Reinaldo Lara: percusionista, coleccionista e investigador

Fue “Pan con Queso” quien lo inició en el mundo de los cueros

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Reinaldo es de la época de los “instrumentos de perol”, es decir, de los músicos que se iniciaron con las marcas “Klim”, “Tip Top”, “Nido” y “Reina del Campo”. Por estas páginas han desfilado hasta treseros que han construido guitarras con latas de sardina. Músicos consagrados que dejan correr su mirada y añoran los viejos tiempos, cuando eran, a decir de García Márquez, “felices e indocumentados”.

Reinaldo William Lara, ese es su nombre de pila. Percusionista por más señas y quien nació en esta Caracas de los mil demonios un 16 de febrero de 1950, es decir, el tercio es un mes mayor que yo. Nació en La Pastora, orgullo de Los Mecedores; lo mío es La Vega, al igual que Naty y “Tabaco” Quintana, pero… aquí el importante es Reinaldo, quien como todos los muchachos de barrio se batió una para llegar a lograr su cometido.

“Nunca imaginé que mi Dios me regalaría tanta dicha”, observa este Reinaldo macerado entre cueros de bongó, timbales y tumbadoras. Pudo haber sido pianista, porque lo era su abuelo, el único músico en su familia fuera de él. Forma parte de un octeto de hermanos que no abrazó las corcheas…”la oveja negra fui yo…”.

LOS INICIOS

“Me la pasaba dándole golpes a la mesa y a todo lo que me encontraba; mis baquetas eran los cuchillos, los tenedores, las cucharillas… la verdad es que era un fastidio; quizás por eso y por las ganas que me vio mi papá fue que él decidió comprarme un bongó. Ya yo tenía los míos, unos que había construido con potes de leche “Reina del Campo” y “Nido”… En esos tiempos no se hablaba de afinación ni nada por el estilo, pero los míos sonaban sabroso, no así los de Carlos Julio Ramírez “El Oso”, a quien tuve como alumno. Sus bongoes eran de “Tip Top” y el sonido era opaco. Por cierto, “El Oso” aún no me ha pagado esas clases y puede hacerlo ahora convertidos en dólares… jejejé”

—¿Entonces el viejo te compró el bongó…?

—Sí, pero no había librito ni nada que dijera algo sobre afinación. Un día, en el Show de Víctor Saume, presentaron a Tito Rodríguez y el bongosero se lanzó un solo de esos que te dejan loco. Le dije a mi papá que mi bongó no sonaba como el que estaba viendo; fue allí que descubrí que había que afinarlo.

—¿Recuerdas al bongosero?

—Claro, era Manny Oquendo; en los timbales, sentado, estaba Mike Collazo y el tumbador era Oscar Valdés, el hermano de Vicentico.

—¿Cuándo te dedicas en serio a la percusión?

—Cuando entré en el liceo. Estudié en el Agustín Aveledo. Recuerdo que en ese entonces también estudiaba Orlando José Castillo “Watussi”, pero en otro salón. La verdad es que yo era un vago para los estudios; quien me ayudó en eso fue Carlos Emilio Landaeta “Pan con Queso”, quien ya era famoso por la fabricación de instrumentos. Yo iba seguido a su casa y fue él quien me dio el conocimiento sobre los cueros y tantas otras cosas, porque yo era un verdaero “receptor”. A la casa de Pan con Queso iba cualquier cantidad de músicos y yo me limitaba a escuchar, a copiar en mi “disco duro” todo lo que decían. Jamás imaginé que algún día iba a trabajar a su lado con El Sonero Clásico del Caribe. Allí estuve cerca de siete años. Cosas de la vida.

—Has trabajado con un gentío…

—Pues sí. Estuve con Rafa Galindo y Víctor Pérez, con Ray Pérez y Los Dementes, Los Melódicos de Renato Capriles y… la lista es larga.

—¿Cuándo le entras a la investigación?

—Fue accidental. Como te dije, yo era un “receptor”. Al lado de “Pan con Queso” conocí la crema y nata de los músicos cubanos; más tarde y como existía la posibilidad de viajar sin muchos problemas, me iba, por decirte, un viernes a Puerto Rico y regresaba el domingo. Allá conocía y compartía con los músicos, siempre de la mano de don Rafael Viera, dueño de “La catedral de la salsa”, un local al que son asiduos los músicos boricuas. De su tienda me hice con una buena colección, que hoy me enorgullece exhibir.

—Algún consejo para los noveles percusionistas.

-—Pues que estudien y oigan mucha música. Sólo así se puede aprender. Luego… cada quien busca su estilo, como dicen los chamos de Los Sopranos.

Es la cosa… ¡Saravá!

 

ÁNGEL MÉNDEZ
FOTO/CORTESÍA REINALDO LARA


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