El Valle es piedra fundacional de la urbe capitalina

Este año, la parroquia El Valle también celebró el pasado mes de marzo 450 años de fundación. Estando separada de Caracas en sus...

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Este año, la parroquia El Valle también celebró el pasado mes de marzo 450 años de fundación.

Estando separada de Caracas en sus inicios, fue fundamental por su actividad agrícola y comercial. También tuvo la primera Plaza Bolívar y, además, por conectar con el occidente del país, acogió en sus montañas el éxodo rural de los Valles del Tuy y Charallave, que luego, desde los cerros, presenciaron cómo se iban levantando edificios que inauguraron la era moderna de la renovación urbana que les dejaron en los márgenes de la zona céntrica y acomodada.

Entre relatos contados desde el más puro sentimiento, Irma Godoy, cronista popular y cultora de la oralidad, relató que, a pesar de haber nacido en Los Teques, profesa un amor correspondido por esta parroquia que la acunó como a una hija.

Godoy habló de la historia fundacional de esta parroquia, resaltando que El Valle fue fundada primero que Caracas. Su primera fundación la hizo Francisco Fajardo, afirmó.

“La segunda fundación fue de Diego de Losada, que vino huyendo de Los Teques, de los indios toromaima. Vino para acá huyendo porque lo iban a emboscar (…) vienen los días de Pascua de Resurrección, y entonces él nombra esto El Valle de la Pascua (…) Eso fue en marzo de 1567, o sea, que Diego de Losada llegó primero aquí y fundó esto, y en julio se funda Santiago de León de Caracas, el 25 de julio. Eso está en los libros de Diego Ibáñez. Aunque usted no lo crea, primero Diego de Losada fundó el pueblo de El Valle”, subrayó.

A rescatar la historia

El Valle es una de las parroquias más antiguas de Caracas, siendo para entonces parroquia foránea por estar fuera de la cuadrícula principal del centro de Caracas en la época colonial. Fue decretada así por Juan Crisóstomo Falcón en 1864. Al igual que en todos los pueblos de Venezuela y América, se erigió una iglesia y una plaza mayor como norma dirigida desde la Colonia para empezar a poblar. En el caso de El Valle, tuvo una plaza mayor que luego se convirtió en la primera Plaza Bolívar, luego de la muerte del Libertador. “Aquí hay una Plaza Bolívar no por preferencia, sino que esto era un pueblo fuera de Caracas”, explicó.

Sobre la actividad económica, Godoy afirmó que en El Valle se dedicaban a sembradíos de caña de azúcar. “Estaba la Hacienda Sosa, la Hacienda Domingo, la Hacienda Tazón, que por la hacienda Tazón, en una de las casas vivía Teresa de la Parra, eso está en su libro Memorias de Mamá Blanca. Luego fueron tumbando las cañas de azúcar, y después empezaron a sembrar hortalizas. Cuando las cosas estaban muy caras en el centro de Caracas, que era por cuadrícula, entonces aquí había muchas hortalizas, y eran mejores y muy baratas. Entonces, si pedías rebaja por un kilo de lechuga, por decir, la gente te decía: anda a llorar al Valle, esa es una de las primeras acepciones”, relató.

Separación

La foránea parroquia de El Valle estaba formada por La Bandera, Los Chaguaramos, Las Acacias, Santa Mónica con sus colinas, el sector Coche y las Mayas, coincidiendo con el paso del río Valle que culmina desembocando en el Guaire. “El río Valle empieza en La Mariposa, pasa por Los Próceres y termina en Bello Monte, ahí terminaba El Valle”, dijo. Con el devenir del tiempo empiezan las separaciones, y El Valle se va haciendo más pequeño. Los primeros que se separan fueron Santa Rosalía, con el Rincón de El Valle anexado (1875).

“El Valle empezaba ahí, donde está El Peaje, ahí decía El Rincón de El Valle (…) Se llama El Peaje porque las mulas pagaban peaje, pagaban peaje los burros cargados de leña, y, si entraba un pocotón de ganado, tenía que pagar peaje también”, aseveró.

Posteriormente, en 1992 se separa Coche, que es ascendida a parroquia, y en 1994 ocurre lo mismo con San Pedro.

Renovación Urbana

La parroquia emprende otra parte de su historia con la renovación urbana en la que, poco a poco, El Valle viejo empezó a desaparecer para dar paso a complejos habitacionales.

“Yo estudié en la escuela de oficios que estaba allá antes de que hicieran el Metro y tumbaran todo eso. Eran casas coloniales. La casa de la escuela de oficio tenía portón de madera con zaguán, con patio interno, con teja, con las ventanas coloniales con poyo, ¿sabes qué es el poyo?: es una cosa donde uno se sienta para mirar afuera, eso se llama poyo, pero con y”.

“Ahí hice estudios de cocina y repostería. Fueron tumbando, fueron haciendo. Vino lo que se llamó la demolición, la renovación urbana, tumbaron El Valle viejo, entonces empezaron a hacer los edificios, y con la cuestión de cuando cayó Marcos Pérez Jiménez, la gente de los Valles del Tuy, Santa Teresa, Ocumare, Charallave, vinieron para Caracas y empezaron a formar los barrios. Poco a poco fueron poblando, por eso es que aquí hay mucha gente de allá, en mi libro A leer a El Valle está el patrimonio cultural Dionisio Bolívar, él toca arpa tuyera, arpa central”, contó.

Uno de los primeros edificios fue Cerro Grande. “Fue el primer edificio emblemático”. Después se levantó donde anteriormente había una vaquera, la urbanización Alberto Ravell, un complejo habitacional que tiene ambulatorio y una biblioteca que hasta el sol de hoy sigue siendo un espacio donde los libros se resisten al olvido.

Luego hicieron la urbanización Los Araguaney, Los Apamates y el conjunto residencial Longaray. “En Longaray había unas casitas muy bellas de dos pisos, se llama Longaray porque cuando eso eran haciendas, sembradíos de caña, había un señor que se llamaba Faustino Longaray, él y su esposa compraron esos terrenos, y empezaron a hacer unas casitas de dos pisos y las vendieron a gente clase media (…) Donde está el edificio Savoy, ahí estaba la fábrica de chocolate Savoy (…) Hicieron cinco edificios, Savoy 1, 2, 3, 4 y 5”.

Godoy continúa relatando con notorio dominio del tema de quien se ha dedicado con pasión a recoger la historia de su entorno. “El sector San Antonio de El Valle se debe a un matrimonio italiano que vino y empezó a moler café, empezaron a crecer, hicieron un galpón, hicieron Café San Antonio, dedicado a San Antonio de Padua (…) Esa es la toponimia, nombre de la tierra. Aquí existía también una antena de Radio Caracas Radio, después de San Antonio; cuando dijeron que esto lo iban a urbanizar, la antena la pasaron para San José del Ávila, y esos edificios los nombraron Radio Caracas Radio, Radio City, todos hacían referencia a eso”.

Rincones que hablan

Godoy amplió su historia. “Yo soy de la urbanización Longaray, donde está la plaza Alí Primera, esa placita es chiquitica, es un triángulo (…) Alí Primera vivía aquí en el edificio Araguaney 2, con su esposa Sol Mussett de Primera y sus hijos, cuatro varones que tuvo con ella. Yo estaba dormida cuando se escuchó aquel ruido, se escuchó tremendo escándalo, porque donde yo vivo se ve de cerca la autopista, vinieron los bomberos y fue cuando Alí Primera se estrelló. Todos los vecinos se enteraron, el rumor corrió. Ahí funcionaba una caseta de Cantv, y, en un momento determinado, dijeron: ‘Vamos a hacerle una plaza a Alí Primera’”.

Estos recuerdos parecen venir a Godoy sin orden alguno, guiados por la melancolía asomada. “Claro, es que ya cumplo 68 años, con mucho orgullo”.

La plaza Alí Primera, al igual que el Núcleo Endógeno Doctor Eduardo Gallegos Mancera, hablan de cómo la historia que se escribe ahora ha reivindicado esos héroes locales, luchadores que hoy encuentran un lugar justo entre los suyos.

Pasión por la historia

En los últimos años, Godoy descubrió su pasión por la crónica y el rescate de la historia local a través de la oralidad, desde que se acerca a un concurso convocado por la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello en 2004, el cual ganó.

“Yo lo hice por puro corazón, pura pasión. Yo, sinceramente, no pensaba que me iba a ganar un premio de literatura, porque siempre estuve empeñada con la poesía, pero resulta ser que tengo más destreza, más inclinación, más pasión, lo hago mejor, en la historia local”, comentó.
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Irma Godoy Torres es nacida en Los Teques, estado Miranda. Ella afirma: “Tengo 40 años ahí, en el conjunto residencial Longaray, o sea, yo me enamoré de El Valle, El Valle se enamoró de mí, es un amor correspondido”.

Enfermera de profesión, se jubila en 1998 a los 48 años de edad, momento en el que decide dedicarse por entero a la literatura. Desde entonces, Godoy se ha convertido en una promotora cultural incansable, cultora de la oralidad y poeta de El Valle, sus versos resaltan personajes y lugares de esta parroquia.
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Ubicación


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Una mirada al pasado

Desde su arquitectura, El Valle cuenta su historia que, claramente, habla de desigualdades heredadas, pero también de un pueblo rebelde que se levanta entre edificios y barrios, se entretejen esas historias de lucha, tradición y diversidad cultural. La retórica afirmación saber de dónde venimos nos hace detenernos en una de sus estructuras más antiguas, la iglesia parroquial Nuestra Señora de la Encarnación, construida en 1674, que originalmente era de una sola bóveda, con paredes de tapia y mampostería. El terremoto de 1812, que sacudió a la capital, también afectó este templo religioso que luego fue levantado en 1886. La reconstrucción del templo que mantiene su estructura actualmente es de tres naves, divididas por cinco arcadas.

En 1980, la iglesia sufre un incendio que conmocionó a la comunidad, destruyendo parte de la baldosa y un cancel colonial, además del órgano de fuelle (instrumento musical). Entre los objetos de colección que alberga esta iglesia se hallan una serie de imágenes realizadas en madera policromada que representan a Jesús crucificado, San Judas Tadeo, Jesús en la Columna, Virgen de los Dolores, San Martín de Porres; un Cristo pensante y una Virgen de Coromoto, ambos de tez morena. Junto a ellos, una cruz de madera de un árbol de olivo de Jerusalén que data de 1896.

El sitio sigue reuniendo a los feligreses de tradición católica en El Valle. Se trata de la cuarta iglesia más antigua de Caracas, declarada Monumento Histórico Nacional en 1960, según Gaceta Oficial 26.320.
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Tiuna El Fuerte

Un lugar decidido a hacer bajar a la gente del cerro para hacerla caminar entre los otros con igual dignidad, calidad de vida, alegría en el alma, es Tiuna el Fuerte, el epicentro cultural, o más bien contracultural, que se ha hecho una referencia obligada para hablar de El Valle creativo y llamado a revolucionar la vida en todos los aspectos. Su estructura, por sí sola, reta a repensar los espacios desde la sustentabilidad ecológica y económica, la humanización y funcionalidad de los espacios públicos. Este Parque Cultural, como se define, es un proyecto en principio arquitectónico liderado por Alejandro Haiek, profesor de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, y que responde a la ausencia de espacios para la creación, formación y esparcimiento de los citadinos.

El proyecto, que nace en 2005, también fue posible con el apoyo imprescindible de diversos colectivos artísticos que toman el terreno baldío. Tiuna el Fuerte se ha consolidado en estos 12 años. Su infraestructura, que consta de diversas naves en las que se utilizaron contenedores en desuso, ha crecido para cumplir la función con la que fue creada: tejer redes artísticas, comunitarias y académicas que permitiesen el florecimiento de un importante movimiento de producción cultural, así es como diversos aliados como Del timbo al tambo o la Alpargata solidaria hacen vida en este parque cultural que cuenta con estudios de grabación, de edición de audio y video, galerías y espacios para la formación.

Josmelly Karina García / Ciudad Ccs
Foto Yrleana Gómez


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