Vainas de la lengua ǀ Ni chalequeo ni bullying

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A escasos pasos de un jardín de suculentas, Yuruhary es bella. Algunas horas antes había pasado de ser novia a ser esposa y el sol de Duaca seguía lamiéndole la piel con descaro, como para que Miguel muriera de celos. Yo pensaba estas cosas tontas, tontísimas, pero también atendía la conversación, cuando la hermosa comentó a propósito de algún chisme: “Le hacen ‘burlin’, como decimos aquí”. Mi boca se hizo un ojo abierto de asombro. “¡Burlin!”, repetí maravillada.

Resulta que en ese pueblo de clima bendito, la gente no llama bullying al chalequeo mórbido, sino que la palabra se transfiguró en una que para nosotros, hispanohablantes, está setecientos millones de veces más cargada de significado. De acuerdo a lo que me explicaron, el ingenio de un niño asoció el término gringo con la palabra española burla y ahora por aquellos lares está en uso un vocablo que ojalá se extendiera como pólvora por los rincones de Latinoamérica.

El acontecimiento me hizo recordar a Yanuva niña cantando el himno nacional en la cancha de su colegio, con el gañotico de sus cinco años, echando el resto de sus pulmones especialmente en la parte que para ella decía: “¡gritemos con frío!”. ¿Quién puede culparla? No tenía ni la más mínima idea de que existía el fulano “brío”.

Sin duda es tierno y encantador este fenómeno que se da en el ámbito del habla, pues encarna la pulsión humana por encontrarle sentido al caos, así sea a los coñazos, incluso desbaratando estructuras lógicas. Quizá comparta el mismo principio de la pareidolia, fenómeno psicológico que nos impulsa a percibir figuras reconocibles en las manchas de las paredes, en las nubes, en los perfiles montañosos, en los test de Rorschach. El entendimiento exige acomodarse como puede.

Por ejemplo, volviendo a la lengua, en el caso de canciones o dichos es común que un hablante sustituya términos que desconoce por palabras que sí domina, aunque la mayoría de las veces la cosa concluye en un engendro chistoso que nos obliga a cantar “esos son Reebok o son Nike” en lugar de “this is the rythm of my life”, o a pedirle peras al horno, en vez de al olmo.