Teresa de la Parra de Fru Fru a Bolivariana

La escritora venezolana, considerada una de las más destacadas de su época, abordó con su obra la emancipación femenina y el racismo

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“(…) leyendo de Bolívar y de Venezuela. (…) Quisiera como Simón Rodríguez irme a pie por el trópico, con los libros y una hamaca a recibir aire, a ver los árboles, el mar azul (…)”.

Teresa de la Parra escribe a Enrique Bernardo Núñez

Letra femenina
Eso de mujeres escribiendo no era cosa bien vista, razón por la cual, se inició bajo el seudónimo de “Fru Fru”. Sin embargo, Teresa irrumpió en la sociedad tradicional, gracias a su lenguaje emotivo, lúdico y femenino, y a su vez, por “colocar en el tapete” temas polémicos como la emancipación de la mujer, el racismo, el mestizaje y la búsqueda de identidad. Fue tal el revuelo que causó la jovencita, que hasta el destacado ensayista Mariano Picón Salas refirió: “Ella y su libro son una revolución”; a la par que en una oportunidad confesó “haber dejado de lado por un rato a Kant por entregarse a las peripecias de María Eugenia Alonso”.
Maravillado también por su obra, el ensayista Domingo Miliani afirmó que “fueron suficientes dos –novelas– para que su proyección en la historia de nuestra narrativa emergiera, casi insular, en un arte de la ironía finísima, del humor piadoso ante una sociedad en declive, tratada en tono de añoranza vivencial, con un tiempo lento y perdido, que la aproximó, a los ojos de una crítica más moderna, al nombre de Marcel Proust”. Por su parte, la escritora y poeta Velia Bosch destacó como elemento distintivo de su obra la modernidad, así como “su búsqueda de una literatura que nos definiera a nosotros mismos, desde nuestra propia realidad, a partir de nuestro especial entorno”. Consideración hecha en particular desde Vicente Cochocho, entrañable personaje de Memorias de Mamá Blanca.
La escritura fue la esencia de su vida, oficio al que se entregó para convertirse en una gran creadora de ficciones, donde la mujer emergió con una nueva conciencia que interroga lo establecido, aunque, más desde el pensamiento y menos desde la acción. Teresa abogó por la necesidad de valorar el aporte de la mujer a la vida social, más allá del matrimonio y de la condición reproductiva, por su derecho al trabajo remunerado y a la igualdad. En su opinión: “La crisis por la que atraviesan hoy las mujeres no se cura predicando la sumisión (…) Para que la mujer sea fuerte, sana y verdaderamente limpia de hipocresía, no se la debe sojuzgar frente a la nueva vida, al contrario, debe ser libre ante sí misma (…) útil a la sociedad, aunque no sea madre de familia, e independiente pecuniariamente por su trabajo y su colaboración junto al hombre, ni dueño, ni enemigo, ni candidato explotable, sino compañero y amigo (…)”.

La muchacha que se aburre
Fue en Macuto donde escribió su novela Ifigenia, y según contó: “Me encerraba a escribir en una casita en ruinas. Oía las conversaciones de la gente por la calle. Les intrigaba a algunos los motivos que me llevaban a encerrarme en aquella casa que parecía horrible y a mí me encantaba”. Su obra se hizo voz de la historia de muchas mujeres, e incluso le permitió conocer a Miguel de Unamuno, quien además de elogios, le entregó páginas con diversas anotaciones: “(…) hechas con lápiz al calor de la lectura. ¡Cuántas son y qué llenas están de vida!”, referiría la autora. A su vez, fue recibida por multitudes en las ciudades que visitó y celebrada por círculos literarios, pues Ifigenia significó la doble presencia de la mujer en el mundo de la literatura: como autora, y a su vez como personaje protagónico.

Su estilo confesional fue muy valorado pues, a través de la carta y el diario, contó las inquietudes de una joven y las restricciones que la sociedad le imponía. La carta y el diario, espacios de intimidad por excelencia, se descubren ante los lectores y lectoras para develar una sociedad que subestima las capacidades intelectuales de la mujer, la cosifica y le otorga condición de mujer-vitrina, según la cual, la juventud y belleza son garantía para alcanzar la “buena vida” tras el matrimonio. Algunos círculos ultracatólicos de Venezuela y Colombia la cuestionaron, pues la consideraron “un peligro para las niñas jóvenes que la celebraban al verse retratadas en la heroína con sus aspiraciones y sus cadenas”.

Buscando a Bolívar
En sus últimos años se dedicó a estudiar sobre la época colonial e independentista hispanoamericana y el papel de las mujeres. Imaginaba a las mantuanas, al caer la tarde y luego de haber rezado el rosario, participando en las tertulias y reuniones secretas para leer libros prohibidos como: La Declaración de los derechos del hombre, así como las obras de Montesquieu, Voltaire, Rousseau y demás enciclopedistas franceses. Teresa se apasionó también por conocer en detalle y con supremo entusiasmo, la vida de Bolívar.
Igualmente se escribía con Vicente Lecuna, a quien le pedía libros y orientaciones, y le contaba sobre sus avances: “(…) me ha venido una idea o proyecto muy vago todavía: el de escribir una biografía o vida íntima de Bolívar. Quisiera hacer algo: fácil, ameno, en el estilo de la colección de vidas célebres noveladas (…) Quisiera ocuparme más del amante que del héroe, pero sin prescindir enteramente de la vida heroica tan mezclada a la amorosa (…)”. Sin embargo, no llegó a escribir la biografía ni a cumplir su deseo de “recorrer el interior de las cinco Repúblicas”, pues sus últimos años debió luchar contra la tuberculosis.

Su amiga Gabriela Mistral
Teresa solía reiterar que no era revolucionaria. Para ella, su amiga la poeta chilena Gabriela Mistral sí lo era: “(…) sin convencionalismos mundanos, trabaja casi desde niña. Su trabajo y su fe de buena cristiana le va mostrando, al correr de los días, nuevos ideales que ella humaniza y adapta a las necesidades reales de la vida y ahí va por el mundo, sufriendo y luchando en su obra de apóstol, socialista, católica, defensora de la libertad y del espíritu noble de la raza. Ella con su voz autorizada les hablará quizás del feminismo justo y ya indispensable”.

A su vez, en Recados sobre Teresa de la Parra, la chilena escribió: “la conocimos por allá en el 27 o 28 en París, cuando acababa de ser premiada su novela Ifigenia (…) tan hermosa era la venezolana que su belleza hacía olvidar su rango literario (…) Al igual que Sarmiento, leyó sin orden en nuestra América (…) Se encontró un día escribiendo no versos, sino prosa, desde una completa posesión de su oficio. (…) Y como a Rómulo Gallegos, la única ayuda que le contaremos será la que le dio la lengua hablada de Venezuela, limpia y vivaz, bebida por sus poros de niña precoz”.

La bella Teresa
Su nombre fue Ana Teresa Parra Sanoja, pero se hizo llamar Teresa de la Parra. Nació en París, el 5 de octubre de 1889 y sus padres fueron Rafael Parra Hernández, Cónsul de Venezuela en Berlín, e Isabel Sanoja de Parra. A los dos años de edad se vinieron a Venezuela y se instalaron en la hacienda familiar en Tazón, hasta que su padre murió y se trasladaron a España. En 1909 regresó, ya iniciada en la literatura e incluso con una premiación por unos versos dedicados a la beatificación de la Madre Magdalena Sofía Barat.

Comenzó a escribir y a publicar en 1915 en El Universal y en la revista Lectura Semanal de José Rafael Pocaterra, sus primeros cuentos fantásticos, a saber: El ermitaño del reloj, El genio del pesacartas y La historia de la señorita grano de polvo, entre otros. Posteriormente, en Actualidades, revista de Rómulo Gallegos, publicó Diario de una caraqueña por el Lejano Oriente, y en la revista de José Rafael Pocaterra, Diario de una señorita que se fastidia de su novela en desarrollo: Ifigenia.

El 23 de abril de 1936, murió la bella Teresa, en el Sanatorio de La Fuenfría, ubicado en la Sierra de Guadarrama, cerca de Madrid. En sus últimos años compartió la vida con la escritora y antropóloga cubana Lydia Cabrera, cuya relación ha sido omitida por los críticos y estudiosos de su obra. Importante mencionar que Ifigenia, obtuvo el Primer Premio del concurso literario del Instituto Hispanoamericano de la Cultura Francesa, y Memorias de mamá Blanca ha sido considerada como un clásico de nuestra literatura moderna.

De la Editorial el Perro y la Rana puedes descargar los siguientes textos para conocer la obra de ésta destacada escritora:

La señorita grano de polvo

Las mujeres en la formación del alma


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