Una dupla crítica puntual

Carlos de Nóbrega

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Alberto Rodríguez Carucci (Valencia, 1948). Alberto Rodríguez Carucci ha desarrollado un valiosísimo trabajo crítico, académico y de divulgación literaria en Venezuela y América Latina. Su obra está dispersa no sólo en publicaciones literarias dentro y fuera del país, sino también en las entradas y artículos que ha redactado para diccionarios enciclopédicos de literatura venezolana y latinoamericana. Sueños originarios. Memoria y mitos en la literatura venezolana (2011) constituye un libro canónico, flexible y abierto de nuestra crítica literaria, que se inscribe en una de las líneas de indagación de su autor, ésta es la reconstrucción histórica y literaria del pasado pre-hispánico. Parte de la problemática de la captación y la subsecuente interpretación diversa, transdisciplinaria y polifónica del mito de Amalivacá: desde el eurocentrismo cristiano del jesuita Filippo Salvatore Gilij, deteniéndose en el afán científico y nacionalista de Arístides Rojas, hasta el liberador marxista de César Rengifo incrustado en el Mural de la Plaza Diego Ibarra. También Rodríguez Carucci realiza una consideración crítica y sopesada de las aproximaciones científicas y etnográficas de Alexander von Humboldt, la de José Martí colindante con la liberación política y cultural del continente, e incluso la muy peculiar puesta en escena de Oscar Guaramato en el género de la dramaturgia infantil. La primera parte de este bien ponderado volumen, realiza una exposición inmediata y mejor pensada de la metamorfosis simbólica, ideológica y estética del mito tamanaco patente en sus múltiples traducciones y reelaboraciones literarias y artísticas. El fluir dialógico del discurso crítico propende con seguridad y convicción al buen Decir ensayístico que acompaña el rigor metodológico. La gentileza, la transparencia y el tenor respetuoso de la prosa, no descarta la contrariedad ni la controversia en el tratamiento de los temas. El segundo panel de este tríptico, se refiere a otra de sus líneas de investigación tendiente a la literatura nacional como problemática ideológica, tipológica y discursiva: Comenta con imaginación inquisitiva el entramado de la producción literaria colonial, ocupación muy poco usual en nuestro medio, que se manifiesta específicamente en las Crónicas de Indias, teniendo la carta colombina a los Reyes Católicos que reseña el tercer viaje además de configurar la Tierra de Gracia, como mito fundacional político-imperial y literario. El intervalo oscurantista inducido de este período escritural, se inició en el criterio reduccionista del mantuanaje y su proyecto republicano independentista. No se reparó en mucho tiempo que la literatura colonial marginalizada encarnaba una paradójica, mestiza e interesante proposición de escritura continental. Cierra el tríptico un ensayo muy revelador que homenajea la obra narrativa étnica en lengua wayuu de Miguel Ángel Jusayú. No se trata entonces de textos hilvanados tan sólo por el vigor cientificista de la crítica, sino también de un objeto apetitoso que insta a una lectura placentera y refrescante sobre aristas puntuales de nuestro devenir como pueblo, eso sí, a contracorriente de las plantillas esterilizantes y opresivas con que nos resecan los Poderes fácticos transnacionales.

Alejandro Bruzual (Caracas, 1957). Investigador literario, ha venido realizando un trabajo crítico que empalma la reconstrucción histórica y discursiva del texto con su valoración técnica y estética. En él confluyen, pues, el arqueólogo, el antropólogo, el sociólogo y el crítico literario. El estudio y la edición crítico-genética de Cubagua (2014) de Enrique Bernardo Núñez es un libro por partida dupla: Un clásico de la literatura rehecho y celebrado por un escritor e investigador entusiasta. Más allá de su rigor metodológico y técnico, la curaduría, el cuidado editorial y el comentario crítico y ensayístico delatan una pasión investigativa (lectora) que rescata y restituye en la memoria este título fundamental de las letras venezolanas y el continente.

El afán cuasi arqueológico que reconstruye el itinerario textual de la novela, facilita paradójica y afortunadamente un diálogo abierto con los lectores. Respecto al juicio crítico y la trascendencia que nos merece la obra bien curada, además de destacar al igual que Seymour Menton su condición de novela histórica y vanguardista, recalca su concepción no convencional del género y la Historia en virtud de su estructura cíclica que vincula a la Colonia con la República Petrolera. La introducción novedosa del tema petrolero, a la par del reportaje coral y novelado de Mene, de Ramón Díaz Sánchez y la Tetralogía del Petróleo, de César Rengifo, involucra un decidido cuestionamiento al Neocolonialismo instituido por la sociedad cómplice entre Juan Vicente Gómez y las transnacionales petroleras, el cual tendría su continuidad en las gestiones gubernamentales que la sucedieron no en balde sus muchas idas y pocas vueltas. Específicamente, Bruzual destaca y contraviene la envilecida política de concesiones petroleras y, por ende, la imposición del rentismo petrolero. Apareja una crítica integral al extractivismo compulsivo —«Es la continuidad de la lógica colonial de extracción intensiva, que provocó la ruina de Cubagua, y que anuncia el fracaso ineludible de la embestida neocolonial» (Núñez)—, que va del Rey Petróleo de Domingo Alberto Rangel al Fantasma de la Gran Venezuela, en tanto equívoco desarrollista y capitalista de Estado, de Emiliano Terán Montivani. Esta versión de Cubagua está redondeada por su diagramación y presentación gráfica que concilia lo clásico con lo contemporáneo: Tenemos en nuestras manos un libro gigantesco y un bello objeto cultural que nos cuenta y reencuentra con el país. Aprovechamos la ocasión para recomendar otras incursiones críticas muy notables de Alejandro Bruzual, las cuales comprenden la panorámica histórica, anecdótica y valorativa del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en Utopías en movimiento; el muy sentido y digitado ensayo biográfico y guitarrístico dedicado a Manuel Enrique Pérez Díaz (2001); y el estupendo ensayo Aires de Tempestad. Narrativas contaminadas en Latinoamérica (2012), una aproximación crítica a la tríada novelística no canonizada: El tungsteno de César Vallejo, Parque Industrial de Patrícia Galvâo y Cubagua de Enrique Bernardo Núñez.


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