Yemen: genocidio inexistente

El estrecho de Ormuz se muestra como la causa del conflicto. No es la afrenta religiosa del islam. En todo caso, la religión...

Yemen: país árabe, productor de petróleo. Vive un conflicto social y político armado entre hutíes, leales al expresidente, Alí Abdalá Saleh (gobernó el país durante 33 años hasta el 2012 y luego fue asesinado) y las fuerzas que siguen a Abd Rabu Mansur Hadi (apoyado por Arabia Saudí) con sede en Adén. Las FFAA saudíes, así como los grupos terroristas Al Qaeda y Daesh han intervenido en esta contienda que luce inexistente a juzgar por cierta inacción de los medios de difusión del espectro internacional.

Los enfrentamientos en el seno de la guerra civil han dejado un saldo de más de 10 mil muertos, más de 3 millones de desplazados, de acuerdo con la ONU. Tan lamentable como la hambruna que está próxima a azotar a la mitad de los 27 millones de habitantes que tiene el país más pobre del mundo árabe. A este coctel se suma lo siguiente, nada indica que se pondrá fin a tanta irracionalidad.

En 2014 los hutíes echaron del poder a Hadi. Esto desató la violenta intervención de Arabia Saudí (y desde luego EEUU) en coalición con otros Estados árabes. Desde entonces tales países han perpetrado el genocidio (de la mano con EEUU) hasta ahora sin precedentes en ese lúgubre país. La obsesión saudí con Yemen no está fundamentada en el islam, sea chií o suní. Tiene asidero en el petróleo. Yemen apenas lo tiene, pero su ubicación geográfica le confiere un valor estratégico en el tráfico mundial de crudo tras el levantamiento de las sanciones a Irán.

Desde hace algunos años Arabia Saudí proyecta un nuevo oleoducto que, desde sus grandes yacimientos en el este del país y atravesando la región yemení de Hadramaut, desemboque directamente en Adén, esquivando así el actual paso de los cargueros por el estrecho de Ormuz, el cual es tutelado por Irán. El expresidente Saleh fue ajeno a la idea de otorgar a los saudíes licencia abierta para acometer tales apetencias.

La coalición está lejos de ganar el conflicto. La razón es sencilla, ningún actor gana en una guerra. Menos si la misma es inexistente en la aldea global… El silencio sin límites se está engullendo a Yemen. Ojalá sea reversible.

MARBELYS MAVÁREZ LAGUNA

Únase a la conversación