EstoyAlmado | Nueva virtualidad

Manuel Palma

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Tengo reservas de hablar de la «nueva normalidad». Entiendo que es el lugar común mundial para que aceptemos que la vida será distinta tras la irrupción del ahora omnipresente coronavirus. Pero sospecho que podríamos estar en una especie de una nueva virtualidad.

Antes del coronavirus, lo virtual nos hacía guiños con gestión de servicios, pagos electrónicos, selfies para el ego milenial, educación a distancia y vidas editadas en las redes sociales. Se trataba de complementos en nuestra cotidianidad.

Mientras tanto afuera, en la calle, sin confinamiento, intentábamos tener una vida presencial en un mundo que de antemano ya lucía bastante anormal. De hecho, si ahora habría que redefinir el nuevo panorama se podría llamar la «nueva anormalidad».
Pero más allá del cliché del momento, al parecer se cimienta una nueva virtualidad que apenas asoma su nariz.

Por ejemplo, en plena pandemia supe de un equipo infantil de fútbol de Caracas que ganó un partido y clasificó a la final. El conjunto de la capital ganó 854 contra 839. Por supuesto, no hubo goles, ni mucho menos niños arremolinándose detrás del balón, o padres desgañitándose al unísono en las gradas: «¡vaaaamos hijo!»

Fue un torneo 100% virtual. Los padres votaron en Instagram por el equipo donde alguna vez jugaron sus muchachos antes de la cuarentena. La competencia era sencilla: ganaba el equipo que sumara más votos en la cuenta del torneo.

Aunque comenzó como algo transitorio, ahora hay abundantes campeonatos virtuales donde hay finales “de infarto”, según reseñan los organizadores. Lo asombroso es que, tras esos vibrantes partidos online, algunos clubes justifican ante los padres el cobro de los meses donde no se ha podido jugar fútbol de «verdaíta».

En esa nueva virtualidad también hay maratones. Tú escoges: pueden ser desde 5 hasta 40 kilómetros. No verás un gentío en las avenidas corriendo encima del asfalto caliente y huyéndole al autobús del coronavirus. No.

Esta vez los participantes corren solitos en el trazado terrestre que escojan. Con algunas excepciones, la mayoría de estos maratones cuestan entre 14.99$ y 25$. Hay formas para saber quién ganó, pero la más conocida es bajar una aplicación en el celular, que luego te dirá si ganaste, quedaste detrás de la ambulancia o si tomaste un mototaxi para cubrir en poco tiempo 10 km.

Hay otros indicios de esta nueva virtualidad. Con la pandemia acechándonos, se intenta naturalizar asistir al teatro virtual, tomar un curso de Reiki por wasap o ver la llegada de las ballenas del Golfo Nuevo en el Atlántico en una sesión pagada en Zoom.

De esta forma, asistimos a nueva virtualidad parida por el confinamiento que trata de probar hasta límites insospechados la misión inoculada de ‘reinventarse’. Aunque se pudiera pensar que sólo es para ciertos sectores de la sociedad, este reinvento virtual está teniendo alta receptividad. Sin darnos cuenta está en marcha una respuesta soslayada para desconfinar la mente, sin teoría de aguja hipodérmica que valga.

Este fenómeno de la nueva virtualidad luce en el horizonte como una resistencia ante la asfixiante parálisis que nos quiere imponer la covid-19. Y no lo subestimen: viene con modelo económico incluido, donde algunas personas pagan sin problemas y están dispuestas a vivir experiencias que hace unos meses eran impensables.

¿Cómo terminará esto? El asunto está en ciernes. Incluso, nadie sabe si será sucedáneo de la realidad prepandemia. Eso es tan impredecible como conocer cuándo habrá una cura definitiva para extinguir el virus de nuestras vidas. Lo que sí es cierto es que pase lo que pase, más nunca seremos los mismos.

Manuel Palma

En esta entrega de EstoyAlmado, Manuel Palma habla de la nueva virtualidad parida por el confinamiento ante el Covid-19
Concierto de Voces en Ciudad Caracas