AHORA LOS PUEBLOS | Latinoamérica en disputa: Chile, pandemónium neoliberal (II)

Anabel Díaz Aché

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Una vez consumado el derrocamiento de Salvador Allende, el pinochetismo instauró una dictadura neoliberal. Sus resultados fueron exaltados por las corporaciones mediáticas como el “milagro chileno”, fueron impuestos en medio de un toque de queda, que se decretó durante el golpe de Estado y se levantó 13 años después, en enero de 1987.

El poderoso movimiento sindical chileno, que se forjó desde el inicio del siglo XX, extendiéndose en los sectores agrícola, minero y manufacturero, fue sistemáticamente destruido por el régimen instaurado en 1973. “Sus líderes sindicales y partidarios fueron torturados, asesinados, encarcelados o exiliados. Los partidos políticos fueron prohibidos y los sindicatos virtualmente ilegales. La dictadura introdujo un sistema laboral «flexible» que dejó a los trabajadores con el derecho formal de contrato individual, pero los despojó de todo derecho a organizarse y negociar colectivamente” [1].

Las profundas reformas económicas implementadas durante la década de los 80 fueron dirigidas por Milton Friedman, premio Nobel de Economía, y su grupo de egresados de la Universidad de Chicago, denominados Chicago Boys. El régimen pinochetista exhibe entre sus logros limitar la intervención estatal en la economía, la privatización de la red eléctrica y el sistema telefónico, entre otras empresas públicas.

No obstante, sus resultados no son nada alentadores, “…los efectos negativos de las privatizaciones en Chile exceden en mucho sus consecuencias positivas, y refutan la teoría neoliberal que ve en ellas una fuente de eficiencia económica y bienestar para todos. Han significado enormes pérdidas al Estado, patrimonio de todos los chilenos; han sustituido monopolios públicos por monopolios u oligopolios privados poderosos sobre los cuales el Estado y los consumidores no tienen ninguna influencia; han aumentado indebidamente los precios de los servicios y han constituido una fuente de enriquecimiento indebido para los compradores de las empresas públicas, y los funcionarios implicados en su venta” [2].

A pesar de lo proclamado por la doctrina neoliberal sobre eliminar el papel rector del Estado y dejar actuar a la “mano invisible del mercado”, recientes estudios sobre la historia económica chilena sugieren que en áreas consideradas estratégicas o de alto riesgo, donde el capital privado no invertiría, sucedió todo lo contrario. El régimen pinochetista mantuvo a la Corporación Nacional del Cobre (CODELCO), que fue creada en 1966, como una corporación estatal y motor fundamental para el desarrollo económico del país.

El Estado jugó un papel fundamental en la estrategia económica de la dictadura, centrada en la creación de un sector exportador «no tradicional». En 1974 creó ProChile, una agencia estatal para ayudar al sector privado a vender a los mercados extranjeros. “A través de su Fondo de Promoción de Exportaciones, ProChile ha cofinanciado proyectos de exportación, proporcionando hasta el 50% del capital necesario” [3]. Asimismo, en 1976 crea la Fundación Chile, con recursos mixtos (públicos y privados), responsable de la mayor parte de la diversificación tecnológica y crecimiento de la industria privada chilena.

Fortaleció el papel de la Corporación de Fomento de la Producción de Chile (CORFO), en la estrategia Industrialización por Sustitución de Importaciones, para construir la base de producción nacional privada. Es así como la reestructuración de la economía fue dirigida por una política gubernamental, que facilitó la transferencia de los recursos públicos, para la expansión y desarrollo tecnológico del capital privado.

Durante la década de 1980, mientras el gobierno aplicaba estas políticas económicas neoliberales, facilitando la inversión del capital trasnacional en el sector minero, permitiendo sus operaciones en el país sin pagar impuestos; el pueblo chileno soportaba una profunda recesión desde 1982 a 1985, en la que el desempleo alcanzó el 20% y se pagaba un impuesto al valor agregado del 19% sobre el consumo, incluidos alimentos y medicinas. Con el auge de las exportaciones, se impulsó el crecimiento económico del país, originando un incremento en un 88% del ingreso per cápita entre 1987 y 1998.

Sin embargo, el informe sobre Desigualdad de Ingresos y Pobreza en Chile 1990 a 2013, del PNUD, señala: “Chile tiene ahora la tercera distribución de ingresos más desigual de América Latina (detrás de Brasil y Guatemala)… la desigualdad tiene carácter sistémico y se manifiesta en un conjunto de dimensiones, más allá de los ingresos. Así, hay desigualdades relevantes en las relaciones sociales, en la distribución del poder, en las oportunidades, a nivel territorial y respecto de minorías discriminadas… hay diferencias muy marcadas de los estándares de vida que logran distintos grupos de la población. El coeficiente de Gini debe caer aún 20 puntos adicionales, para que la desigualdad del ingreso en Chile converja al nivel promedio de la Organización para la cooperación económica y el desarrollo” [4]. La desigualdad de condiciones y oportunidades entre el 1% y el resto de la población, es un resultado deliberado de las políticas económicas neoliberales aplicadas por el Estado chileno durante el régimen dictatorial y los gobiernos subsiguientes.

Anabel Díaz Aché

[1] y [3] Cypher, James M. (2004) ¿Es Chile un éxito neoliberal? Revista Dollars & Sense. http://dollarsandsense.org/archives/2004/0904cypher.html
[2] Vergara Estévez, Jorge (2005). El Mito de las Privatizaciones en Chile, Revista Latinoamericana POLIS. https://journals.openedition.org/polis/5604
[4] Larrañaga, Osvaldo y Rodríguez, María Eugenia (2014). Desigualdad de Ingresos y Pobreza en Chile 1990 a 2013. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Chile.
https://www.undp.org/content/dam/chile/docs/pobreza/undp_cl_pobreza_cap_7_desiguypob.pdf