Una mujer fantástica Chile (2017)

El filme cuestiona las categorías de civilización y barbarie a través de la historia de Marina, una mujer transexual

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Muchos elementos que invitan a la polémica están plasmados en Una mujer fantástica, la nueva película del chileno Sebastián Lelio, quien con esta cinta logró la ovación del público, la prensa y la crítica en el reciente Festival de Cine de Berlín.

Es la historia de Marina, una mujer en sus treinta, que es todo menos convencional. Se trata de una camarera que de noche se gana la vida como cantante de bar. Ejerciendo ese oficio conoce a Orlando, un hombre adinerado que podría ser su padre. Se enamoran y deciden vivir en pareja.

Como si esto no fuera suficientemente escandaloso para la sociedad conservadora que la rodea, se agrega una complicación para nada minúscula: Marina es una mujer transexual. Un pecado imperdonable que la familia de su novio, de clase acomodada, no va a dejar pasar inadvertido.

El giro dramático de la obra se da cuando Orlando muere repentinamente de un ataque al corazón.

La partida del hombre al que ama pareciera ser lo más duro que vivirá Marina, pero nada podrá compararse con las humillaciones que, como ser humano, deberá vivir a partir de esa pérdida.

La prohibición de asistir a los actos fúnebres, la duda que recae sobre ella por haber sido la única persona presente durante la muerte de Orlando, la desprotección total a la que es sometida luego del fallecimiento, y las agresiones simbólicas y físicas de las que es víctima por querer reclamar sus derechos, son solo parte de la retahíla de cosas que harán cuestionar al espectador en dónde reside la civilización y la barbarie dentro de nuestras sociedades modernas.

La obra expone sin tapujos cómo se manifiesta el miedo a la otredad, que amenaza las aspiraciones de “normalidad” de la pequeña burguesía.

El filme –de gran belleza estética, con secuencias oníricas y mucho lirismo en las imágenes– denuncia la situación de desamparo legal, de condena cultural y de exclusión social que viven las personas LGBTI en nuestros países y en todo el mundo, y cuestiona los valores y la doble moral de la sociedad aparentemente civilizada.

Es una película necesaria, entretenida y educativa, que pone al espectador en el lugar de la víctima, pero también del victimario.

Paralelamente a la denuncia, Una mujer fantástica también habla de esa historia de amor sencilla y apasionada que brevemente vivieron Marina y Orlando, quienes, a pesar de todo prejuicio, decidieron reencontrarse consigo mismos al entregarse a una relación sincera y plena de intereses en común.

La actriz Daniela Vega protagoniza magistralmente esta película, llevando al espectador por una montaña rusa de emociones a partir de su sentida caracterización.

REDACCIÓN ALBERT CAÑAS

 


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