimientos y algunos errores de la economía (un anuncio de la bolsa del Clap en venta en 25 mil bolívares soberanos) se desenvolvía hoy, particularmente acelerada.

Aquellos errores de la economía se aprovechan de los trances, mutan y se replican en varios puntos de la ciudad, tendiéndole una trampa a nuestra moneda nacional para destronarla.

– ¿Cómo es posible que en el Unicasa y en el supermercado Luvebras estuvieran aceptando solamente dólares para comprar?, dice una doña que juega con la retórica y se sabe de memoria el porqué.

Con la luz volvieron la vida citadina y todos sus vicios. Lo que nos querían arrebatar, no estaba en la luz ni está en el lleva y trae de potes de agua para surtir nuestras casas.

“ ¡Relajada! Yo asumo esta situación re-la-ja-da”, larga una flaca en la calle Zulia de La Vega, cargando agua con los niños, como si se tratara de un festín carnestolendo.

El día del apagón, ardieron las antorchas y hubo tambor en La Vega, en Antímano y en el 23 de Enero, hasta donde supimos. La morena que nos contó eso se armó un discurso en defensa de Nicolás que hasta Guaidó dejó de existir en la memoria de los vecinos. Por supuesto, una vez que vió la credencial de Ciudad CCS. No por temor, sino porque se comería vivo a cualquier corresponsal palangrista.

Sucedió lo mismo en La Paz, con Cristian, Jefferson y Alejandro, uno más reacio que otro hasta que supieron desde dónde redactamos.

– Menos mal… porque han venido otros que toman la foto y se ponen a escribir paja por allá.
Las ojeras de estos chamos son trasnocho productivo, satisfactorio. Sienten que están ayudando al Gobierno y a la comunidad. Tienen cuatro días llenándole los tobos de agua a la parroquia y al que bien requiere del vital líquido, casi las 24 horas del día.

No cobran ni medio, ni se han aprovechado de la situación. La comunidad les retribuye con comida, y ya que estamos en Venezuela, donde come uno, comen dos.

Los agarra la faena hasta las cuatro de la mañana, y con el gallo de las seis están abriendo el grifo de la tubería. Le echan bola.

“Como los que están el Guri. Eso fue saboteo, no quieren al gobierno. Ya nuestro presidente habló, dijo que en 48 horas y está llegando el agua ya en varios sectores. Y de por sí, aquí la presión del agua en la tubería ha cambiado ya, uno se da cuenta de que hay más fuerza en las tuberías, lo que quiere decir que se va a normalizar.

Me calmó, lo confieso.

Uno de ellos, no ha llegado a su casa en El Junquito desde el primer día del apagón. Es el más ojeroso y, no obstante, el más optimista. Se ríe de la paciencia que tenemos los venezolanos y se lo atribuye a “tanta roncha” y al humor.

De los que viven en El Junko, cuenta que su gente busca agua en el puente que está en La Yaguara, en un botadero de agua limpia.

Si no, la manguera del vecino que tenga agua te saca del apuro. Si no, en el manantial de Caño Amarillo. Si no, el Waraira, porque el agua no se le niega a nadie.

FRANCIS COVA/CIUDAD CCS
FOTO AMÉRICO MORILLO/LUIS BOBADILLA

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