Vainas de la lengua ǀ Enamorada tuyo

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En ese tiempo jamás me pasó por la cabeza cobrar, pero creo que me hubiera ido bien. La idea no fue mía, sino de una panita del liceo. “Mira, Yanuva de los Ríos (así me decía ella), escríbeme una carta ahí, por fa”. Y Yanuva de los Ríos esa misma tarde empezó a escribir epístolas de amor a un chamo que no conocía.

Yo me las daba de profesional, claro, y preguntaba cómo es el destinatario, qué le gusta, cuándo y dónde se conocieron. Asentía y anotaba las respuestas en un cuaderno, a medida que me respondía la que sería remitente. Escribí la vaina como si el sentimiento brotara de mi corazón treceañero, pero metiendo candelita malandra aquí y allá, porque así era María y debía cuidar la verosimilitud.

Para no extender el cuento, pues me está provocando arrancar una novela, voy directo al final. Mi amiga llegó emocionada un día después de escrita la primera carta, y entre carcajadas me dijo: “Marica, le encantó, necesito que me hagas otras. Pero, chama, no es bobo, casi me descubre. Yo no digo nunca enamorada de ti, eso suena horrible, tienes que poner enamorada tuyo”. Por entonces yo era bastante más canónica que ahora, cosa rarísima, sin embargo fue inútil convencer a mi compinchita de que me pedía un horror. Recuerdo que se me espelucó el copete cada vez que firmé: “Enamorada tuyo: María”.

Hoy día por más que entiendo que uno se enamora de alguien, lo mismo que nos molestamos por algo, encuentro mucho sentido expresivo y poético en el afán popular de recurrir a los pronombres posesivos tuyo y mío para coronar la confesión.

Es como si no importara el disparate gramatical y fuese necesario, urgente, vital casi, enfatizar que todo aquello que se siente pertenece a una persona, como si el enamorado estuviese pidiendo que quien desató aquel desorden de cosquillas y sensaciones se haga cargo de su guarandinga. Es tuyo este sentimiento que me sobrepasa, vienen declarando, generación tras generación, amorosos y amorosas hispanohablantes.

Es una entrega, sin duda, y aunque la sintaxis quede amoratada y la gramática se vea descuajada irremediablemente, sospecho que me conmovería mucho saber que alguien se enamoró mío, con el perdón de aquellos que se han enamorado de mí.