ASÍ DE SENCILLO | A las seis es la cita

Maritza Cabello

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A las seis estaré allí. -Dijo.

Llega a las siete con una amplia sonrisa y sin explicaciones. Fresco, con el cabello mojado, planchado y perfumado.

Dispuesto a cumplir la cita. Cómodo. ¡No ha pasado nada!

Así vamos por la vida. Disponemos del tiempo del otro.

El tiempo es la verdadera fortuna que tenemos. Es el sincero amor que podemos brindar y que nos pueden dar.

Damos un espacio nuestro, que se corre el riego de irse sin vivirlo plenamente.

Cada minuto, cada segundo cuenta. Así se use para nada, porque hacer nada requiere tiempo.

Cuando alguien deja de hacer su rutina y hace un alto en sus múltiples ocupaciones para ofrecer una mirada atenta, escuchar con atención y para colmo da un abrazo, así no sea físico, hay que agradecer con el alma semejante gesto. Esa persona nos está dando vida, nos da su tiempo.

No sólo se es puntual con la llegada, también, se necesita puntualidad en la salida. Es necesario activar el sentido común y observar la curva de la conversación para poner punto final.

A veces no nos damos cuenta que ya la visita terminó. Que llegó, se recibió con cariño, intercambiaron impresiones, compartieron y conversaron. ¡Todo!

¡Ya! Te amo, pero vete.

Como, generalmente, no decimos lo que sentimos, entonces la situación se vuelve incómoda y la visita eterna.

Otra vez se violenta el tiempo del otro.

En estos momentos en que la mayoría de las personas están conectadas consigo mismo. En este justo momento que no sabemos qué nos depara. Ahora la riqueza se llama, tiempo.

Si dijiste a las seis, llega a las seis.

A la seis es la cita.

Maritza Cabello