Un poeta complicado al que le gustaba la gente simple

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Facundo Cabral era de esos músicos y poetas locos que pensaban que la vida era sencilla aunque su vida no lo fuera tanto. Hasta habló acerca de eso en una canción, en la que aseguraba que lo simple es el camino a la felicidad.

De hecho, antes de cantar Vida sencilla comenzaba con esta frase: “si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos aunque sea por negocio”.

También, en su disco “El oficio de cantor”, lanzó el tema Me gusta la gente simple, en el que acotaba enfáticamente: “aunque yo soy complicado”. Para él era más importante la “gente de casa pobre con corazón millonario”.

Así era este cantautor argentino que hubiera cumplido 83 años el pasado 22 mayo, quien siempre hablaba de la muerte como algo natural, aunque no fue tan natural su partida de esta vida.

De La Patagonia al estrellato

Lo registraron en La Plata, donde nació en 1937, como Rodolfo Enrique Cabral Camiñas, pero su madre siempre le decía Facundo por Facundo Quiroga, un caudillo argentino que había luchado en las campañas libertadoras junto a José de San Martín.

Fue el “toñeco”, el último de siete hermanos. No pronunció palabra alguna hasta los nueve años. Se pensaba que era mudo, aunque los médicos le diagnosticaron “debilidad mental”; tanto así que se atrevieron a decir que jamás haría un trabajo intelectual.

Su padre lo abandonó un día antes de que él naciera y su progenitora viajó con todos sus hijos hacia el sur de Argentina a probar suerte.

Vivieron en la calle, en la pobreza absoluta. Facundo recordaba cómo vio morir a cuatro de sus hermanos de hambre y de frío.

Fue a esa edad, a los nueve años, cuando decidió no sólo hablar sino regresar a pie de La Patagonia a Buenos Aires, como le contó en una entrevista al periodista Juan Carlos Kreimer. Y lo hizo caminando, en carros, camiones, motos, caballos y en tren, siempre en una cola, sin pagar pasaje.

Ya en Buenos Aires, cuatro meses después de travesía, Eva Perón le dio trabajo. Pasado el tiempo, el pequeño Facundo se había metido en más de un lío por el odio que le tenía a su padre por haberlos abandonado. Siempre quiso vengarse.

Ante tantas peleas y problemas en los que se metía, estuvo recluido en varios correccionales de menores, hasta que conoció a un jesuíta que fue su mentor: le enseñó a leer, a escribir y a querer los libros a los 14 años. Hasta esa edad había sido analfabeto.

Luego trabajó en el campo y tuvo contacto con cantores importantes como Pedro Mendizábal y Atahualpa Yupanqui. Allí entendió que la música era su destino: aprendió los acordes de la guitarra que lo acompañó hasta su muerte.

Ni de aquí ni de allá

Su tema más famoso es No soy de aquí ni soy de allá, que para él era una declaración de principios: “No tengo edad, ni porvenir y ser feliz es mi color de identidad”. En esa estrofa decía lo que él veía de la vida.

Sus canciones eran trova con énfasis en la protesta y con gran carácter social: no faltaban las letras contra la hipocresía política, los abusos de poder y las injusticias, así como a favor de las luchas.

No me llames extranjero fue otro de sus sencillos más conocidos en el que expresaba que no podían llamarle así “porque haya nacido lejos o porque tenga otro nombre, la tierra de donde vengo. No me llames extranjero porque fue distinto el seno o porque acunó mi infancia, otro idioma de los cuentos”.

Otros de los sencillos más exitosos del cantautor son Este es un nuevo día, Si yo digo lo que digo, A veces me pregunto, Vengo de todas las cosas, A mis amigos y Entre pobres, así como sus monólogos y diálogos cantados con anécdotas personales, parábolas y crítica.

Su manera de ver la muerte

Cabral vivió sus últimos años en la habitación 509 del Suipacha Suites, un hotel ubicado en el centro de Buenos Aires, en Argentina. Padecía varias enfermedades. Incluso le habrían diagnosticado cáncer terminal del que terminó curándose luego de cuatro años de tratamiento.

Cuatro años antes de ser asesinado, Cabral concedió una entrevista a la BBC de Londres, en la que habló de la muerte, de la que dijo que ésta “trabaja para recrear la vida. Es un reordenamiento. La que llamamos muerte es en realidad una mudanza. Uno deja el cuerpo que le fue tan útil para caminar en esta etapa terrena y vuela con su espíritu, que es lo que pasa con el sueño cada noche. Estamos para siempre, por eso tenemos que empezar a llevarnos bien con la vida porque la muerte es una recreadora de la vida”.

Y continuó con una hermosa historia: “Hay una comunidad indígena en Guatemala, descendiente directo de los Mayas, que cuando se retiran de una reunión en la noche no dicen ‘voy a dormir’ sino que dicen ‘voy a ensayar la muerte’. Tal vez la vida es lo que va de la mañana a la noche. Vivimos 365 vidas por año”.

¿Qué iba a pensar este poeta y cantante argentino que iba a ser asesinado y justamente en ciudad de Guatemala? Fue allí donde ocurrió, el 9 de julio de 2011, cuando se desplazaba de copiloto en una camioneta hacia el aeropuerto.

Los sicarios estaban tras el empresario Henry Fariña, que era investigado por narcotráfico y lavado de capitales, que para ese momento estaba conduciendo el vehículo.

Lamentablemente Facundo fue la víctima.

Años antes, Cabral dijo cómo quería ser recordado: “como un hombre agradecido porque el agradecido siempre es agraciado”.

Rocío Cazal
rociocazal@gmail.com