Swing Latino | Un virtuoso del clarinete que se enamoró del saxofón

Celebrará sus 50 años de vida con una producción en honor a sus padres

En tarima se le ve haciendo de todo. Toca el saxo, dirige, corrige y hace coro… le queda tiempo para hacer bromas. Su nombre: Hugo José Oliveros Guerra. Un caraqueño nacido en el 23 de Enero, pero adoptado por San Agustín del Sur.
Oliveros es pisciano. Nació el 4 de marzo de 1968. El próximo año llega al medio cupón y lo piensa celebrar con su primera producción. En esas anda.

“Soy el séptimo hijo de una pareja musical. Mi madre es Doris La Rosa, quien interpretaba música venezolana y mi padre era un “duro” del tango, el legendario Hugo Oliveros. Mi producción musical, la primera que haré, será dedicada a ellos, con las canciones que ellos cantaban, pero en mi estilo. Es un homenaje a quienes me dieron la oportunidad de vivir.

Oliveros nació en el Bloque 30 del 23 de Enero y se crió en las calles de San Agustín. Allí creció al lado de Luisito Quintero y Douglas Guevara (+), entre otros, por ello su gran frustración es no haber sido percusionista.

“Yo fabricaba mis instrumentos y ‘acompañaba’ a Ray Barreto en su LP Reconstrucción; eso encerrado en mi cuarto, al lado de un picó del que me apropié”.

—¿Cuándo comienzas a tocar el saxofón…?
—A finales del 1982, cuando se arma el proyecto de Gran Banda Marcial de Jóvenes para los Juegos Panamericanos Copan 83. Se armó con la participación de colegios de Caracas y el interior; a mí me tocó ir a un colegio militar que estaba por El Junquito, porque mi vecino Miguel Silva, el papá de los Silva, era profesor y allí su hijo Josué tocaba. Yo iba con él y como estaba con el profesor Miguel, me aceptaron. Llegaron los instrumentos. Yo quería el saxofón pero lo agarró otro muchacho, quedó libre un clarinete y me lo ofrecieron. Dije que sí, lógicamente.

—¿Por qué el saxo?
—Fue una necesidad. Yo me enamoré del clarinete a segunda vista. Una vez que me metí con el clarinete lo estudié bien hasta el tercer año; es decir, soy formado como clarinetista. Luego estudie en el 84 con Pedrito Naranjo año y medio. Salió una gran oportunidad por iniciativa de Jimmy “Chipilín” Fariñas, que tocaba en el núcleo de Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles en La Rinconada; él me llevó y me emocioné mucho. “Chipi” me invitó a un ensayo con la profesora Teresa Hernández, quien aceptó mi ingreso. Al terminar el año escolar estudié en mi casa, me presenté y le hice una audición al profesor Valdemar Rodríguez, quien era en ese momento el profesor de la clase clarinete y me dijo: “los dedos están muy bien, pero todo lo demás está mal”. Un comentario duro que le agradecí, porque eso me dio ánimos para salir adelante. Estuve un año con él. No me frustré y le eché un camión. Eso fue sangre sudor y lagrimas.

Hugo toca hoy profesionalmente el saxo con quien lo llame. Se formó como solista y es considerado como uno de los mejores. Su carrera se inicia con Los Gaitréticos y con Son Marín; luego… “Continúo mi carrera como solista y no he parado. Ese es un buen resumen de mi vida musical, porque hay para escribir un libro”.

—¿Con Oscar D’León?
—Se presentó la oportunidad, pero no se dio porque no estuvo de acuerdo con mis exigencias. Le pedí 350 dólares por baile fuera del pais y me dijo que eso no se le pagaba ni a Luisito Quintero ni a Raúl Agraz. Le dije que entonces se buscara a estos dos compañeros para que les tocara el saxo.

—¿Admiras a algún saxofonista en especial?
—Yo digo que Julio Flores es el mejor saxofonista que ha tenido nuestro país en todos los tiempos… Los escucho a todos y de todos aprendo algo.

Ángel Méndez / Ciudad CCS
Foto Ajomen


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