HISTORIA VIVA | Narrativa del odio y el amor

Aldemaro Barrios

0

No voy hablar de Trump porque ya sabemos que el tipo tiene unos tornillos ruines xenofóbicos y racistas evidentes. Él ocupa en la escala de valores del odio “la presidencia”, el sitial más alto visible. Me referiré a los que no tienen cargos partidistas ni son figuras destacadas del mundo político, pero que sin embargo como “comunes” tienen un rol protagónico en las redes sociales. Allí las expresiones de odio se exacerban en una narrativa disociada y pedestre y también circulan las del amor y la ternura humana.

Lo que a veces parece un juego de muchachos en las redes deseándole la muerte a algún chavista o a un “escuálido”, se convierte en un metalenguaje que pretende y proyecta una intensión física real. Pudiéramos decir en un “intento de homicidio”. De manera que no se trata de “juegos” de palabras por “echar broma” ni de “fue jugando, vale”.

Recientemente vimos como algunos líderes de la Revolución Bolivariana se contagiaron con el covid-19. Entonces se desató una rabiosa e histérica oleada de mensajes de contenido perverso contra estos líderes. Aún después del lamentablemente fallecimiento del padre Vidal Atencio en Maracaibo, un referente zuliano de amor y bondad.

Hay una creencia mítica religiosa popular que señala que no se debe desear la muerte a alguien porque se puede revertir contra quien así lo desea. Esta expresión es relativa al quinto mandamiento que ordena no hacer daño a la propia vida o a la de otros con palabras, obras o deseos (odio). Es decir, querer bien a todos y perdonar a nuestros enemigos.

Odiar se ha convertido en una práctica recurrente en la redes cuando el fanatismo se apodera de las mentes ante la frustración, el desaliento. O también por la inducción de líderes políticos cuyos discursos llevan una carga conflictiva muchas veces irracional y violenta. Siempre desacompañados del sentido político de la ponderación.

Toda esta perorata del “odio al chavismo” en las redes se refiere al imaginario formado por convertirlos en “enemigos” y colocarlos en el “eje del mal”. Pero también a la respuesta y caracterización del otro como tal.

La diferencia es que cuando un contrario al bolivarianismo le mienta la madre a un chavista, este lo señala simplemente como “escuálido” que aunque tiene una connotación no violenta, genera una sensación de “arrechera”. Como aquella reacción histérica de Henrique Capriles Radonski, cuando perdió la elección presidencial en abril de 2013, que generó oleadas de violencia callejera y furias de señoras “cacerolistas profesionales”, especialmente en el este de Caracas.

Afortunadamente estos duelos de palabras “malditas” en las redes no pasan de ser enunciativas. Aunque las palabras contienen un alto valor simbólico en las relaciones humanas.

A partir de los desafueros escuálidos sobre desearle la muerte a Diosdado, a Tareck El Aissami o a Omar Prieto, el gobernador de Zulia, la respuesta de los seguidores del Chavismo ha sido significativamente amorosa. Con diversos mensajes sobre la salud, el cuidado y la recuperación de estos líderes de la Revolución Bolivariana.

Durante los últimos 20 años creo no conocer a alguien que haya hecho más daño a Venezuela, a todos los venezolanos incluyendo a los escuálidos, que Juan Guaidó, salvo algunas deshonrosas excepciones. Sin embargo yo no le deseo la muerte. Sin ocultar la irritación que produce saber que él es cómplice o partícipe del robo de 31 toneladas de oro venezolano, entre otros desfalcos de recursos de la nación en Estados Unidos o Europa. Hoy entendemos que él es un simple instrumento de un sistema de dominación y de su centro de poder en Washington. Y no por ello es menos responsable, como lo son quienes le orientan tras las sombras.

Si el chavismo es un movimiento político social con rostro y fundamentación humanista, mal puede demonizar a quienes han golpeado y siguen agrediendo a Venezuela implacablemente. Pero no por eso debemos dejar que los “malos” destruyan la dignidad y la soberanía de un pueblo valiente, erguido ante sus agresores y dispuesto a defenderse hasta la última instancia.

António Guterres en una declaración de Naciones Unidas sobre el discurso del odio en 2019, dijo que se trata de una amenaza a los valores democráticos, la paz y la estabilidad mundial. Y señaló: “El silencio puede ser una señal de indiferencia al fanatismo y la intolerancia, incluso en los momentos en que la situación se agrava y las personas vulnerables se convierten en víctimas”. [1]

Habrá quienes digan que hay que ser ofensivos ante la agresión en las redes y ciertamente vemos estos enfrentamientos con absoluta libertad y lenguaje soez, agresivo y grosero.

Pero, ¿estas emociones escritas se quedan en los textos de las redes o pasan a formar un acumulado de odio de los fanáticos que puede en cualquier momento tomar forma física violenta? La mente y el comportamiento social humano son complejos. Un acumulado de ira contenida puede generar una explosión. Igual a quienes interactúan en las redes a través del odio, les sirve de descargo a esas emociones encontradas, frustraciones o expectativas incumplidas.

La académica española Ángela Sierra González analizó el discurso del odio y dio algunos elementos que transcribo para ampliar este análisis. “El discurso del odio no conoce la ‘negociación’, ni el ‘compromiso’ ni, por lo tanto, la ‘paz’, porque no se reconoce al enemigo como legítimo, un iustus hostis, sino un enemigo al que hay que aniquilar, del cual no se acepta sino la rendición total”. [2]

A toda expectativa, el comportamiento del odio o del amor en las redes es responsabilidad consciente de quienes escriben. Si es que de alguna manera debemos ponderar el dolor que genera un acto irracional que incluso tiene desaprobaciones éticas, morales y religiosas que están profundamente arraigadas en el alma del pueblo venezolano. Sin distinción ideológica o política como hemos señalado.

Ángel Rosenblat en su libro Buenas y malas palabras señaló que los españoles cuando llegaron a estas tierras aprendieron a comer maíz, batata, yuca, maní o ají. Y también aprendieron esas palabras indígenas.

Pareciera que hoy todavía tenemos que aprender más de nuestros pueblos originarios, especialmente cuando interactuamos de manera escrita en las redes. Por ejemplo, en lenguaje pemón cuando se quiere ofender a alguien, valga decir mentarle la madre, se le dice “Usted está por debajo de mis ojos”. Y si es lo contrario, y se le señala como admirado, se le dice “Usted está por encima de mis ojos”.

Si algún día superamos el lenguaje de odio en las redes y escucháramos las recomendaciones del poeta Gustavo Pereira, como las de su libro Costado indio, estoy seguro de que seríamos más felices. Muchos escuálidos serían menos amargados. Se enfermarían menos por cuanto sus mecanismos autoinmunes estarían en mejores condiciones. Y conseguirían una paz interna que tanto necesitan para vivir bien. Por ahora, mientras más personas amorosas aparezcan en las redes, estaremos salvados del odio y de las enfermedades que este somatiza.

Aldemaro Barrios Romero

Historia viva | Aldemaro Barrios es licenciado en Ciencias de la Comunicación y analiza en este texto las expresiones de amor y odio que circulan en redes sociales
Concierto de Voces en Ciudad Caracas

[1] Guterres António (2019) La estrategia y plan de acción de las Naciones Unidas para la lucha contra el discurso de odio. ONU. Disponible en: https://www.un.org/en/genocideprevention/documents/advising-and-mobilizing/Action_plan_on_hate_speech_ES.pdf

[2] Sierra González Ángela (2007) “Los discursos del odio. Humanidades Cuadernos del Ateneo. Disponible en : http//dialnet.uniroja.es