LETRA DESATADA | Walt Disney no puede respirar

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El largo brazo del supremacismo blanco, el de la industria cultural hegemónica, hizo fiesta por décadas en su “patio trasero”. La doctrina Monroe se hizo película, se hizo palabra, música, texto e imágenes .Y desde hace más de un siglo la transculturación proveniente de Estados Unidos determinó, determina, nuestras preferencias musicales, nuestros gustos cinematográficos, la manera de vestirnos, etc. Era de Walt Disney la primera película que vi en el Cine Bolívar de Altagracia de Orituco. De eso hará casi 50 años. No recuerdo el nombre pero tampoco importa. Era una película Disney, y 50 años después aún veo películas de Disney, pero para gente de mi edad. También tengo recuerdos de series de televisión gringas. Miniseries, películas, documentales. Y la música. La importancia de la música radica en el interés que mantiene en los seres humanos de cualquier edad. Cantar canciones en el idioma inglés es más normal que saberse Florentino y el diablo.

Nuestros referentes culturales están impregnados de la cultura mass mediática gringa. Cantantes, actores, actrices, deportistas, gastronomía, ropa, calzado, revistas, periódicos, toda esa información que llevamos en el ADN, es de origen estadounidense. Gente de allá y costumbres de allá. Por décadas la noche del Oscar, por ejemplo, pasó a formar parte de la “apuesta” cultural de la televisión. Y los “gramis” sustituyeron a los premios Ronda o el Meridiano de Oro. El dominio ejercido por los gringos en el área del entretenimiento en Venezuela es espeluznante. ¿Que por qué les digo todo esto? Porque yo no soy pitiyanqui, gracias a la familia en la que tuve la dicha de nacer y porque se me hizo muy, muy difícil, aprender a hablar inglés.

Por eso hay dos grupos de venezolanos que coinciden en el interés por lo que pasa en Estados Unidos. Por eso duele el racismo. Nuestro dolor por el pueblo estadounidense, ese que hoy protesta, va mucho más allá de la solidaridad internacional. Porque los conocemos, más allá de sus gobernantes. Y es que esa misma industria cultural que hoy trata de ignorar la rebelión de los extras, su rebelión interna, tiene un jefe que es el Gobierno de Estados Unidos, el mismo que está sostenido por el complejo militar/financiero. En ese complejo contexto más que conocido, Lula intentaba burlarse de Chávez por su afición al beisbol. Y claro que era algo que, al menos, había que explicar. Chávez no lo explicó y tampoco se disculpó. ¿Por qué explicar algo que se lleva en las venas?

Con los años las series cambiaron de nombre, se han hecho “riméis” de películas, canciones, series y nuestros hijos e hijas soñaban, sueñan, con ir a Orlando a pasear con “miquimau”, con jugar con “barbis” o con llegar a las Grandes Ligas. Así también somos. Michael Jordan, Dave Parker, ET, Muhammad Ali y la Casa Blanca no nos parecen cercanos de gratis. Lo malo es cuando todo “eso” se convierte en un “no puedo respirar”. Ahí es cuando se sabe si tenemos patria o si apenas llegamos a pitiyanquis. ¿En qué grupo se encuentra usted? Sigamos.

MERCEDES CHACÍN