Una mujer de letras y poesía espiritual

Ana Enriqueta Terán es una gran referencia de la poesía latinoamericana y tras su partida dejó un extenso legado en la literatura

Ana Enriqueta Terán fue una mujer de un imaginario poético que expresó muy bien durante su vida. Creció rodeada de la literatura gracias a su madre, Rosa Cecilia Madrid, quien les leía a su hermano y a ella Don Quijote de la Mancha en voz alta, sumergiéndolos en un mundo surrealista.

Nació en Valera, estado Trujillo, el 4 de mayo de 1918 y perteneció a una familia de reconocidos intelectuales y luchadores, de ellos heredó su amor por los libros y su vasta cultura, alimentada por una breve pero reconocida carrera diplomática.

Situaciones políticas y sociales hicieron que, junto a su familia, residiera en varios lugares de Venezuela como Puerto Cabello, donde conoció el mar y descubrió un lenguaje literario que abarcó los sonidos de aquel paisaje; más tarde vivió en Valencia y también recorrió otras fronteras fuera del país, como Nueva York y París.

La poesía romántica y amorosa llevó a la joven Ana a publicar su primer libro en 1946, Al norte de la sangre, siendo guiada por su amigo y poeta Enrique Planchart. El poemario fue catalogado por Juan Liscano como una obra de “gran extroversión sensual y sensorial”.

El mismo año en que debutó con su primera publicación, comenzó a desarrollarse en el ámbito diplomático entre Uruguay y Argentina, hasta que en 1950 volvió a refugiarse enteramente en la poesía.

Luego de ese primer libro, vinieron: Verdor secreto (1949), Presencia terrena (1949), Testimonio (1954), De bosque a bosque (1970), Libro de los oficios (1975), Música con pie de salmo (1985), Casa de hablas (1991), Albatros (1992), Construcciones sobre basamentos de niebla (2006). Esta extensa obra poética es una de las más sólidas y prolíficas de la literatura venezolana.

En 1989 recibió el Premio Nacional de Literatura y es condecorada con un doctorado Honoris Causa, otorgado por la Universidad de Carabobo. Fue una de las voces literarias venezolanas con mayor reconocimiento en Hispanoamérica, siendo traducida al inglés y estudiada en cátedras de literatura de importantes universidades en diversas partes del mundo, debido a su exquisito manejo de la métrica, del lenguaje y del idioma.

La gran poetisa, adelantada a su época, también fue una incansable mujer de izquierda, que hasta sus últimos años apoyó el proyecto del Comandante Hugo Chávez. Su casa natal, donde vivió 11 años en Jajó, estado Trujillo, es hoy el Centro Cultural Casa de Hablas.

Ana Enriqueta Terán se despidió de este plano con 99 años de edad el pasado 18 de diciembre, dejando un legado infinito en la poesía y literatura latinoamericana e hispanoamericana.
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Compilado poético

La Fundación Biblioteca Ayacucho publica en el 2014 un compilado de poemas que contiene las diversas obras de la poetisa trujillana. En Piedra de Habla, se encuentra una semblanza de Terán.


Perfección métrica

Vestidura insumisa paloma leve es uno de esos textos de Ana Enriqueta Terán que guardan un perfección métrica en la descripción del paisaje venezolano, donde la poetisa fue inspirando sus letras.


Romance y amor

Los contenidos románticos siempre estuvieron presentes en los escritos de esta gran mujer y en Extravagancias lúdicas resalta su espiritualidad y amor por la naturaleza que expresa de una manera sutil y encantadora.
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Fragmento
A un árbol

Poema extraído de la obra literaria Vestidura insumisa Paloma leve publicada por la Editorial El perro y la rana en el año 2010:

El embrión solitario
de tu semilla guarda

[lumbre mansa;

el latido primario
de tus pomas alcanza
hasta la miel que en

[palidez avanza.

¿Estuvo la penumbra
del jazmín en las sienes levantadas
de la palmera? ¿Alumbra
tus pálidas moradas
un rumor de azucenas desveladas?
¡Oh! savias transitorias,
alondras ascendentes

[del nocturno

fuego de las memorias,
piélago taciturno
busca en tus altas médulas

[su turno.

Es el rostro más hondo
el que suspira en tu verdor secreto,
bosque a bosque respondo
en el lenguaje escueto
que ignora el alba gris de

[tu esqueleto.

¡Altamar impasible
de furtivo licor que aroma

[el llanto,

lugar incognoscible
por las huellas del canto,
por el náufrago azul

[del amaranto!

Vegetales recintos
para la rosa de ámbitos dichosos
rescatados jacintos
para los ardorosos
cauces de la manzana

[y mis sollozos.

La ceniza golpea
en tu corteza de honda

[quemadura,

allí donde rodea
la frente más oscura
extraña cal en alta arboladura.
Retrocede mi paso
con lentitud de yerba

[innumerable;

tu cuerpo en el ocaso
ignora la mudable
esencia de tu llanto perdurable.
Dejaré la celeste
punzada que atraviesa el

[“no-me-olvides”

y las islas del este
que a mis sienes impides
¿serán lugar, oh fiel,

[donde resides?

¿Qué ausencias enarbola
el transido fulgor de los jazmines,
derramados en ola
de líquidos confines
donde nievan sin fin los serafines?
Las sustancias lunares
¡oh! vegetal que ciñen

[tus memorias,

son ávidos lugares
de muertes transitorias
sobre la amarga flor de

[tus memorias.

El hálito primero
que atraviesa tus pulsos

[conmovidos

recobra el lastimero
fuego de mis oídos
y en hosca paz devora

[mis gemidos.

He de hallar los momentos
¡oh! vegetal que encienden

[tus aromas,

he de buscar los lentos
ardores de tus pomas
que en mansedumbre

[hundosa, tierno domas.

Dame la noche acerva
que ha de cantar en ti y en…

Niedlinger Briceño Perdomo / Ciudad CCS


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