LUNASOL | Las dos flechas del 6D

William E. Izarra

0

Entramos en la fase pre 6D (13 semanas para el acto electoral) que es propicia para que los pensadores revolucionarios aceleren la producción intelectual. Momento que exige a los constructores del Socialismo Bolivariano temperancia, conciencia y sabiduría. Punto decisivo para diferenciar lo que es reforma de lo que es revolución. Coyuntura para sincerar posiciones políticas e ideológicas. Línea divisoria que marca la realidad de los dos sistemas políticos encontrados: democracia representativa capitalista y Revolución Bolivariana socialista. Estamos, entonces, de frente a la historia y con la obligación de rendir cuentas al pueblo y a nosotros mismos.

Se hace necesario también observar que la masa popular, el pueblo revolucionario como estructura política, ha ascendido en sus niveles de conciencia. Acto que se le debe a Hugo Chávez, a la Constitución Bolivariana y a la revolución impulsada por hombres íntegros que no perecen ni claudican en su búsqueda justiciera.

Estamos a un paso del cruce de caminos del 6D, el cual nos indica dos flechas que señalan el rumbo a seguir. La flecha hacia la derecha es para no romper con la cultura política que impuso la alienación capitalista. Por lo tanto, es mantenerse apegados al sistema de la democracia representativa, aceptar la reforma y olvidarse de la idea revolucionaria. Es hacerle ofertas al pueblo, para ganar indulgencias y no cumplirlas. Es también, hablar en nombre de la revolución pero actuar como “escuálidos”. Es sostener ante la opinión pública la depuración del aparato burocrático, pero “por debajo de la mesa” mantener el vicio de los ilícitos y de la corrupción. Es, además, emplear el poder para usufructuarlo y no para alcanzar el bien común.

La otra flecha, que orienta hacia la izquierda, es la senda para asumir la lucha por consolidar el cambio del capitalismo al socialismo. Lo que implica: (1) claridad ideológica para actuar como un ser de buena voluntad; (2) aprehender para sí la conciencia revolucionaria y convertirse en un auténtico promotor del bien común y de la producción socialista; (3) estimular la formación política propia y de la militancia para contrarrestar los efectos demoledores de la fascinación del poder; (4) canalizar los actos revolucionarios como la vía constitucional para la toma del poder; (5) fundamentar los actos constituyentes para crear el Estado socialista ; (6) inducir el fomento de los principios éticos y morales a fin de interactuar con base en la humildad, la solidaridad y el amor al prójimo.

El camino que escojan los indecisos no tiene vuelta atrás. Las flechas así lo indican. El pueblo, ese que produjo el 13 de abril y derrotó las guarimbas y el terrorismo inducido por al imperio, ya no es el mismo. Aquella masa sumisa sabe ahora lo que es el poder popular. Si aún persiste la conducta clientelar, la tendencia es acoplarse a la conciencia colectiva y la vía de la emancipación. Por eso, las cohortes generacionales que protagonizan la escena política actual y dirigen la sociedad, no pueden seguir en el limbo de la ambigüedad. Las dos flechas están allí. Subyacen en la práctica de los actos políticos.

La escogencia del camino del socialismo para quienes no lo han hecho todavía, ya no tiene prórrogas. Las próximas cohortes generacionales se están preparando para reemplazarlos. La flecha del socialismo de la revolución salta a quienes se les dificulta desprenderse de la flecha de la alienación capitalista y reformista.

William E. Izarra