Diego Silva Silva: En el ejército libertador hubo músicos y compositores

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Músico, compositor, investigador, guitarrista y violinista. Premio Casa de las Américas en Composición, en el año 2004.

— ¿Cuál es el panorama de la música nacional?

— Muy a pesar de que el sistema nacional de medios y el privado insisten en la no presencia de las músicas nuestras en sus programaciones, hay un resurgimiento reflexivo de los componentes asociados a la identidad venezolana y caribeña; esto se está presentando principalmente en el campo de las músicas tradicionales y ha tenido impacto en la industria cultural y en otras expresiones de los depositarios urbanos como el jazz, el rock y la salsa; y en un género que comienza a manifestar elevados grados de elaboración: la canción de hondo contenido poético y social. En el ámbito académico dominan grupos disciplinarios y escuelas con muchísimo poder que desean controlar, manipular, e imponer el discurso musical que se nos presenta como “universal” desde su visión hegemónica heredada del colonialismo, a través de convocatorias efectistas (eventos, sistema de orquestas), y cuentan con el apoyo sustancial de la empresa privada y (lamentablemente) del gobierno, además de su profunda penetración en el campo de la educación y la actividad profesional en general.

— Usted afirma que en el ejército patriota había músicos que pasaron por la escuela del Padre Sojo, ¿esos músicos fueron los que compusieron las canciones patrióticas?

— Los compositores son todos pertenecientes a la primera generación de esa escuela, lo más audaz del momento; otros surgen ya avanzado el proceso independentista, pero son herederos de los anteriores. Algunos compositores y muchos instrumentistas integraron el ejército libertador.

— Usted también rescató las canciones patrióticas, ¿ha valido la pena ese rescate?

— Sí, porque además de su originalidad y elevado valor estético, en ellas palpita un universal presente en todas las culturas: la solidaridad de los artistas con las luchas sociales; que es justamente lo que siempre han tratado de soslayar las clases dominantes.

Si las academias acotadas y los funcionarios buscadores de votos o de convocatorias fáciles las obvian, serán evidenciados por generaciones futuras de estudiosos, a nivel nacional e internacional.

— Dijo usted: “Habría que repensar el concepto de élite. Un creador se entrega con honestidad a su trabajo, la sociedad es responsable de que los códigos puedan ser comprendidos, descifrados… finalmente disfrutados como propuesta estética. Han sido las clases sociales favorecidas las que han aislado a los pueblos de la comprensión de estos códigos”. ¿Cuáles son esos códigos?

-En todos los campos hay quienes van más allá de la inmediatez del oficio o disciplina: trabajan con pasión y desprendimiento; son grupos o personalidades de avanzada en todas las áreas (científico, artístico, literario, social, militar, deportivo); que zanjan obstáculos o logran avances importantes para la especie humana; son élites y hay que diferenciarlos del elitismo, practicado mediante la apropiación del conocimiento y de la fuerza de trabajo de los creadores por parte de las clases dominantes, para así perpetuarse en el poder, favoreciendo a quienes representan mejor sus intereses.

Código es un término polisémico y se puede enfocar desde diferentes estrategias, en nuestro caso es la comunicacional y significa que algunos artistas obramos con propuestas (códigos) no convencionales; al margen de los ambientes comerciales de la diversión y entretenimiento; para provocar procesos reflexivos y críticos en torno a la disciplina que desarrollamos; su razón poética; su modo de trabajarla (otra manera de hacer música); y usos y funciones distintos; además de su trascendencia mediante proposiciones concebidas para alcanzar una sociedad mejor. Esto hay que socializarlo sin desproporciones que privilegien lo foráneo sobre lo propio.

— ¿Valdrá la pena componerle una sinfonía a esta pandemia?

-La pregunta es personalísima y depende de cada quien: yo compondría una obra y pensaría en cavilar sobre: su origen y proveniencia; la irresponsabilidad criminal de algunos intereses en convertirla en un asunto para mercadear; el heroísmo y desprendimiento de quienes la están combatiendo a riesgo de sus vidas; y las inocentes víctimas que día a día la padecen y fallecen. Es posible que algunas instituciones interesadas en "canalizar recursos financieros; promuevan o financien algunos trabajos; valga la oportunidad para decir que si yo la hiciese por iniciativa propia (como toda mi obra), correría el riesgo de que la partitura quede archivada, ante la recurrente y consuetudinaria práctica de las orquestas sinfónicas en Venezuela de otorgar preeminencia a lo ajeno en sus programaciones, y al talante complaciente de sus financistas y favorecedores (incluyendo el estado) con ese estado de cosas, y eso me recuerda su primera pregunta: ¿Cuál es el panorama de la música nacional?

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Retrato Hablado 

¡Y si algún día se llegara a comprobar que nosotros –los eternos penitentes del futuro– hemos vivido en el mejor de los tiempos posibles! Así reflexionaba Elías Canetti, uno de los escritores y pensadores más sólidos de Europa. En 1935 publicó su única novela, Auto de fe, donde hablaba de la cultura de masas y de la dignidad personal. Es más adelante, en 1960, cuando un poco más maduro y pleno de conocimientos, publica la obra que lo hizo célebre, Masa y poder. Allí pone en práctica su irreverencia y discute acerca de las teorías de Freud y la psicología de masas. En 1977 publicó sus memorias en tres tomos, pero es con La lengua absuelta con la que alcanza un gran éxito. También escribió poesía y obras de teatro. Supo ejercer la escritura como una profesión. Y en 1981 es reconocido con el Premio Nobel de literatura, una demostración de que su pensamiento y su creación estaban bien fundamentados. Canetti nació el 25 de julio, pero de 1905, en Ruse, Bulgaria, y murió un día como hoy 14 de agosto de 1994, en Zúrich, Suiza.

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El Viernes de Lira 

Ciudad CCS / Roberto Malaver