LA CARAQUEÑIDAD | La pandemia ha desempolvado entidades superiores

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“…la vulnerabilidad frente a las epidemias era reforzada a través del discurso religioso…”

Desde que el mundo es mundo, el hombre, en la búsqueda de nuevas perspectivas, vive aferrado a su ingenio, fuerza y destrezas, pero al enfrentar los obstáculos naturales y de la vida misma buscó aliados en creencias sobrehumanas; de allí su fe en seres superiores y sobre ellos reposa el destino de la humanidad.

Si pasan cosas buenas, es gracias a Dios, el supremo de la religión católica, que profesa el 98% de la población en Venezuela. Pero si son negativas, alerta, porque eso puede ser un castigo de Dios. Incomprensiones del discurso. ¿Cómo es posible que Dios permita castigo para su hijo el hombre? ¿Por qué Caracas, Venezuela y el mundo atraviesan por estos momentos de zozobra a raíz de un virus? ¿Espera Dios un momento preciso para revelar su poder a través de vírgenes, ángeles, santos o espíritus de luz?

“En lo que toca a morirse los indios e ir en disminución son juicios secretos de Dios que los hombres no los alcanzan”, escribió sobre los estragos de la viruela Pedro De Liévano, Deán de la Catedral de Guatemala en 1582, y coincide con los misioneros franciscanos y dominicos instalados en Venezuela desde inicios de ese siglo XVI para evangelizar a nuestros indígenas, que tenían sus propias creencias, perspectivas, retos y miedos.

Siempre el poder eclesiástico sobre la población en general y el manejo de los medios para infundir sus ideas, donde prevalece el miedo al ser supremo, con quien solo ellos tienen contacto directo y muy buenas relaciones… A partir de allí el pueblo de a pie se fue construyendo su fe y hoy Caracas, Venezuela y el mundo siguen esperando signos contra el covid-19.

Doña Maigualida Terán, una rezandera de Petare, que cura maldiojo, culebrilla y otros males, insiste en que las súplicas no han sido respondidas porque hay irregularidades en las peticiones.

“Vea su celular. Lo despiertan con muchas plegarias y buenos deseos. Le envían un Padrenuestro y tres Avemarías. Y en media hora, ¡oh sorpresa!, la misma persona celebra el mal ajeno y ríe por la muerte del prójimo porque lo consideran adversario. ¿Qué locura es esta? Esta vaina es un castigo de Dios por tanta hipocresía colectiva e individual”, y alertó sobre el cambio de actitud. “Esta pandemia será controlada con distanciamiento social, tapabocas y mucha fe, pero a partir del saneamiento espiritual”, sentenció ante tanta falsedad mimetizada con manto seudorreligioso, que por supuesto Dios y su combo celestial detectan y ralentizan, niegan o revierten los efectos de las fariseas peticiones.

Temor a lo desconocido

“La actitud asumida de temor e impotencia ante la muerte inminente que representaba el contagio y la enfermedad, conllevaba a la búsqueda de ayuda y protección más allá de los límites naturales (…) Así, se acude a Dios o a la Virgen y los santos para obtener la curación”, afirma Sandra Durán en el trabajo de postgrado Geografía de lo sagrado en la ULA, en referencia al desarrollo de las mortales epidemias en el continente y en el país desde inicios del siglo XVI.

Agrega la autora que “la vulnerabilidad frente a las epidemias era reforzada a través del discurso religioso que incitaba a que se creyera en un Dios omnipotente, (…) que inspiraba temor y respeto, (…) y es esa dependencia la que motivaba al ser humano a una necesidad de protección, de favores y gracias, las cuales hacían manifiestas mediante ritos, símbolos y devociones particulares”, y hoy, cinco siglos más tarde, con todos los adelantos tecnológicos que no solo podrían acercar al hombre a ese ser supremo sino a seres jamás imaginados, el temor ante la muerte colectiva y el fin de la especie acerca cada vez más al hombre a esa búsqueda de refuerzos extraterrenales para garantizar salud, sosiego, paz y vida plena.

El muy variado imaginario religioso del caraqueño, influido por las tradiciones colonizadoras, se fue formando en medio de la inminente relación de dominación y transculturación a través de un mecanismo que carea las fuerzas entre un Dios todopoderoso que reprende malas acciones, y unos santos y vírgenes muy accesibles y mediadores ante el omnipotente para garantizar protección.

A cada santo una vela

Hay muchas referencias históricas y celebradas en Venezuela acerca de la divina intercesión ante pandemias como lo hicieron San José (1783), San Roque (1833 y 1843), Santo Domingo de Guzmán (1849), San Luis Beltrán (1850) y Santa Rosalía (1850). “Asimismo (…) el papel protagónico de la Virgen de Chiquinquirá como protectora contra la epidemia de viruela de 1841”, indica Durán.

Y agrega la acuciosa en temas religiosos, Carrol Ríos, en su sitio crios@libertadyfe.org, “Existen muchos santos católicos que comprenderían perfectamente cómo nos sentimos en estos momentos”.

Santa Jacinta y Francisco Marto, dos de los hermanos que vieron aparecer a la Virgen de Fátima. Murieron a causa de la pandemia provocada por la gripe española. “Sufro mucho; pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores y para desagraviar al Corazón Inmaculado de María”, dijo Jacinta. Santa Corona o Santa Estefanía, martirizada por profesar la fe cristiana. San Roque, patrono de los enfermos y de los animales. Vivió los estragos de la Peste Negra. Santa Rosalía. “Yo, Rosalía (…) he decidido vivir en esta cueva por el amor de mi Señor Jesucristo”. San Carlos de Borromeo cambió la que pudo haber sido una vida opulenta a raíz de los bienes familiares por una vida de atención a los enfermos de peste

Se les une un poderoso combo denominado los 14 santos auxiliares, de comprobada acción contra la Peste Negra entre 1346 y 1349. Desde allí la tradición que se celebra los 8 de agosto. Ellos son San Jorge, San Acacio, San Blas, San Dionisio, San Eustaquio, San Erasmo, San Ciriaco, San Cristóbal, San Vito, San Pantaleón, Santa Bárbara, Santa Catalina de Alejandría, Santa Margarita y San Egidio, el único que no murió mártir.

De esta manera y con este reforzado equipo de fe la feligresía caraqueña y del mundo elevan su vista al cielo, como en lamento de concepción…

LUIS MARTÍN / CIUDAD CCS
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PARROQUIA ADENTRO>

El Hipódromo Nacional de El Paraíso (Parte II)

La inauguración del Hipódromo El Paraíso fue el 8 de febrero de 1908. El óvalo contaba con importantes ventajas, entre ellas su cercanía a los asiduos apostadores residentes en las barriadas populares de la ciudad, quienes hacían uso del moderno sistema de tranvías que circulaba por las adyacencias, en contraste con la hora de camino que antes tenían que recorrer hacia el Hipódromo de Sabana Grande, en algunos casos arriesgando sus vidas en el techo del Ferrocarril del Este para disfrutar del espectáculo.

El Turf, como también se le decía al hipismo, nunca fue ajeno al interés de los gobernantes, desde la presidencia del General Joaquín Crespo hasta el gobierno de Marcos Pérez Jiménez se apoyó políticamente o financieramente el espectáculo ecuestre. Sin embargo, fue el más ambicioso de ellos el general Juan Vicente Gómez, quien decidió en 1910 quedarse con la actividad, la presión oficial fue tanta que los inversionistas privados vendieron los terrenos e infraestructura al Gobierno, por lo que el hipódromo se llamó desde entonces “Hipódromo Nacional de El Paraíso”.

El terreno del hipódromo también fue utilizado como aeródromo, en septiembre de 1912 se realizó el primer vuelo en Venezuela, realizado por el estadounidense Frank Boland, quien fue aplaudido por multitudes.

En los mismos espacios se edificó el “Pabellón del Hipódromo”, local donde se reunían representantes del mundo económico y político; bailes, festejos y eventos eran anunciados en la prensa. También había opciones populares como corridas nocturnas, zoológico, carpa de luchas y kioscos de comida.

El éxito económico del hipódromo hizo que se adquirieran los terrenos adyacentes, que luego fueron insuficientes para la cantidad de actores hípicos que reclamaban sus espacios en el pujante negocio. Por esta razón, en 1953, el dictador Pérez Jiménez adquiere la Hacienda “La Rinconada”, con el propósito de construir en ella un gran hipódromo con el mismo nombre, inaugurado en 1959, el mismo año en que se realizó la última carrera en el Hipódromo Nacional de El Paraíso.

Así, los espacios del “Pabellón del Hipódromo” fueron asignados al Pedagógico de Caracas, para el funcionamiento del Liceo de Aplicación, centro educativo para entrenamiento de los nuevos docentes; en la actualidad se encuentra la U.E.N. Edoardo Crema. Los terrenos de la pista fueron destinados a la creación del parque “Naciones Unidas” en honor al organismo internacional del mismo nombre.

Julio González Chacín. Fundador †
Renny Rangel Salazar./ Gabriel Torrealba Sanoja
parroquiadentro@gmail.com